Una premisa nada original, más bien todo lo contrario, que podría resultar en una serie aburrida y totalmente prescindible. Pero Millar sabe conjugar de manera perfecta todos los elementos que uno espera de una historia de este tipo para hacerla brillar y mantenernos enganchados a las páginas número tras número tras número. Es cierto que los personajes son un tanto unidimensionales y que de vez en cuando se recurre al deus ex machina, pero los cómics son tan endiablamente divertidos que se les perdona todo.
Lo que más me ha gustado a lo largo de estos 30 números son las toneladas métricas de sentido de la maravilla que se destila en cada una de sus páginas: hechizos incréibles, objetos arcanos, lugares imposibles, monstruos de pesadilla, viajes en el tiempo, magos poderosísimos... Toda una oda a la fantasía urbana, con toques de fantasía oscura, que nada tiene que envidiar a algunas de mis obras literarias favoritas como The Magicians, de Lev Grossman, o la estupenda saga de Marla Mason de Tim Pratt.
The Magic Order no ganará ningún premio por su originalidad. Pero alcanza la máxima puntuación que puedo otorgar en el apartado que más me importa y que más busco en mis lecturas en esta etapa de mi vida: la diversión. Es una obra que he devorado en apenas dos o tres días. Normalmente, soy totalmente partidario de aquello de que "lo bueno si breve, dos veces bueno". Pero, en este caso, no me habría importado seguir leyendo más y más aventuras de estos magos y continuar explorando este gran universo repleto de sentido de la maravilla. Mi más alta recomendación si buscáis una lectura con mucha magia y con aún más entretenimiento.










