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lunes, 24 de septiembre de 2018

Antonio Díaz reseña Record of a Spaceborn Few, de Becky Chambers



No cabe duda de que Antonio Díaz es uno de los mayores expertos mundiales en la obra de Becky Chambers, así que quién mejor que él para reseñar la más reciente novela de la autora estadounidense: Record of a Spaceborn Few. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Becky Chambers (¡sí, ella misma!) sugiere leer esta reseña escuchando Ghostwriter, de Rjd2 (Spotify, YouTube) 

La más reciente novela de Becky Chambers es Record of a Spaceborn Few. Es, a su vez, la tercera entrega de la serie Wayfarers, a pesar de cuyo título (que recuerda al nombre de la nave de los protagonistas de la primera entrega), no está directamente conectado con los otros libros, de los que no es precuela, intercuela ni secuela. En este caso, ningún personaje de las novelas anteriores hace su aparición, con lo que la separación puede ser incluso más radical.

Record of a Spaceborn Few está situado en la Exodus Fleet, una flota de naves espaciales, residencia de gran parte de la Humanidad, que orbita alrededor de una estrella que las otras potencias alienígenas les han entregado. Los seres humanos somos una especie menor en el juego galáctico, el equivalente a esos emigrantes sin patria que vagan sin rumbo, a los que estados más poderosos han entregado un trocito de espacio, que nadie realmente quiere, en el que vivir.

Chambers se aleja de la estructura más habitual de la space opera para pintar un lienzo con estos Exodans (los humanos espaciales). Ya han pasado varias generaciones desde que tuvieron el primer contacto con los Aeluon, que les cedieron parte de su tecnología y les permitieron sobrevivir y muchas más desde que salimos de la Tierra (un planeta que convirtieron en inhabitable). La gente sigue viviendo en esas enormes naves generacionales, en una estructura social con fuerte influencia socialista: el Estado te proporciona comida, ropa, casa y un trabajo y el dinero no existe. Sin embargo, a pesar del relativo éxito de este sistema (Chambers no se adentra demasiado en el funcionamiento de una sociedad con estas características, aunque sí que insinúa que su pervivencia se debe, en cierto modo, al apego cultural más que a la eficiencia económica) es una vida muy dura (punto que Chambers deja muy claro en el propio prólogo) y no todo el mundo se enfrenta a ella igual.

En Record of a Spaceborn Few tenemos descendientes de humanos de la Exodan Fleet que vuelven a su hogar ancestral con el objetivo de encontrar “su lugar”; jóvenes que desean salir de la flota a cualquier coste; gente incapaz de adaptarse a vivir en el espacio, constantemente al borde de una catástrofe que acabe con ellos; custodios de la cultura ancestral humana cuestionando su objeto e incluso una antropóloga alienígena viviendo entre estos “indígenas”.

Lo que no tenemos es una trama central propiamente dicha, ni aventura, ni nada de acción. Record of a Spaceborn Few es una novela pausada, que no lenta, y que intercala capítulos para mostrarnos diferentes puntos de vista de lo que supone residir en la Exodus Fleet. Un tapiz de impresiones que describe una cultura humana inexistente (en definitiva, no hemos tenido que huir de la Tierra todavía) y, a la vez, muy cercana. Creo que éste es el libro más autobiográfico de Chambers (y diría que el más intimista, pero posiblemente A Closed and Common Orbit gane en este respecto).

Ese estilo tan propio que la caracteriza sigue ahí, directo pero vibrante. Los personajes están magníficamente esbozados y empatizar con ellos resulta inevitable. Éste es, al fin y al cabo, el punto fuerte de Chambers. Sin recurrir al drama barato ni a vaivenes argumentales genera unos maravillosos momentos de comprensión, donde el lector se introduce en la piel de un personaje muy distinto a él, que vive en un entorno imposible y con el que, a pesar de ello, comparte emociones y vivencias.

Me resulta inevitable admitir que la experiencia de leer Record of a Spaceborn Few resulta distinta tras haber tenido la oportunidad de charlar con la propia Chambers (magnifica escritora, mejor persona) durante este pasado Celsius 2018. Dicho esto, me atrevo a afirmar que no es mi libro favorito (de los tres que tiene), posiblemente por esa carencia de motor central. Sin embargo, si al que lea estas líneas le gustó A Closed and Common Orbit, es muy posible que también disfrute éste, con el que comparte bastantes cosas.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Vídeo: Encuentro con Becky Chambers (Celsius 232)

El vídeo de hoy corresponde al encuentro con Becky Chambers que tuvo lugar en el pasado Festival Celsius 232. Participaron en él, además de la autora, nuestro querido colaborador Antonio Díaz y Diego García Cruz. 

¡Que lo disfrutéis!



lunes, 6 de agosto de 2018

Antonio Díaz reseña Strange Weather, de Joe Hill

Antonio Díaz nos ofrece hoy la reseña de Strange Weather, una colección de cuatro novelas cortas de Joe Hill. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Strange Weather, de Anna Calvi y David Byrne (YouTube, Spotify)

En Strange Weather, recopilación que se publicará en castellano el 17 de septiembre de este año, Joe Hill ha preparado una colección de cuatro novelas cortas: Snapshot, Loaded, Aloft y Rain. Sin duda un cambio con respecto a su último par de mastodónticos libros: NOS4A2 y Fuego.

Las cuatro novelas cortas no podrían ser más distintas. En Snapshot, un adolescente americano, Michael Fligione, encuentra a una vecina desmemoriada que dice huir del Polaroid Man. Es una historia muy en la línea del terror clásico de Stephen King, escrita en primera persona y entretenida, aunque muy predecible.

En cambio, en Loaded, Joe Hill ataca directamente la segunda enmienda americana con diversos personajes desde cuyos puntos de vista relata una tragedia en tres actos. Esta novela corta carece de cualquier elemento sobrenatural y podría pasar por una novela negra al uso.

Aloft es la más difícil de catalogar sin contar nada, pero baste decir que el protagonista, de nuevo un joven un tanto inadaptado (como Figlione), se dispone a saltar en paracaídas desde un avión con la mujer que ama en secreto, a pesar de que está total y absolutamente aterrorizado. En contraposición con Snapshot, el narrador es en tercera persona, aunque sólo tiene un punto de vista y se revelan sin pudor los más secretos pensamientos de su protagonista. El elemento sobrenatural es central a la trama (de ahí el secretismo) y es posiblemente el más interesante de los cuatro relatos (aunque reconozco que disfruté bastante con Loaded).

Por último, Rain tiene como detonante una lluvia mortífera (como nos indica en la primera línea), que cambia la vida de Honeysuckle para siempre. La protagonista de exótico nombre inicia un viaje, una búsqueda exterior para poder encontrarse a sí misma. Rain atrapa desde la primera página, y he de admitir que me lo leí prácticamente del tirón. Aunque no tiene un elemento central tan misterioso como Aloft, reconozco que me resultó más interesante el tema alrededor de la “lluvia” que le da título y comienzo

El hilo central de Strange Weather, si es que se puede decir que tenga uno, es la inclusión de un fenómeno meteorológico extremo, extraño, abiertamente sobrenatural o, por lo menos, violento y terrorífico. En Snapshot no es más que parte del escenario, mientras que en Loaded es parte de la metáfora nada sutil a favor del control de las armas. Todo el argumento de Aloft gira en torno al tiempo, mientras que en Rain da el pistoletazo de salida.

La colección posee una cierta diversidad, ya que dentro del thriller o del terror cada una de las novelas cortas lo aborda desde puntos de vista muy distintos. Sin embargo, y a pesar de ese enfoque en el “tiempo extraño”, no terminan de funcionar bien juntas. No hay ningún otro elemento de conexión del que yo me haya podido dar cuenta (ni localizaciones, ni personajes, ni elementos argumentales) y se pueden leer perfectamente en cualquier orden.

Ninguna de las cuatro es mala, pero tampoco me atrevería decir que fuese excelente tampoco. Es una buena muestra del talento de Joe Hill, que puede escribir cuatro historias bien distintas haciendo que su estilo (tan parecido y tan distinto al de su padre) sea fácilmente reconocible.

Personalmente recomendaría Horns (Cuernos) y Locke & Key a cualquiera que desee atreverse con Hill y no las haya leído ya. Si el lector de esta reseña es ya un aficionado a su obra, puede acercarse a Strange Weather con la seguridad de que encontrará una lectura sólida, amena y sin exceso de páginas.

lunes, 18 de junio de 2018

Antonio Díaz reseña The Bastard Legion: Friendly Fire, de Gavin G. Smith

Antonio Díaz sigue al pie del cañón, nunca mejor dicho, y nos trae hoy la reseña de una novela de ciencia ficción de corte bélico. Se trata de The Bastard Legion: Friendly Fire, de Gavin Smith. ¡Que la disfrutéis!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Pump Up the Jam, de Technotronic (YouTube, Spotify)


Fue casi por casualidad como acabé escuchando la versión en audio de la novela de Gavin G. Smith The Hangman’s Daughter. Ambientada en un futuro espacial, Miska Storrow tiene muchos frentes abiertos: trata de encontrar a los asesinos de su padre (al que todavía conserva en forma de IA de entrenamiento militar), tiene muchos problemas con su pasado como agente gubernamental y, ah, casi lo olvidaba, ha secuestrado una enorme nave/cárcel con 4.000 de los más despiadados criminales de la galaxia… y los quiere convertir en su ejército privado. Su propia legión. Con una sinopsis así, ¿cómo no lo iba a leer?

Friendly Fire es la continuación de esta novela. Gavin G. Smith ha leído con atención las críticas que se le hicieron a su anterior obra. Miska es un personaje muy potente, con una voz única y una personalidad arrolladora. Puede que sea la razón por la que no puedas dejar de leer, pero también puede ser el motivo porque el que dejes el libro a las tres horas. En Friendly Fire, Miska está algo más contenida. Sigue siendo la misma, pero ya no resulta tan estridente. No me parece que Smith haya sacrificado mucho girando su dial de intensidad hacia la izquierda, pero sin duda ha ganado equilibrio.

También ha reducido el número de secundarios, que en la primera novela eran tantos que resultaban quizás un poco desbordantes. Se ha centrado en algunos pocos (viejos conocidos y alguno nuevo) y los ha potenciado más, para contribuir a ese balance con Miska. Se explora más en sus circunstancias personales (a lo que ayuda la elección de escenario) y eso los hace más humanos (y a la novela la hace incluso más dura).

Lo mejor de la novela, con diferencia, es la constante explosión de acción. El lector que desee acercarse a The Bastard Legion: Friendly Fire tiene que hacerlo sabiendo que la galaxia es un lugar duro, lleno de peligros en forma de robots, mechas, tanques, armadura reforzadas, armas láser y muchas explosiones. Gavin G. Smith intercala muy sabiamente la acción con escenas de exploración de personajes, pero no deja más que unos minutos entre tiros y persecuciones. Es un blockbuster palomitero total.

Dicho esto, sería muy interesante ver una adaptación al cine de esta saga, que pienso que tendría mucho éxito con el público de Deadpool o el Escuadrón Suicida.

Estas escenas de acción están, además, mejor escritas que en la primera parte (que no es que fueran malas). Smith le ha dedicado trabajo a pulirlas y perfeccionarlas y son absorbentes y están llenas de sorpresas y giros ingeniosos.

Friendly Fire es una digna sucesora de la primera entrega, con Miska todavía debatiéndose entre su tendencia autodestructiva y la multitud de frentes abiertos con los que se ve obligada a lidiar. Al final, Smith se apresura quizá en exceso para poder atar todos los cabos. Me da la impresión de que tenía un número de palabras pactado y al escribir el borrador de la novela se había pasado demasiado. El problema es que cortando quizás haya simplificado demasiado hacia el final. No es que yo sea especialmente partidario de añadirle páginas a las novelas, pero en este caso o habría quitado un par de subtramas, o habría añadido 20-30 páginas para terminar de explorarlas, y no darles carpetazo en medio párrafo.

lunes, 11 de junio de 2018

Antonio Díaz reseña Artificial Condition, de Martha Wells

Antonio Díaz nos trae hoy una interesante reseña: Artificial Condition, de Martha Wells, la segunda novela corta en la serie Murderbot, cuya primera entrega ha ganado recientemente el premio Nebula. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Automatica, de Nigel Stanford (YouTube, Spotify)

Martha Wells continúa su serie de novelas cortas protagonizadas por Murderbot y que empezó con All Systems Red (reciente ganadora del Nébula). La leí y la disfruté enormemente como puedes ver aquí.

Artificial Condition mantiene unas características muy parecidas con la primera entrega. La narración sigue siendo en primera persona y Murderbot describe el universo que le rodea desde su particular perspectiva. Sin entrar en detalles, diremos que nuestro protagonista se embarca en una búsqueda donde encontrará todo tipo de problemas y el verdadero primer secundario de la saga: ART.

Murderbot es un SecUnit, un artefacto creado mitad con cables y placas y mitad con carne y órganos. Está dotado de una inteligencia y algo muy parecido, si no idéntico, al libre albedrío. No es completamente humano (y las emociones y el contacto con los humanos le atraen y repelen a la vez) pero tampoco es un robot. En cambio, ART es una nave de investigación interestelar que regresa a la universidad a la que pertenece después de completar un proyecto que le fue encargado. Es un robot, y también una inteligencia artificial potentísima creada para realizar complejos cálculos astronómicos.

Wells utiliza el contraste entre la cercanía de Murderbot a los humanos y la potencia intelectual de ART para explorar qué significa ser y cómo elige uno sus objetivos durante su existencia. Al igual que el monólogo interior de Murderbot en All Systems Red era ingenioso y alienígena, los diálogos entre los dos son, con diferencia, lo mejor del libro. ART y Murderbot componen una pareja unida por la casualidad, con visiones distintas que a veces chocan, pero con el deseo de hacer lo correcto a pesar de todo.

La autora no invierte demasiado tiempo en describir el universo en que se mueven los personajes, que catalogaría de bastante genérico. Artificial Condition es una novela corta de humor y acción, con una cierta dosis de reflexión y que, aunque pierde parte de la novedad que tenía la primera parte, sigue siendo tremendamente entretenida y muy recomendable.

Si te gustó la primera y piensas que te apetecería leer algo más sobre las aventuras de esta SecUnit amante de los culebrones espaciales (afición que sigue cultivando con graciosos resultados), no dudes en hacerte con esta entrega. Si esperas que la continuación te ofrezca algo distinto o más profundo, sigue caminando.

Murderbot protagonizará, en total, cuatro novelas cortas: All Systems Red, Artificial Condition, Rogue Protocol y Exit Strategy. Me da la impresión de que, al final, Martha Wells tendrá compilado una amena aventura por episodios que narrarán toda la epopeya de este curioso personaje.

lunes, 30 de abril de 2018

Antonio Díaz reseña Kings of the Wyld, de Nicholas Eames


Antonio Díaz es un enamorado de la buena fantasía y siempre está a la búsqueda de nuevos títulos de este género que se nos puedan haber pasado desapercibidos. ¿Habíais oído hablar de Kings of the Wyld, de Nicholas Eames? Pues después de esta reseña, es muy posible que la apuntéis en vuestra lista de deseos. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Kings of Metal, de Manowar, pero en la versión de Van Canto (Spotify, YouTube)

Uno de los libros de fantasía sin traducir al español que más veo mencionados en las redes sociales es Kings of the Wyld, la ópera prima de Nicholas Eames. En la novela, Gabriel (anteriormente conocido como Golden Gabe), inicia un viaje para reunir de nuevo a los miembros de su banda: Clay, Ganellon, Moog y Matrick. El motivo es que su hija, la alocada Rose, ha decidido seguir los pasos de su padre como aventurero/mercenario y ha quedado atrapada dentro de una ciudad asediada por un ejército de monstruos.

El planteamiento de la novela no es precisamente original: un grupo de aventureros o mercenarios retirados que deciden volver a juntarse para enfrentarse a la que sea, posiblemente, la hazaña más arriesgada de sus carreras. Pero recordad, ¡esta vez es personal! Sólo en obras de fantasía de los últimos años fácilmente puedo pensar en otros dos ejemplos con la misma idea de base: la magnífica The Builders, de Daniel Polansky, y la fallida pero interesante Snakewood, de Adrian Selby. Y por supuesto un sin fin de películas donde la banda/equipo/grupo se une de nuevo, como la particularmente popular saga de Ocean’s Eleven.

Eames toma esta idea inicial y nos conduce por los tropos acostumbrados: miembros que han abandonado la aventura y la violencia en favor de una existencia más tranquila, otros que han caído en desgracia, uno que siempre ha sido más afortunado que los demás y el típico miembro que nunca ha podido superar esa etapa de su vida, etc. Sin embargo y a pesar de lo que pudiera parecer, no nos encontramos ante una novela grimdark propiamente dicha. Eames huye de la moralidad gris de sus protagonistas, que son héroes por derecho propio, carecen de dobles estándares y se precian de ser los ‘buenos’. De igual manera, la mayoría de los antagonistas en Kings of the Wyld son verdaderamente malos. Eames ofrece un trasfondo a las motivaciones de estos antagonistas (alguno más verosímil que otro), pero no es lo que termina de convencer al lector, que puede apreciar un claro ‘buenos’ contra ‘malos’ o ‘héroes’ contra ‘villanos’. 

Kings of the Wyld tiene, al igual que Ocean’s Eleven, un fuerte componente de comedia. Los diálogos de los miembros de Saga (la banda mercenaria de Gabe y los demás) son divertidísimos y hay un personaje en particular que es básicamente un alivio cómico con patas. Además, Eames equipara a los grupos de aventureros de su mundo con las bandas de rock and roll, comparación acertada y, a la vez, hilarante. Los viejos miembros de Saga ven como las nuevas bandas se disfrazan de forma temática para crear una ‘marca’, incluyendo tinte para el pelo, maquillaje y atuendos y nombres ridículos. Gabe, Clay y los demás son una banda ‘a la vieja usanza’, cuando las cosas eran mejores, los ‘trabajitos’ (‘gigs’ en el original) eran más honestos y no había que disfrazarse y pintarse como una puerta para destacar. Entiendo que la novela posiblemente tenga muchas referencias a grupos de música rock, pero personalmente no he cazado ni una sola.

Kings of the Wyld tiene muchos puntos fuertes, y particularmente los personajes son uno de ellos. Eames ha pasado bastante tiempo creando voces características para sus protagonistas y los miembros de su banda son distintos e interesantes. Cada uno tiene sus motivos para estar donde está y se han visto afectados por su pasado. Los antagonistas, particularmente Jain y Larkspur, son de los personajes más interesantes de la novela e incluso los más despreciables, como Kallorek, están bien definidos y tratados.

Hasta cierto punto y por lo que había ido leyendo por ahí, me esperaba una novela gamberra y entretenida, con un buen plantel de personajes. Lo que no me esperaba es un proceso de creación de mundos tan crítico con la fantasía más clásica. Está muy de moda últimamente la fantasía baja (o low fantasy), en la que existe poca o ninguna magia, la raza humana es la única inteligente (con escasas excepciones), y los peligros tienen una naturaleza más mundana. La Primera Ley, Canción de Hielo y Fuego o Those Above y Those Below son grandes ejemplos de literatura fantástica moderna donde todo lo anterior es cierto. El universo de Kings of the Wyld está, en cambio, lleno a rebosar de magia. No sólo los magos existen (por lo que Eames apunta, al menos de varios tipos), sino que hay monstruos y criaturas fantásticas a tutiplén. El parecido se puede establecer mejor con Reinos Olvidados (u otros mundos de Dungeons & Dragons) que con Juego de Tronos. Eames claramente ha leído y releído más de un bestiario y ha plagado las tierras con multitud de peligros de naturaleza sobrenatural. 

De hecho, la creación y objetivo principal de las bandas es defender los asentamientos humanos de estas criaturas e ir expulsándolas y exterminándolas. Aquí se plantea otro de los grandes temas subyacentes de la novela: las criaturas no humanas. Eames propone en Kings of the Wyld un interesante dilema sobre los derechos de los que carecen criaturas distintas de las razas consideradas inteligentes (que son la humana y pocas más). Kobolds, goblins, gorgonas y otros seres pueden llegar a vivir en ciudades humanas, pero con un estatus poco por encima de esclavos. ¿Es esto justo? He de reconocer que no es algo que haya visto planteado demasiado en las novelas de fantasía (a bote pronto estaba recordando Vencer al dragón e Historias de Terramar, pero esos derechos se limitan principalmente a los dragones y no a su integración en la sociedad humana, sino simplemente en su derecho a la vida). Eames engloba no sólo a las razas inteligentes, sino a lo que clásicamente se han considerado monstruos, que no es más que una denominación discriminatoria de ‘animales’ o incluso simplemente ‘seres’. ¿No tiene derechos una serpiente? ¿O un tiburón, por peligroso que sea? Sobre todo cuando es el ser humano el que invade su hábitat, destruye su modo de vida y, si puede, acaba con su existencia.

Dicho esto, el libro sí que tiene algunos rasgos característicos de esta corriente grimdark: un mundo crudo y algo más realista que se aleja de los tópicos de la fantasía clásica y una sociedad falible y en la que no se puede confiar. Durante el tiempo desde que se disolvió Saga hasta el comienzo de la novela, no todo ha ido bien para los personajes. La vida es dura y siempre encuentra la manera de decepcionarte.

Kings of the Wyld es totalmente autoconclusivo y cuenta una historia que queda bastante atada de principio a fin. Aunque ya está anunciada Bloody Rose, esta segunda novela, ambientada en el mismo mundo, tiene otros personajes que serán los protagonistas y compartirá algunos secundarios. Posiblemente sea recomendable leer Kings of the Wyld para poder disfruar de Bloody Rose, pero si cuando termines la lectura de la primera no te apetece continuar, no te va a dar la sensación de que te has quedado a medias.

Yo ya he marcado el 10 de julio en mi calendario y me haré con una copia de Bloody Rose a su salida (aunque como el Celsius 232 empieza ese mismo 10 de julio, y ésa sí que es una cita ineludible, la novela de Nicholas Eames tendrá que esperar algunos días).

lunes, 23 de abril de 2018

Antonio Díaz reseña Only Human, de Sylvain Neuvel



Dice el refrán que no hay dos sin tres y por eso hoy Antonio Díaz nos trae la reseña de Only Human, la conclusión de la trilogía de Sylvain Neuvel que se inició con Sleeping Giants. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Bataille Decisive, de la banda sonora de Evangelion (Spotify, YouTube).

Only Human es la tercera (y última) parte de la saga The Themis Files, iniciada por Sleeping Giants y continuada por Waking Gods, que reseñé aquí y aquí.

Sylvain Neuvel nos devuelve al universo de las novelas anteriores pero esta vez unos años en el futuro. Es muy difícil hablar de esta novela sin desvelar ningún aspecto de la trama que afecte a las entregas anteriores, pero lo intentaré con ahínco.

El sistema epistolar que se ha convertido en el sello diferenciador de esta saga continúa en Only Human… pero ya no funciona como en las entregas anteriores. Quizá es el cambio de narrador único a una variedad de narradores, pero aunque tiene algunos pasajes geniales (particularmente hay una disquisición sobre la naturaleza del lenguaje que me ha parecido excelente), Neuvel ha estirado demasiado el chicle.

Desgraciadamente esa sensación de “chicle demasiado estirado” se extiende no sólo a la naturaleza epistolar de la novela, sino también a la trama. Si Sleeping Giants terminaba con un cliffhanger de impresión, Waking Gods te deja también con el corazón en un puño. El comienzo de Only Human es prometedor, pero mientras te van revelando las claves de la trilogía (como la naturaleza y el origen de los artefactos que la protagonizan), el ánimo se va desinflando. Finalmente ha ocurrido lo que me temía con la primera entrega: la explicación no es tan maravillosa como el misterio. Me parece que Neuvel ata todos los cabos que fue dejando, pero de forma inverosímil.

La mejor parte de la novela es la especulación sobre lo que ocurre con el mundo años después de los acontecimientos que se narran en Sleeping Giants. El planeta Tierra ya no es exactamente como lo conocemos. Ha habido cambios sociopolíticos que han afectado terriblemente al desarrollo de la raza humana y la organización estatal, cultural y social. Neuvel escribe una novela más oscura que las anteriores (que no es que confiaran ciegamente en la inherente bondad humana) pero que a su vez tiene sentido.

En los personajes es donde reside, pues, el principal fallo. Para conseguir llegar a la meta que se ha marcado, Neuvel se ve obligado a forzar a sus personajes a realizar ciertas acciones, en mi humilde opinión, que muchas veces van en contra de su naturaleza o del sentido común. Es éste el principal fallo que le he encontrado a una novela que, por otro lado, sigue siendo entretenida y se deja leer. Las voces de los personajes son claras y diferenciadas. Neuvel sigue definiendo a sus personajes por medio del diálogo con gran habilidad (recordemos que es un libro que no contiene descripciones propiamente dichas).

Como el lector de esta reseña puede apreciar, existe una contradicción en Only Human. Mientras que la evolución de la sociedad humana está bien ilustrada y explicada (por deprimente que sea), las claves de los misterios de la novela me han resultado un tanto increíbles, así como los comportamientos de algunos personajes directamente inverosímiles.

Todas las entregas de The Themis Files poseen un humor fino, presente especialmente en algunos de los personajes, que se sigue destilando en Only Human. La novela posee algunos pasajes francamente divertidos, aunque no la consideraría una novela de humor per se.

Si el que lea esta reseña terminó Waking Gods y tiene ganas de saber cómo concluye la historia, le valdrá la pena echar un vistazo a Only Human y sacarse la espinita clavada. Sin embargo, si quedó satisfecho o ahíto con la mera lectura de la primera o segunda parte de esta trilogía, que tampoco piense que el vuelo remonta al final, sino que continúa en un suave descenso.

lunes, 9 de abril de 2018

Antonio Díaz reseña El Cirujano, de Carlos Pérez Casas

¿Os gustan las novelas cortas? Pues Antonio Díaz nos trae hoy la reseña de una novela corta de ciencia ficción: El Cirujano, de Carlos Pérez Casas. ¡Que lo disfrutéis!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Back In Time, de Immortality (Spotify, YouTube) 

La novela corta está resultando ser para mí el formato ideal para conocer nuevos autores.  En este mundo acelerado en el que nos encontramos no parece que tengamos tiempo de nada, y resulta mucho más fácil “arriesgarte” con un nuevo autor cuando sólo estás invirtiendo un rato en una obra de menos de cien páginas en lugar de varias semanas en un mamotreto. Además, ahora que estamos viviendo un renacer de la novela corta tanto en España como en el mercado anglosajón, incluso los que no las leíamos antes tenemos catálogo de sobra de donde elegir.

El Cirujano, de Carlos Pérez Casas, es un magnífico ejemplo de esto mismo. Aunque sigo su blog, nunca había leído nada suyo (y es que tengo por ahí El alguacil). Cuando anunció que publicaba El Cirujano, una novela corta de ciencia ficción ambientada en un futuro muy cercano, la sinopsis tipo thriller captó mi atención.

La obra comienza in medias res, con el protagonista, Gilberto, siendo testigo del atropellamiento del hombre más famoso del mundo: El Cirujano. Pérez Casas comienza dejándote un tanto descolocado (el efecto de empezar una novela al final de una persecución, en lugar de al principio). Sin embargo, el lector se sitúa rápidamente y sigue a Gilberto en su frenética carrera por la Zaragoza del futuro.

El tratamiento de los personajes es muy correcto y Pérez Casas consigue esbozarlos claramente a pesar del poco tiempo que le puede dedicar a cada uno. Supongo que parte del secreto es que no hay demasiados personajes (cuando te mueves tan rápidamente no estás para ir por ahí haciendo amigos). El monólogo interior de Gilberto es, posiblemente, lo que está mejor conseguido.

Lo más interesante de El Cirujano es el mundo que Pérez Casas crea a partir del descubrimiento del secreto de la inmortalidad. Muy en la línea de La estrella de Pandora, de Hamilton, ahora la gente ya no tiene que morir y puede vivir eternamente (siempre que pueda permitírselo). Sin embargo, las corporaciones luchan entre ellas para hacerse con el proceso que permite a una persona seguir viviendo, que es un tema que Hamilton no toca.

Aunque el ritmo de la novela corta está bastante bien llevado, la principal pega que le encuentro son los infodumps. La acción se paraliza en ocasiones para dejar espacio a una explicación sobre los cambios que ha sufrido el mundo o sobre tal o cual mejora tecnológica. Aunque inevitablemente el autor tiene que explicar el trasfondo de su obra, en este caso se ven demasiado los andamiajes.

A modo de conclusión, es una obra bien escrita, amena y con un ritmo relativamente ligero. Me ha servido para considerar a Carlos Pérez Casas como un autor interesante y estaré pendiente de lo próximo que publique.

jueves, 1 de marzo de 2018

Antonio Díaz reseña Beneath the Sugar Sky, de Seanan McGuire


Después de habernos hablado la semana pasada de Every Heart a Doorway, Antonio Díaz nos trae hoy la reseña de otra novela corta de Seanan McGuire situada en el mismo universo: Beneath the Sugar Sky. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Beneath a Phrygian Sky, de Loreena McKennitt (Spotify, YouTube)

Beneath the Sugar Sky, de Seanan McGuire, es la tercera entrega de la serie Wayward Children y continúa cierto tiempo después de donde lo dejó la primera entrega, Every Heart a Doorway. 

Se recuperan algunos de los personajes de la primera entrega y se introducen otros nuevos. Los personajes que repiten están bien seleccionados de entre el elenco de Every Heart a Doorway y la autora nos trae a algunos de los más interesantes. El fuerte de la serie de McGuire son los fantásticos mundos que ha ideado, a través de los cuales presenta unos personajes atormentados en mayor o menor medida y todos ellos muy convincentes. Sin embargo, los nuevos personajes que presenta, a excepción de Rini, no consiguen resultar tan redondos como los originales. Particularmente hay uno que se debate con su figura y la percepción que los demás tienen de él que me ha resultado un tanto cansino.

El argumento central, aunque con un planteamiento inicial interesante, termina siendo una historia de gesta heroica más bien clasicota, sin salirse especialmente del sendero marcado. Tras cierta reflexión, entiendo que el principal problema es que palidece en comparación con la originalidad de los argumentos de las entregas anteriores.

La prosa de McGuire también es más sencilla, pone mucho más esfuerzo en el fondo que en la forma (en contraposición clara con Down Among the Sticks and Bones) y se parece un tanto más a la original Every Heart a Doorway. Sin embargo, y sin releer la primera entrega, la recuerdo más trabajada que ésta. 

El punto fuerte de Beneath the Sugar Sky es, sin lugar a dudas, la profundización que realiza McGuire en el worldbuilding. Cuando leí Every Heart a Doorway ya me pareció que el mash-up metaficcional era la repera. ¿Cómo puede ser que nadie hubiera pensado en un colegio para niños que han cruzado a otros mundos y han vuelto? McGuire no sólo lo imagina, sino que establece una sutil metáfora con los mundos que visitan y diferentes problemas de identidad y adaptación de los jóvenes. En Beneath the Sugar Sky, McGuire nos sorprende con una teoría ampliada sobre la aparición de las puertas y qué características pueden tener los elegidos. También habla sobre cómo pueden crearse y modificarse esos mundos (o al menos uno de ellos).

Aunque no es la mejor de las tres, sólo por lo que empieza a revelar a mí ya me tiene vendidas las dos siguientes entregas, anunciadas esta semana: In an Absent Dream y Come Tumbling Down. Es una pena que Daryl Gregory no haya continuado We are All Completely Fine con una secuela para poder hacer la comparativa definitiva.

lunes, 19 de febrero de 2018

Antonio Díaz reseña We Are All Completely Fine, de Daryl Gregory, y Every Heart a Doorway, de Seanan McGuire

Antonio Díaz inaugura la nueva era de Sense of Wonder con una reseña doble: We Are All Completely Fine, de Daryl Gregory, y Every Heart a Doorway, de Seanan McGuire, dos novelas cortas entre las que ha encontrado algunas similitudes interesantes. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando We Are All a Mighty Fine Mess, de B&E (Spotify)

De un tiempo a esta parte leo más y más novelas cortas. Ciertamente antes no leía casi ninguna, pero entre mi salto al inglés y la campaña de Tor.com se están convirtiendo en una parte integral de mi rutina lectora. Además, esta moda de novelas cortas se está extendiendo (espero que con éxito) al mercado nacional, y hay varias editoriales que se han sumado al carro en mayor o menor medida.

Las novellas tienen la ventaja de que los autores pueden arriesgarse más con planteamientos más extremos o ideas que quizá no funcionarían en un formato largo. Por ejemplo protagonistas inusuales, mezclas de géneros o experimentos narrativos, etc. En resumen, son un buen añadido para el lector habitual de novela larga. Hoy traigo una especie de reseña comparada entre dos obras:

We Are All Completely Fine es una novela corta escrita por Daryl Gregory protagonizada por un grupo de terapia para supervivientes de eventos sobrenaturales. Los protagonistas han sido víctimas directas de diferentes accidentes, casualidades y ataques en los que siempre hay un poderoso factor sobrenatural. Estos eventos van desde casos con clara inspiración lovecraftiana a ataques de asesinos rituales. Marcados y heridos física y emocionalmente, los supervivientes se reúnen en terapia para tratar de lidiar con los eventos traumáticos que han vivido y las secuelas que les han dejado.

En Every Heart a Doorway, de Seanan McGuire, la Tierra está conectada con multitud de mundos o realidades distintas. Esas conexiones, en forma de puertas o entradas, aparecen inexplicablemente delante de niños de diferentes edades (que las cruzan) y luego se cierran sin dejar rastro. A veces no se vuelve a saber de esos niños, pero otras veces vuelven... cambiados. Para los niños que tienen problemas para adaptarse de nuevo al mundo “real” existe un lugar llamado “Eleanor's Home for Wayward Children”, donde los afligidos familiares pueden llevar a estos jóvenes para que sean “tratados”.

En ambas novellas nos encontramos ante un recurso parecido, el mashup metaficcional. Los autores escogen dos temas dispares y los mezclan para dar lugar a algo nuevo. Gregory escoge a los grupos de autoayuda y los ataques sobrenaturales (tan propios de los relatos y películas de terror) mientras que McGuire escoge las clásicas historias de fantasía de otros mundos (como Narnia, Fillory, los mundos de las Crónicas de Ámbar, Alicia en el País de las Maravillas, etc.) y una escuela para niños “especiales”.

Tanto el uno como el otro han construido sus novellas en base a tropos conocidos y muy usados con el objetivo de ir un paso más allá. Confían en el conocimiento que los lectores ya tienen sobre los temas que tratan para pasar de puntillas respecto a la mayoría de las explicaciones. Quizás McGuire es un tanto más expositiva, pero también es verdad que su trabajo de crear un trasfondo es más intenso. Resulta más complejo crear varios mundos completos (con sus reglas, folclore y sociedades internas), que referenciar argumentos de películas de terror. Sin embargo, ambos prueban la fórmula con un notable éxito. Las novellas comienzan en una suerte de in media res. Los personajes tienen un pasado (traumático) y la historia comienza con todos reunidos, (en We Are All Completely Fine, literalmente) hablando de sus diferentes experiencias.

De este modo, para poder aprovechar al máximo estas ideas tan ingeniosas, McGuire y Gregory presentan varios personajes cada uno. Siempre hay una especie de protagonista (nunca demasiado claro), pero el narrador presta atención a todos los personajes intervinientes.

La mezcla de fantasía y terror en un escenario urbano funciona muy bien en ambas obras. Lo que les ha pasado a los personajes (tanto a los niños que cruzan las puertas como a las víctimas de sucesos sobrenaturales) es imposible. Nadie les cree y se encuentran confusos y desvalidos. Prácticamente ninguno acepta su situación actual; algunos luchan por superarla, otros, por olvidarla otros; casi todos por revivirla o regresar a ella, por devastadora que fuera. Hay un estudio profundo sobre el “no encajar” en las obras de Gregory y McGuire. Esta última, particularmente, presta mucha atención al desarrollo de la personalidad y la necesidad de cada uno de definirse y encontrarse a sí mismo. Gregory se centra más en la depresión, la superación y la fuerza que tiene tener a otros cerca de ti que te comprendan y te ayuden cuando tú estés listo para recibir esa ayuda.

Estoy convencido de que no soy el primero que ha leído ambas obras y ha visto varios hilos que las unen, pero sinceramente pienso que son un gran complemento la una de la otra.

Every Heart a Doorway es la primera de tres novellas: Down Among the Sticks and Bones (una suerte de examen de dos de los personajes) y Beneath the Sugar Sky (continuación más o menos directa de la primera novela corta). 

We Are All Completely Fine tiene una precuela, titulada Harrison Squared, centrada en los orígenes del personaje que le da nombre. Harrison Squared es un poco larga para ser novela corta, aunque no sé si lo suficiente para ser  novela.

Incluso Harrison Squared y Down Among the Sticks and Bones tienen similitudes. Ambos autores aprovechan la oportunidad para centrarse más profundamente en uno o dos de los personajes más interesantes de las obras originales. La novella de McGuire es mucho más poética y conduce al lector por un viaje de autodescubrimiento arrebatador. Me parece superior incluso que la obra original, gracias a la prosa de la autora, que pinta un escenario sugerente, atractivo y casi onírico en algunos casos. Gregory toma un camino más convencional, acercándose a un estilo de novela de detective sobrenatural más clásica y que yo consideraría directamente YA.

Ahora que Every Heart a Doorway va a salir en castellano, siempre es un buen momento para vincularla a otras obras parecidas para aquellos que os hayáis animado con ella tengáis información para decidir por donde seguir si os apetece leer más sobre el tema.

jueves, 11 de enero de 2018

Antonio Díaz reseña Winterglass, de Benjanun Sriduangkaew

Antonio Díaz nos trae, una vez más, una interesantísima reseña. Se trata de Winterglass, una novela corta de Benjanun Sriduangkaew. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Journey of the Angels, de Enya (Spotify, YouTube)

Winterglass es el segundo trabajo de Benjanun Sriduangkaew que leo, tras “Puente Silencioso, Cascada Pálida” en la web de Cuentos para Algernon, traducido por la siempre sorprendente Marcheto. Os podéis hacer un favor ahora mismo e ir allí para echarle un vistazo. Winterglass cuenta la historia de Nuawa, una mujer que se gana la vida como luchadora (a veces, gladiadora, a veces cazarrecompensas) en la capital de Sirapirat. Nuawa es hija de unas insurgentes anti-imperialistas, y en su corazón arde el deseo de acabar con la Winter Queen, que conquistó Sirapirat y la ha sumido inexorablemente en un invierno eterno.

Ambas obras de Sriduangkaew tienen en común la intrincada prosa, repleta de poesía y figuras retóricas del pensamiento. En esta novela corta, la autora de ascendencia tailandesa nos sumerge en un mundo al que apenas dedica espacio pero del que cuenta muchas cosas. Claramente Sriduangkaew tomó buena nota de la lección aquella del ‘show, don’t tell’ y la lleva hasta la máxima expresión en Winterglass. Aunque la propia autora lo define como ciencia ficción, personalmente pienso que un mundo en el que los avances tecnológicos no están basados en ninguna de las categorías listadas en el punkpunk (ni siquiera en las más locas), sino nada más y nada menos que en fantasmas, suena más a magia que otra cosa. Soy consciente de la famosa Tercera Ley de Clarke pero, seamos serios, ¡calientan el agua para bañarse con puñeteros fantasmas! Aunque pueda resultar un tanto ridículo, si uno parte de la premisa de que se puede utilizar la energía espiritual para generar energía real (comparable a quemar carbón o calentar agua, aunque con sus propias particularidades, como cabe de esperar), Sriduangkaew hace una gran labor creando una sociedad que produce, recauda y transforma almas de seres vivos para convertirlas en combustible. Sólo esta idea ya da para una novela entera ella sola.

Winterglass también introduce otro concepto fuertemente fantástico que da nombre a la novela corta: los fragmentos de cristal. Según cuenta la leyenda, hay gente que posee en su interior ‘fragmentos de cristal’ que les hacen ser codiciados por la propia Winter Queen y, quizás, tener capacidades especiales. La otra protagonista de la novela, la general Lussadh, mano derecha de la Winter Queen y traidora a su patria, tiene uno de esos fragmentos en su corazón.

La novela corta alterna el punto de vista de Nuawa, en el que se nos cuenta cómo se prepara para competir en un torneo mortal para acercarse a la Winter Queen; y el de Lussadh, enviada por la reina a Sirapirat para traerle al ganador de dicho torneo. Por supuesto, los caminos de ambas se cruzan y dan lugar a las mejores escenas del libro. Los sentimientos de ambas y las cosas que llegan a hacer como resultado de sus encuentros me mantuvieron pegado a la página. Sriduangkaew dice mucho con muy poco: miradas, gestos mínimos o simplemente suposiciones sobre las acciones de la otra dan lugar a interesantes interpretaciones por los personajes.

Winterglass tiene varias escenas de acción narradas muy correctamente, pero las partes más interesantes son aquellas en las que el lector trata de adivinar qué camino escogerá cada una de las protagonistas.

Sin embargo, el final me dejó absolutamente insatisfecho. Me da la impresión de que Sriduangkaew termina la obra sin concluir la historia, dejándonos en un final congelado (pun intended). Estuve investigando si era la primera parte de una saga, pero parece que no es así y que la historia está completa. La verdad es que ya ha pasado algo de tiempo desde que la leí y estoy un poco más en paz con ese final. Si alguien se anima a leerla que me deje su opinión en los comentarios (o que no dude en contactar conmigo por Twitter). Ahora bien, Sriguangkaew entra en la lista de autores a los que seguir la pista. Posiblemente debería hacerle caso a Odo y leerme alguno más de sus relatos cortos. Después de todo no hay tanta gente que pueda entrar en su lista autores de relatos ni que haya tenido el placer de ser entrevistada por él, ¡y por Leticia Lara también!

viernes, 29 de diciembre de 2017

Antonio Díaz reseña Sea of Rust, de C. Robert Cargill

Antonio Díaz, siempre atentísimo a las novedades interesantes, nos trae hoy la reseña de uno de los libros de los que más se está hablando en los últimos meses: Sea of Rust, de C. Robert Cargill. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando New Heights in El Machino, de El Huervo, de la banda sonora del juego SteamWorld Dig 2 (YouTube)

C. Robert Cargill es un tejano que ha trabajado como reseñador en Ain’t It Cool, guionista de la película de terror Sinister y la superheroica Doctor Extraño y finalmente autor de dos novelas de fantasía urbana (Dreams and Shadows, publicado en castellano como Sueños y Sombras por Runas, y Queen of the Dark Things) ambientadas en la ciudad de Austin, donde reside. Se estrena en la ciencia ficción con Sea of Rust, una novela protagonizada por Brittle, un robot modelo Caregiver (una especie de auxiliar de enfermería o cuidador) que hace lo que puede para sobrevivir en un mundo postapocalíptico donde los humanos han desaparecido tras, ¡la robolución!

Sea of Rust está estructurada en dos líneas argumentales con capítulos intercalados. En una, Brittle narra su presente como merodeadora y habitante del Sea of Rust, una extensión de terreno baldía donde antes se encontraba el “rust belt” estadounidense. En la otra, se relata el inicio de las IAs y el declive y desaparición de la raza humana. No puedo sino destacar la pericia de Cargill para intercalar escenas de tensión y acción (en la línea presente) con infodumps y otras explicaciones (en la línea pasada). Hay un delicado equilibrio para mantener el interés del lector cuando se está en una persecución o en un combate y aparecen, de repente, varias páginas sobre la evolución de las leyes sobre la personalidad jurídica de los robots.

Cargill dibuja su futuro como un robo-western, corriente que está ganando adeptos por la facilidad en la que pueden mezclarse robots y mitología del oeste americano. Hay incluso varios personajes que parecen sacados directamente de los videojuegos Steamworld Dig o Steamworld Heist. Hay fanáticos de la antigua confederación americana, médicos huraños pero honestos, mercaderes de dudosa reputación, chicas de compañía, pistoleros rivales, y locos, locos y muchos más locos. Un tema que cobra mucha importancia en Sea of Rust es la ‘locura robótica’. Los habitantes artificiales del mundo de Cargill están constantemente en la búsqueda de partes, piezas y reemplazos que sean compatibles con ellos mismos, para poder ir sustituyendo las que se dañan o estropean. La obsolescencia, programada o no, es la principal motivación de los robots y define los modos de vida para muchos ellos. El problema de no sustituir una pieza a tiempo no es sólo que se te bloquee un brazo por carecer de un servo, sino la corrupción de tu memoria por el desgaste de tus discos, el procesado inadecuado de datos por errores en la RAM o incluso el sobrecalentamiento por un golpe en tu núcleo. Todos estos problemas hunden al robot lentamente en la locura, convirtiéndose en algo peligroso para él mismo y para los demás. Los robots que no encuentran piezas y empiezan a sufrir alucinaciones y enloquecer se les denomina ‘404’ y son expulsados al exterior de las ciudades y asentamientos.

Por lo anterior, los personajes de Sea of Rust tienen personalidades muy poderosas y definidas, muy en contraste con lo que uno esperaría de un robot (frío, calculador, metódico). Comentando este punto con mi buena amiga Leti Lara, de Fantástica Ficción, apuntó que no se le ocurría ninguna obra que tuviera un protagonista robot y no tuviera sentimientos, porque sería muy difícil (por no decir imposible) que el lector se identificara con él. La verdad es que lo estuve pensando un rato y no se me ocurrió ninguna para poder llevarle la contraria. En cualquier caso, no me parece mal en absoluto que las IAs de Cargill tengan sentimientos (podrían haber sido programadas así), y desde luego hace que te involucres mucho más en la lucha de la protagonista.

El estilo de Cargill en esta novela es muy preciso, y he de agradecerle que no se deleitase especialmente con las escenas de alucinaciones (que, con las oníricas, son lo que menos me suelen gustar de una novela). Las continuas reflexiones de Brittle sobre su naturaleza robótica, sobre las causas y los efectos de la desaparición de la raza humana y sus sentimientos sobre los otros robots que pueblan el Sea of Rust son de lo mejor del libro. Brittle es un personaje potente, con una voz clara y definida y llena de amargura y resignación por la vida que le ha tocado vivir.

No hay muchas pegas que pueda ponerle a esta novela (quizás que el final no me ha terminado de convencer, pero soy difícil de satisfacer en ese aspecto), pero sí que hay muchas cosas buenas que decir. Es un título que espero se traiga a España, porque es un punto de vista relativamente innovador en un aspecto del género trillado (la rebelión de las máquinas) y es emocionante y entretenido. Cargill entra de lleno en mi lista de autores a seguir y quiero ver con qué nos sorprende en la próxima ocasión.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Antonio Díaz reseña The Wrong Stars, de Tim Pratt

Antonio Díaz nos trae hoy su reseña de The Wrong Stars, la space opera de Tim Pratt, un libro que parece no estar a la altura de las expectativas que había creado. ¿Qué opinará Antonio? ¡Seguid leyendo para averiguarlo!

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Life Among the Distant Stars, compuesta por Murray Gold para la banda sonora de Doctor Who (Spotify, YouTube)

Tim Pratt es un autor al que le he dedicado mucho tiempo durante el último par de años. He leído decenas de sus relatos y escuchado más de medio centenar (reseñados en su mayoría aquí, aquí y aquí). También he disfrutado de las cuatro primeras novelas de la saga de Marla Mason y de la precuela Bone Shop. Pratt trabaja eminentemente la fantasía, pero es común ver trazos de terror en algunos de sus relatos (hay un par que resultan muy inquietantes) y tiene alguna obra suelta en el campo de la ciencia ficción. Esta división se extiende a sus novelas, que son todas de fantasía con algunos elementos de terror. Sin embargo, Pratt ha decidido aventurarse en la ciencia ficción en formato largo con The Wrong Stars.

Esta novela, primera entrega de una trilogía, tiene lugar en un futuro donde la humanidad empezaba a dar sus primeros pasos fuera del planeta precisamente cuando tiene un encuentro con una especie alienígena. El desarrollo de la humanidad y su relación con esta especie, acertadamente llamada Liars (‘mentirosos’), es, sin lugar a dudas, lo mejor del libro.

Los protagonistas son los tripulantes de la White Raven, una nave mitad correo rápido y mitad sheriff del espacio, que trabaja para una de las potencias del cinturón de asteroides. Ya en el primer capítulo se encuentran con una nave goldilocks abandonada. Estas goldilocks salieron de la tierra 500 años antes (antes incluso del encuentro con los Liars) para colonizar nuevos planetas a modo de nave generacional. Allí encuentran a Elena, una tripulante en animación suspendida, y también el germen del desarrollo de la novela.

Pratt utiliza el recurso de The Watson con Elena para poder explayarse a gusto sobre el rico worldbuilding que ha creado. Este recurso es, en mi opinión, algo mejor que simplemente poblar la novela de áridos infodumps, pero el problema en este caso es la excesiva obviedad. El papel de Mr. Exposition se alterna entre Callie (la capitana) y Shall (la IA de la White Raven). Sin embargo, en todo momento sabes que lo que estás viendo es un Instructional Dialogue y ese conocimiento te saca de la lectura.

Y ése es precisamente el principal problema de The Wrong Stars: se le ven los andamiajes a la novela en todo momento. Es como si fueras a ver un edificio y estuviera a medio terminar, con lo que tienes una parte pintada, otra con el ladrillo al descubierto, otra con sólo las vigas, un trozo terminado con todo el mobiliario y así. En todo momento pueden verse a los albañiles, al encofrador, carpinteros, electricistas, un fontanero con cara de estar perdido, dos aparejadores gritándose el uno al otro y un arquitecto con un plano a medio dibujar. Que se le vea un poco el plumero al autor es algo que puede ocurrir (sobre todo al lector más veterano) y se puede perdonar achacándoselo más a la agudeza propia que a la falta de pericia del escritor. Pero, y lamento mucho decirlo, a Pratt se le ve el plumero y el equipo de limpieza entero a cada página. Los personajes tienen roles muy definidos de los que no se separan. La variedad está muy estudiada (tanto fisiológica como psicológica, de orientación sexual, religión o cualquier otro tipo). Los diálogos, aunque ágiles, responden en todo momento a un propósito evidente (presentación, infodump, arco argumental, etc). Pratt parece haber escrito The Wrong Stars con una lista y ticando recuadros comprobando que lo tenía todo. No da la impresión de que sea natural, como consigue, sin embargo, Becky Chambers en The Long Way to a Small, Angry Planet.

Los giros de la novela no terminan de sorprender, lo que es el golpe más duro, porque estoy convencido de que en la mente del autor son su arma más potente. Además, es una pena que cree un worldbuilding tan interesante para no aprovecharlo tanto como podría haberlo hecho. Yo habría optado por un desarrollo más pausado (en definitiva, estamos hablando de una trilogía), para poder disfrutar más de la inteligente relación entre los Liars y los humanos y dibujar con mayor precisión el entramado de poder y relaciones en los diferentes sistemas solares.

Dejando este problema de planificación/ejecución, Pratt sigue haciendo gala de un estilo de escritura depurado, con diálogos ingeniosos y mucho humor. Su prosa es más directa y con menos floritura (incluso que en las novelas de Marla), pero eso también ayuda a hacer la novela tremendamente dinámica. Leí The Wrong Stars en tan sólo unos días (aunque la novela son 396 páginas), lo que habla bien sobre su índice pasapaginístico.

Estoy en duda sobre si seguiré con la continuación de la trilogía. Por un lado, Pratt se ha ventilado la primera parte un tanto rápido, pero lo deja todo preparado para un desarrollo que promete ser interesante. Por otro lado, esos misterios se pueden ver nublados por unos personajes que no me acaban de convencer (todo el mundo en la novela tiene su escena para explicarte quién es de una forma bastante obvia y unos arcos forzados y a trompicones) y un universo que ha perdido gran parte de su encanto. Seguiré con las historias cortas de su Patreon y quiero animarme a leerme The Nex o Heirs of Grace. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Antonio Díaz reseña Dogs of War, de Adrian Tchaikovsky

¡Duelo de reseñas! Hace unos días publicábamos la reseña de Borja Bilbao de Dogs of War, la nueva novela de Adrian Tchaikovsky, y Antonio Díaz no ha querido quedarse con las ganas de expresar su opinión. Así que lo tenemos hoy ofreciendo también su visión de esta obra. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Antonio sugiere leer esta reseña escuchando Dogs of War, de Blues Saraceno (YouTube, Google Play Music).

Adrian Tchaikovsky es un autor que entró en mi radar en 2014 cuando visitó Avilés para la tercera edición del festival Celsius 232. Recuerdo que cuando se publicó la noticia de que asistiría, junto con el comentario de que no se había traducido ninguna obra suya al español, me picó la curiosidad. En aquella época yo vivía en el Reino Unido y estaba aficionándome a comprar y leer en inglés. Me hice con un ejemplar de Empire in Black and Gold, la primera entrega de su decalogía Shadow of the Apt, y con un poco de esfuerzo, todavía estaba empezando a con los libros en inglés, me la leí. A pesar de su condición de opera prima, apunta maneras de lo que luego caracterizaría el estilo del autor. No hace falta decir que hice cola para que me firmase el libro con una sonrisa de oreja a oreja (soy un poco mitómano con los autores) y, allí esperando, conocí al magnífico Bandinnelli, pero eso ya es otra historia.

Tchaikovsky terminó su larga saga sobre fantasía y humanos con rasgos de insectos y empezó un rápido ritmo de publicaciones que todavía no se ha detenido. Shadow of the Apt comenzó a publicarse en 2008 y su décima entrega vio la luz en 2014. Desde entonces ha publicado seis novelas (¡en tres años!), dos colecciones de historias cortas ambientadas en su universo de Shadow of the Apt y algún relato suelto para antologías.

Dogs of War es su última novela, aunque simultáneamente se publica la novela corta Ironclads, y está ambientada en un futuro muy cercano donde los soldados humanos son sustituidos por ‘bioformas’, versiones mejoradas de animales, para combatir en las guerras de todo el mundo. En un primer momento los humanos son sustituidos por robots, pero estos prueban ser poco fiables:
“Machines hacked by machines hacked by machines until it was all corrupted code and nobody had any control over what was going on there. Abruptly nobody had wanted to hire a robot army. It had looked as though the human race was going to have to make do with waging war the old-fashioned way, with human flesh and blood. But more than a few far-sighted weapons divisions had seen the collapse coming. They’d already been working on options. 
Encryption had come a long way since then; there were plenty of cyberneticists saying it was time to give the robots another crack of the whip. Hartnell kept professional tabs on a number of replacement soldier programs aiming for the infallible and perfect robot infantryman. But the footage from Kashmir was still in people’s minds. It had been a humanitarian disaster. Parts of the region remained no-go zones because some of those machines were still going strong, drinking in the sunlight and killing anything that moved. 
Thus leading to the rise of Bioform infantry; thus to the age of the dog […]”
El protagonista absoluto es Rex, un perro de más de dos metros, creado en un laboratorio y modificado y mejorado cibernéticamente para combatir más ferozmente y sin las limitaciones de un ser humano (ni las vulnerabilidades de una máquina). Rex es el líder de un comando de ‘multiformas’, formado por otros animales mejorados. Su punto de vista en primera persona está intercalado con otro (de narrador desconocido) y otros puntos de vista menores que se usan para ampliar la perspectiva limitada de Rex y permitir al autor extender sus ideas.

La novela tiene una estructura un tanto compleja, que no complicada, y mezcla muchas ideas y conceptos. Dogs of War es parte novela de ciencia ficción militarista, parte especulación legal y social, parte historia sobre la singularidad y parte oda al libre albedrío. Cuando la estaba terminando, pensé que incluso se podría haber publicado por entregas, con la mayor parte de las historias sueltas y sólo vinculadas por algunos de sus personajes (sobre todo a partir de la mitad del libro). La mezcla se extiende también a similitudes con otras novelas. La historia de Rex tiene un aire a Flores para Algernón de Keyes (según me han dicho) pero también veo una versión más ligera de The Mechanical de Tregillis (con el tema de la personalidad y el libre albedrío) e incluso una versión más tímida de la evolución y las mentes no humanas de Children of Time, del propio Tchaikovsky, entre otras obras.

La principal ventaja de esta dispersión de ideas es que si el lector no ha visto alguna de ellas plenamente desarrollada, va a disfrutar con el sentido de la maravilla que exuda la novela. Su desventaja es que no termina de profundizar plenamente en ninguna de ellas, con lo que el público veterano la puede encontrar un tanto sencilla.

La novela comienza con un prólogo muy atrayente para entrar seguidamente en una historia bastante típica. Sin embargo, Dogs of War va de menos a más y Tchaikovsky despacha pronto la parte más obvia de la novela para poder explorar todas las ideas que plantea. Su estilo sigue siendo más eficiente que detallado y hubiera apreciado alguna descripción más y un poco más de detalle en los secundarios. Dicho esto, es una novela donde la acción está muy bien medida y que, pese a ser eminentemente especulativa, ha conseguido emocionarme en algunos momentos con estos animales tan humanos.

Los lectores más veteranos de ciencia ficción quizá no le encuentren nada novedoso, pero disfrutarán de una novela bien conceptualizada y mejor ejecutada. Los más novatos, como yo, quedarán maravillados con las posibilidades que ofrece el futuro, y se preguntarán si las cosas que Tchaikovsky nos cuenta en Dogs of War serán verdaderamente posibles algún día.