miércoles, 22 de abril de 2026

The Magic Order, de Mark Millar

The Magic Order es uno de los cómics con los que más he disfrutado en los últimos meses. A través de cinco volúmenes de seis números cada uno, Mark Millar, acompañado de artistas diferentes en cada tomo, nos cuenta la historia de una orden secreta de magos que ha jurado defender al mundo de peligros sobrenaturales y que se enfrenta a lo largo de varios años a amenazas cada vez más aterradoras.

Una premisa nada original, más bien todo lo contrario, que podría resultar en una serie aburrida y totalmente prescindible. Pero Millar sabe conjugar de manera perfecta todos los elementos que uno espera de una historia de este tipo para hacerla brillar y mantenernos enganchados a las páginas número tras número tras número. Es cierto que los personajes son un tanto unidimensionales y que de vez en cuando se recurre al deus ex machina, pero los cómics son tan endiablamente divertidos que se les perdona todo. 

Lo que más me ha gustado a lo largo de estos 30 números son las toneladas métricas de sentido de la maravilla que se destila en cada una de sus páginas: hechizos incréibles, objetos arcanos, lugares imposibles, monstruos de pesadilla, viajes en el tiempo, magos poderosísimos... Toda una oda a la fantasía urbana, con toques de fantasía oscura, que nada tiene que envidiar a algunas de mis obras literarias favoritas como The Magicians, de Lev Grossman, o la estupenda saga de Marla Mason de Tim Pratt. 

El apartado gráfico en esta serie es un tanto peculiar. Cada volúmen tiene un equipo artístico diferente. En el primer tomo, está capitaneado por un peso pesado como Olivier Coipel. El segundo, por nada menos que Stuart Immonen (de quien hablamos por aquí hace bien poco). Los siguientes, por dibujantes que eran más desconocidos para mí: Gigi Cavenago, Dike Ruan y Matteo Buffagni, respectivamente. Esta mezcla de artistas, en otras circunstancias, podría dar lugar a irregularidades, inconsistencias y altibajos. Pero en este caso, es sorprendente cómo todos ellos, aún aportando sus características particulares y distintivas, consiguen mantener un estilo coherente y uniforme (en el buen sentido de la palabra) tanto en el dibujo como en el coloreado. El resultado es una obra que es sumamente atractiva en el apartado gráfico y en la que destacan las representaciones de la magia en todas sus manifestaciones. 

The Magic Order no ganará ningún premio por su originalidad. Pero alcanza la máxima puntuación que puedo otorgar en el apartado que más me importa y que más busco en mis lecturas en esta etapa de mi vida: la diversión. Es una obra que he devorado en apenas dos o tres días. Normalmente, soy totalmente partidario de aquello de que "lo bueno si breve, dos veces bueno". Pero, en este caso, no me habría importado seguir leyendo más y más aventuras de estos magos y continuar explorando este gran universo repleto de sentido de la maravilla. Mi más alta recomendación si buscáis una lectura con mucha magia y con aún más entretenimiento.

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