domingo, 9 de agosto de 2015

Artículo invitado: Scott Wilbanks sobre su proceso de escritura

Es un placer y un honor tener a Scott Wilbanks, author de The Lemoncholy Life of Annie Aster (que reseñé hace unos días) compartiendo con nosotros algunas pinceladas de su proceso de escritura. Podéis averiguar más cosas sobre Scott en su página web y contactar con él tanto en Facebook como en Twitter

¡Espero que os guste este artículo invitado!

(Nota: También podéis leer este artículo en inglés/You can also read this article in English)

Mi proceso de escritura, por Scott Wilbanks


Cuando me enteré de que Sourcebooks había ofrecido mi “proceso para escribir misterio, ficción histórica y romance” como un tema de artículo para blogs, entré en pánico y envié un correo a mi compañera y lectora crítica. Jennie, escribí.  ¿Qué proceso? ¡Yo no tengo ningún proceso!
Después de tres años trabajando juntos, puedo asegurar que sí que lo tienes apareció en mi bandeja de entrada al día siguiente.
            Exasperado porque no hubiera sido más explícita, simplemente le mandé dos símbolos de interrogación como respuesta. 
            Todo lo que recibí de vuelta por mi malhumor fue una palabra.  Piensa.
            Eso hice. ¿Y sabéis qué? Sí que tengo un proceso.
Escribo en ondas.
Para entender qué quiero decir, empecemos por el principio.
Cuando escribí la primera frase de mi manuscrito, no sabía nada del oficio de escritor. No debe de ser una sorpresa, pues, que mi novela no empezara con una premisa, o incluso un concepto; esos términos ni siquiera formaban parte de mi vocabulario en aquel momento. Soy una criatura visual, así que, por el contrario, todo empezó con una imagen en mi mente. Imaginad dos mujeres (una joven excéntrica del San Francisco actual, con una obsesión por las ropas victorianas, y la otra una viaje cascarrabias maestra de escuela de finales del XIX viviendo en un campo de trigo en Kentucky) que comienzan a cartearse de forma bastante agitada a través de un buzón de bronce situado en un terreno mágico entre ellas. 
Con esa imagen fija en mi mente, tiré para adelante a todo motor, juntando un conjunto de flujos de conciencia mal escritos en poco más de meses; cuatrocientas páginas en total. 
Mirando atrás, eso no era escribir. No en mi opinión. No en el sentido del arte de escribir. Pero si pensáis visualmente, como yo, me proporcionó un esquema sobre el que comencé el proceso de “añadir color”, o, como lo llaman otros, revisar. 
Y ahí es donde llegan las ondas.
Mi pensamiento no es lineal, así que no puedo escribir en línea recta, progresando de una escena a otra. 
Por el contrario, aprendí a plantearme preguntas, Instead, la primera de las cuales fue:  ¿qué pasaría si Annie (mi protagonista) leyese sobre un asesinato ocurrido más de cien años atrás en su línea temporal pero para el que aún faltan tres días en la de Elsbeth?
Esa pregunta fue como una piedra arrojada a un estanque. Fue la causa, y las respuestas que generé fueron el efecto, creando pequeñas ondas que se desplazaron hacia fuera por todo mi manuscrito. 
Cuando tuve una respuesta satisfactoria a esa pregunta, simplemente me hice otra, tirando otra piedra cuyas ondas se expandieron desde el punto de origen a la vez que impactaban con las ondas creadas por la pregunta previa. 
Seguí haciéndome preguntas con un propósito en mente. ¿Cómo podía poner las cosas más difíciles a los protagonistas? Más precisamente, ¿qué obstáculos podía ponerles para hacerles tropezar, tanto en el paisaje de sus viajes interiores como en el de los exteriores? Si una pregunta no les suponía un reto casi insuperable, la descartaba. 
Reuní suficientes preguntas para que mi manuscrito pareciera la superficie de un charco durante una lluvia de primavera, en el que las ondas se expanden y se intersecan, chocando unas con otras. 
Y aquí viene lo interesante. Descubrí que no había ninguna pregunta de las que me había hecho que no afectara a todas las demás, cambiando su respuesta de algún modo. Mi manuscrito había desarrollado capas.
Pero os podéis preguntar cómo se relaciona esta técnica con la escritura de géneros. En el aspecto más básico. Para mí, al menos, escribir en esos géneros consistió menos en el proceso y más en el tipo de pregunta.

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