lunes, 3 de agosto de 2015

The Lemoncholy Life of Annie Aster, de Scott Wilbanks

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando A Letter to Myself, by Lemoncholy (Spotify, YouTube).

Es una verdad universalmente aceptada que no se pueden mezclar un libro romántico, una historia de viajes en el tiempo, un pastiche de Jane Austen, una novela epistolar y un drama familar. ¿O sí se puede? Parece que el Universo va a tener que verdades acepta porque precisamente eso (y más) es lo que Scott Wilbanks ha hecho en la muy entretenida The Lemoncholy Life of Annie Aster

La novela de debut de Wilbanks es, por tanto, muchas cosas en una pero, sobre todo, es la historia de una serie de inadaptados. Los personajes de la novela son muy diferentes entre sí (¡incluso provienen de distintos siglos!) pero tienen una cosa en común: han encontrado difícil encajar en el tiempo y lugar en los que se supone que tienen que vivir. Todos ellos han tenido problemas que los han hecho solitarios e introvertidos:
El was not lovely. She was old and dusty. And she spent her evenings sitting in the wooden rocking chair by the fireplace gathering more dust. Inevitably, she had a book in hand, which she read through wire-rim spectacles that took delight in slowly slipping down the bridge of her nose. This was not an easy task for the spectacles, as El had a rather large hook on her nose that one would think obstructed their mischief. They managed anyway.
(...)
And as he was crossing Church and Twentieth on his way to Annie’s house, Christian saw the face for the third time. His own had been pressed, inevitably, in a book. Christian was something of a reading opportunist—science fiction, primarily. He read while he ate breakfast. He read on his lunch break. He read before he slipped off to sleep each night. He even read while crossing Church Street, ignorant of gathering rain clouds—not the most brilliant activity if his aim was survival. But Christian wasn’t a survivalist. If he was, he’d work in any field but the one in which he found himself. He worked in finance. 
Por medio de la magia del viaje en el tiempo, estos personajes se verán envueltos en una aventura inesperada que incluirá peligros, asesinatos y revelaciones sorprendentes y, lo más importante, los hará unirse y descubrir su propósito en la vida.

Si, como yo, sois lectores veteranos de ciencia ficción, esta descripción puede que no os resulte demasiado atractiva y, de hecho, pienso que The Lemoncholy Life of Annie Aster probablemente será más popular entre el público general que dentro del fandom de la CF (no puedo evitar pensar en libros como La mujer del viajero en el tiempo, por ejemplo). Pero no sería bueno hacer un juicio tan a la ligera, porque la novela tiene muchas cosas buenas que ofrecer.

Me ha gustado mucho la forma en qué está escrito el libro, especialmente en los primeros capítulos, mezclando narración convencional con las cartas que El y Annie se escriben la una a la otra. La prosa es cálida y divertida, con un sentido del humor ligero pero maravilloso como, por ejemplo, en los siguientes breves extractos:
Lacking the disposition for subtlety, I’ll get directly to the point. Trespass is dealt with at the business end of a shotgun in these parts! 
And while it may appear to the contrary, I am not by nature the quarreling type, though that sissy of a representative from the county tax assessor’s office might beg to differ. Frankly, I think the reports of his limp are greatly exaggerated.
(...)
Westport, Kansas, was a community of thoroughbreds, where proper breeding was not only expected, but also required. Decorum was the air the town breathed, and the first commandment of local society was “mind your own damn business.” Privacy was considered so sacred to the good people of the township and so jealously guarded that—and this should come as no surprise—there were no secrets there at all, human nature being what it is. Everyone was taught reconnaissance at their mama’s knee and went on to become an agent provocateur. In Westport, secrets were scandal, and scandal was sport. 
Even those who survived the carnage of the rumor mill learned that Westport was anything but an egalitarian society. A pecking order existed. The big hens pecked at the smaller hens that, in turn, pecked at the even smaller hens on down the line until they reached the last unfortunate soul with no one to peck.
La historia de viajes en el tiempo en sí puede que no sea tan elaborada como en otras novelas de pura ciencia ficción, pero tiene todos los tropos del género, incluyendo paradojas e intentos de cambiar el futuro mediante cambios en el pasado. Las explicaciones, sin embargo, son un tanto difusas y me habría gustado que algunas de las ideas que simplemente se apuntan hubieran sido desarrolladas en más detalle:
P.S. I offer a topic for discussion. The past is nothing more than the present romanticized, while the future is history with imagination. Any thoughts?
(...) 
A tree looks much the same from one century to another, but a city is another thing altogether.
La novela tiene algunos problemas, quizá a causa de su propia ambición. La estructura es un tanto irregular, con largas partes en las que no se sabe nada de ciertos sucesos o ciertos personajes que de repente vuelven a aparecer, y la narración a veces es ligeramente confusa. El principal problema para mí, sin embargo, fue que algunos de los personajes añaden relativamente poco a la historia y podrían haber sido eliminados sin afectar demasiado a la trama general. Estoy pensando, por ejemplo, en Nathaniel y en Christian y Edmond aunque estos dos últimos son un perfecto ejemplo de cómo se puede escribir son una pareja gay sin estridencias y de una forma completamente natural y normal.

Sumándolo todo, The Lemoncholy Life of Annie Aster es una novela entretenida, original y optimista. Puede que no sea del gusto de todo el mundo, pero recomiendo darle una oportunidad si buscáis una historia de viajes en el tiempo que se salga de los caminos más trillados.

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