Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña, queridos drugos, escuchando la Novena Sinfonía en Re Menor, Op. 125 de Ludwig Van (Spotify, Youtube).
Había oído grandes cosas de El rey Lansquenete (aquí, aquí, aquí o aquí, por ejemplo), con lo que mis expectativas al comenzar la lectura eran peligrosamente altas. Pero esta novela corta de Santiago García Albás no sólo las ha cumplido, sino que incluso las ha superado. Es una lectura breve pero intensa y se ha convertido en una de mis favoritas de lo que va de año.
Lo primero que llama la atención de El rey Lansquenete es la forma narrativa escogida por el autor. Empieza como el informe de un crimen y su posterior proceso judicial, pero rápidamente cambia a una narración en segunda persona del singular. La elección es arriesgada, pero García Albás la hace funcionar a las mil maravillas. Con la precisión de un neurocirujano te sitúa en medio de una partida de ajedrez en la que juegas a vida o muerte contra Leroy Lansquenet, el rey Lansquenete del título.
El segundo gran acierto del autor es el uso de un narrador no confiable que se sale de lo corriente. En este caso, no puedes fiarte de lo que te cuenta no porque deliberadamente te mienta, sino porque el castigo por el crimen que has cometido es la distropía: una alteración cerebral que modifica tus percepciones para impedir que reincidas en tu delito. Así, buena parte de la novela se centra en el fascinante proceso de cartografiar y confirmar más allá de cualquier posibilidad de duda los detalles cotidianos de tu entorno que te permitirán consumar tu venganza.
Porque El rey Lansquenete es, ante todo, una historia de venganza. La prosa cumple, en ese sentido, una doble función: por un lado es fría, quirúrgica, reflejando perfectamente la fría maquinación que tu fría mente ha ideado para satisfacer tus fríos deseos de ver a tu enemigo muerto; por otro, dosifica en pequeñas gotas, dejando caer en contadas y medidas frases, el tremendo dolor que te ha llevado a desear la muerte de Lansquenet por encima de cualquier otra cosa. Un contraste que hace los momentos en los que el recuerdo te asalta, aún más impactantes e insoportables.
Sobre el final he leído opiniones de todo tipo, pero a mí me parece otra gran decisión de García Albás. Un giro inesperado pero que encaja perfectamente con el resto de la historia y que hace ver de otro modo todo lo leído hasta el momento. De hecho, hasta consigue anular la única pega que le podría poner al relato hasta ese punto: la poca lógica (desde el punto de vista de los recursos empleados por la sociedad) de una medida como la distropía. Leyendo El rey Lansquenete, es imposible no acordarse de soluciones mucho más "económicas", como la propuesta por Anthony Burgess en La naranja mecánica. El final, sin embargo, le da una nueva interpretación a este tratamiento, mucho más retorcida que la que uno piensa al principio, pero también mucho más satisfactoria.
Por todo ello, no puedo más que recomendar encarecidamente la lectura de El rey Lansquenete. Una pequeña joya, una novela corta inteligente y perfectamente construida que se lee en una tarde y que deja con un excelente sabor de boca y con muchísimas ganas de seguir adelante con la serie Cybersiones. Por mi parte, podéis tener por seguro que no tardaré mucho en dar buena cuenta tanto de Delirios de grandeza como de La parte del ángel.
Sorteo
Puesto que El rey Lansquenete me ha gustado tanto (y ya que precisamente hoy es mi cumpleaños) quiero regalar a cinco lectores de Sense of Wonder la posibilidad de disfrutar tanto como yo lo he hecho.
Participar en el sorteo es muy fácil: basta con dejar un comentario en esta misma reseña antes de las 23:59 (hora de Madrid) del día 3 de Agosto de 2014 indicando el deseo de entrar en el concurso e indicando algún medio de contacto (Twitter, email...). Una vez finalizado el plazo, seleccionaré aleatoriamente (mediante algún servicio como random.org) cinco ganadores que recibirán una copia digital de El rey Lansquenete cada uno. ¡Suerte a todos!
