Conocí a JM, hace muchos años, en Anobii, una red social de libros que quizá alguno de vosotros recuerde. Intercambiamos algunos mensajes cortos sobre dónde comprar libros en inglés y sobre algunos autores de space opera y, desde el principio, la conexión fue total y completa. Pasamos a hablar regularmente por correo electrónico y fue como si hubiéramos sido amigos de toda la vida. Nos escrbíamos tres o cuatro veces por semana y recibir cada mensaje suyo era una alegría. Hablábamos de lo que estábamos leyendo, de lo que queríamos leer, de nuestras última compras... Incluso nos coordinábamos para leer el mismo libro e ir comentándolo capítulo a capítulo.
Poco a poco, fuimos moviendo nuestras conversaciones también a otras plataformas. Sobre todo, Twitter, donde conocimos al resto de los Verdhugos. Y fuimos involucrándonos en muchos más proyectos. La creación del podcast, el periodo de lectores editoriales para RBA, el grupo de Facebook de los Fantascópicos, la selección de los relatos para el Visiones... En todo ello, Josep María era una presencia discreta pero indispensable. Siempre estaba, siempre se podía contar con él para todo. Y su carácter tranquilo, su conocimiento infinito, su pasión por la literatura, eran elementos fundamentales para llevar todo a buen puerto.
Aunque nuestro trato fue siempre mayoritariamente a través de medios digitales, también compartimos muchos momentos especiales en persona: las Hispacones y la entrega de los Premios Ignotus; la WorldCon de Londres; la EuroCon de Barcelona... En esta última, fuimos compañeros de habitación, y hubo muchos detalles que me confirmaron lo que ya sabía: que JM era una persona de un criterio moral intachable y de una profunda bondad.
JM, en estos momentos tan duros me fallan las palabras para decirte cuánto te apreciamos. Dejas un vacío irremplazable en nuestras redes, en nuestras vidas, en nuestros corazones. Pero, aún así, te imagino como eras: tranquilo, calmado, dando ánimos a todos. Te imagino, ya decansando, con una sonrisa en los labios y con un libro en la mano. Te imagino leyendo en una biblioteca eterna e inmensa, como la de Borges.
Gracias por todo, JM. Y que leas por siempre.

Qué pena más grande, un voracilector y el hombre que parecía haberlo leído todo. Desprendía una bonhomía sin igual. Un verdhugos especial in memoriam para recordarlo sería altamente apreciado. Descanse en paz
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