jueves, 18 de febrero de 2016

Antonio Díaz reseña El cadáver que soñaba y El muerto estaba de paso, de Rodolfo Martínez

Nuestro bienamado Antonio Díaz nos deleita hoy con una reseña doble: El cadáver que soñaba y El muerto estaba de paso, las dos entregas que ha publicado hasta el momento Rodolfo Martínez en su saga Encrucijada. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Sugerimos leer esta reseña escuchando Cross Road Blues, de Robert Johnson (YouTube, Spotify).

El autor Rodolfo Martínez nos presenta con la novela corta El cadáver que soñaba un nuevo mundo en el que ambientar historias detectivescas. El autor ya es conocido por sus pastiches holmesianos como La sabiduría de los muertos, Las huellas del poeta, La boca del infierno y El heredero de nadie. Estas novelas se encuentran entre lo mejor que se ha publicado sobre el famoso detective en español.

Toda esta experiencia no hace sino demostrar que Rodolfo Martínez tiene tablas a la hora de escribir una historia de misterio. El autor es solvente en este apartado y, sobre todo, eficiente. En unas cien páginas presenta un mundo nuevo: una versión alternativa de "Roma" (llamada Urbe) en la que la República se encuentra en una fase 'pre-caída'; una religión única basada en un Dios Dual que está extendida y es aceptada por casi todos; una ciudad Encrucijada y a algunos de sus habitantes; un asesinato y su investigación. ¡Casi nada!

Esta primera novela ambientada en la ficticia ciudad de Encrucijada se inicia con la llegada del nuevo magistrado, máxima autoridad imperial del lugar, que se ocupa principalmente de dirimir disputas, llevar las cuentas y dispensar justicia. Este acontecimiento es seguido por otro mucho más estremecedor: la aparición del cadáver del aprendiz de herrero en el cenobio, que es la versión de un monasterio de la Alta Edad Media que hay en este mundo.

La prosa es compacta y Rodolfo Martínez utiliza lenguaje romano de la época con mucho acierto para ambientar pero sin exceso para no confundir. Una de las cosas que más me gustan son las nuevas expresiones de aire imperial que pergeña para este nuevo-viejo mundo de la novela. Los personajes están bien perfilados pero poco desarrollados (lo que resulta obvio por la extensión de libro). El sargento de legión Virato no es un remedo de Watson, sino que posee personalidad e ingenio propios, aún cuando suyo sea el único punto de vista de la novela y además haga las veces de compañero y ayudante de Polio, el magistrado de Encrucijada, y dueño de las dotes detectivescas que mueven la trama.

El relato es sencillo pero ingenioso. El misterio central es suficientemente atrayente como para empujarte a pasar la página y el potencial de los personajes hace que la cosa prometa. Se puede leer fácilmente de una sentada y asomarte al mundo que el autor ha construido.

Las aventuras de Polio y Virato continúan en El muerto estaba de paso. En esta novela corta el caso central es una muerte envuelta de misterio que tuvo lugar seis años antes del comienzo de la acción. Polio, como buen detective, no puede resistirse a un misterio, por antiguo que éste sea.

Uno de los principales puntos fuertes de El muerto estaba de paso es la ampliación del horizonte con la inclusión de más detalles sobre Urbe, su política y la geografía circundante a la ciudad de Encrucijada. Se agradece saber más y esta información es brindada elegantemente.

Otro punto fuerte principal es el cambio de punto de vista de Virato a Polio. El magistrado ocupa la posición central y nos metemos por primera vez en su cabeza, empezando a desvelar parte del misterio que le rodea.

Pero lo que más me ha llamado la atención es el segundo vistazo a la tecnología. Rodolfo Martínez se aleja de lo que uno esperaría de este imperio romano alternativo e introduce elementos mucho más modernos. En esta novela aparece un dispositivo que, sin el uso de electricidad, vapor ni nada por el estilo amplía imágenes. Intrigante, ¿verdad?

A pesar de lo anterior, esta segunda novela corta no me ha dejado tan buen sabor de boca como la primera. Al ahondar en la geografía y en la persona de Polio no quedan suficientes páginas para investigar el asesinato y su conclusión me parece un tanto precipitada. Además, pude ver venir el giro final con antelación y eso me estropeó la sorpresa.

Sin embargo, tras acabar la lectura, lo que más me apetece es volver a sumergirme en el mundo de Encrucijada, y eso, señores y señoras, es el gran logro de ambas novelas. Esperemos que Rodolfo Martínez siga dedicando tiempo a explorar con sus historias el destino de estos personajes.

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