Los protagonistas de la historia son superhéroes que podríamos calificar de secundarios dentro del universo DC: el propio Human Target, Ice, Blue Beetle, Booster Gold... A algunos de ellos ni siquiera los conocía y ninguno de los que conocía me resultaba especialmente atractivo. Son personajes que, para qué nos vamos a engañar, tampoco le importan demasiado a nadie. Pero precisamente este tipo de situación muchas veces da lugar a auténticas obras maestras porque, cuando los personajes involucrados no son especialmente relevantes dentro de editoriales como DC o Marvel, el equipo creativo cuenta con más libertad a la hora de tomar decisiones (algo semejante pasa con Nextwave: Agents of H.A.T.E., de Ellis e Immonen). Y ese es exactamente el caso con The Human Target, una obra en la que tanto King como Smallwood dan rienda suelta a su talento.
Pero, ¿qué diríais si os contara que ese fantástico guión no es, ni mucho menos, lo que más me ha fascinado de The Human Target? Lo que realmente me ha obnubilado es el increíble despliegue artístico de Smallwood. De verdad, no tengo palabras. Es un estilo tan personal y, a la vez, tan adecuado que es casi imposible describirlo con palabras. Me ha encantado. Me ha seducido. Me ha enamorado.
Como digo, es una obra que me llegó a obsesionar, precisamente por este maravilloso dibujo (¡y ese uso del color!) y que tuve muchos, muchos días en la cabeza tras haberla terminado. A mí me ha hecho fan incondicional de Smallwood (de King ya lo era) y me ha hecho buscar otras de sus obras (en Moon Knight, con guión de Jeff Lemire, os puedo decir que también está excelso) con ahínco. Lástima que no se prodigue demasiado porque rebosa arte, talento y expresividad por los cuatro costados.
En definitiva, The Human Target es una obra que recomiendo sin reservas. Para mí, es un ejemplo perfecto de cómo los mejores cómics consiguen aunar guión y dibujo para contar historias, crear ambientes y transmitir sensaciones de una manera que sería imposible en otro medio.




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