lunes, 26 de agosto de 2013

Wendolin Kramer, de Laura Fernández

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Superhéroes de barrio de Kiko Veneno (Spotify, Youtube).

A raíz de la reseña de Miquel Codony de La chica zombie y de las distintas presentaciones (1, 2 y 3) a las que tuve oportunidad de asistir y en las que participó Laura Fernández, me entró una enorme curiosidad por conocer más de la obra de esta autora, cuyo nombre está sonando con muchísima fuerza últimamente. Después del pequeño aperitivo de "¿Acaso soy una especie de monstruo, Señor Pallcker?", su relato incluido en la antología Presencia Humana y uno de mis favoritos del libro, me decidí a probar con una novela. Mi primera intención era leer La chica zombie, pero el precio en ebook me parece totalmente disparatado (¿más de 12€? Really????) así que tiré de biblioteca y el único libro de Laura Fernández que tenían era Wendolin Kramer que, por otra parte, también tenía una pinta excelente.

Wendolin Kramer está muy en la línea de "¿Acaso soy una especie de monstruo, Señor Pallcker?": Desarrollo ágil, diálogos chispeantes y aparentemente (sólo aparentemente) algo absurdos y personajes psicóticos, muy psicóticos que se ven metidos en las situaciones más disparatadas. Por lo que he podido apreciar y lo que he visto en las reseñas de La chica zombie, ésta es la marca de la casa de Laura Fernández, una autora con una voz propia muy definida y personal.

Los que hayáis llegado hasta aquí os estaréis preguntando, sin duda, si ésta es una novela de género. Bien es cierto que Wendolin Kramer está plagada de guiños a la cultura popular. En ella encontramos referencias continuas al cine (Regreso al futuro, Brad Pitt, Scarlett Johanson...), la televisión (con mención especial al dependiente de la tienda de tebeos de Los Simpson), la ciencia ficción (Dick, Sheckley, Vonnegut...) y, por supuesto, los cómics (aunque no puedo estar de acuerdo con la opinión de uno de los protagonistas sobre el Capitán América de Ed Brubaker). Pero pese a ello, el libro no puede clasificarse como ciencia ficción o historia de superhéroes. Como mucho, en caso de tener que encasillarla forzosamente en algún género, diría que Wendolin Kramer es una novela de humor. De hecho, en muchos momentos el estilo recuerda poderosamente a autores como Robert Sheckley y, sobre todo, a Tom Sharpe (y no sólo por esa muñeca hinchable de "expresión eternamente sorprendida").

Si algo destaca en la novela además de los diálogos (para los que Laura Fernández tiene, evidentemente, un talento extraordinario), son los personajes. Salvo quizá el padre de la propia Wendolin Kramer (que, por ello, se encuentra claramente fuera de lugar), todos los demás viven en un constante estado "delusional", que dirían los ingleses, que les hace percibir un mundo ligeramente diferente al real. Personajes obsesionados con estrellas de cine, cantantes y escritoras inexistentes, que cuentan sus penas a las fotografías que tienen sobre la tele y maldicen en lo que ellos creen que es alemán. Y que, precisamente arrastrados por esa percepción un tanto alterada de la realidad, se ven atrapados en una serie de aventuras que rozan lo surrealista y de las que sólo logran salir gracias a su propia psicosis.

Por todo ello, la trama, que es bastante menos sencilla de lo que podría parecer tras los primeros capítulos, es un poco lo de menos. Quizá ése es el punto más flojo del libro: hay un cierto conflicto, tejido alrededor de escritores ficticios y aprendices de detective (otra de las obsesiones de Laura Fernández, al parecer), pero lo realmente interesante son los protagonistas y sus extrañas reacciones ante las situaciones en las que se ven atrapados.

En definitiva, una novela fresca, de lectura ágil y con unas más que considerables dosis de humor, pero a la que le falta un queseyó para ser completamente redonda y no quedarse simplemente en una diversión pasajera y anecdótica. Aún así, el estilo de Laura Fernández me atrae especialmente y espero con ganas poder leer La chica zombie, que creo que por temática puede gustarme aún más.  

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