lunes, 17 de noviembre de 2014

The Genome, de Sergei Lukyanenko

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando el Capricho N. 24 de Niccolò Paganini (Spotify, YouTube). 

He tenido varias de las novelas de Sergei Lukyanenko en mis estanterías desde hace algunos años, pero por una razón a otra nunca me he decidido a darles una oportunidad. Hace poco, tuve la posibilidad de conseguir una copia para reseñar de The Genome que tenía una sinopsis interesante y decidí que ya era hora de empezar a leer la obra de Lyukanenko.

Uno de los puntos más destacables de The Genome es el worldbuilding. En el futuro, la ingeniería genética está tan avanzada que es posible "programar" personas con las condiciones físicas y psicológicas perfectas para un cierto tipo de trabajo, dando lugar a las llamadas especializaciones o speshs. Así, tenemos speshs-pilotos, speshs-detectives, speshs-soldados... gente con capacidades aumentadas que, además, adoran el trabajo que se supone que tienen que hacer.

Por supuesto, estas especializaciones tienen consecuencias muy profundas tanto para la sociedad globalmente como para los individuos y Lukyanenko explora algunas de estas cuestiones, especialmente las que tienen que ver con el libre albedrío y con el racismo. Esta especulación no sólo es interesante sino también muy relevante para la trama, que comienza con un claro sabor a Space Opera y en el tercio final de la novela se convierte en algo completamente diferente (que no revelaré aquí para evitar los spoilers).

Pese a toda la sutileza que Lukyanenko demuestra al explorar las implicaciones sociales y filosóficas de la manipulación genética, es sorprendente cuán superficiales y estereotipadas son las relaciones entre los personajes. Todos los personajes femeninos son atraídos irresistiblemente hacia Alex, el principal protagonista y piloto de la nave, y están siempre (y quiero decir siempre) deseando tener relaciones sexuales con él. Incluso cuando se junta entre ellas, hablan, ¿adivináis de qué?, de tener sexo con Alex (no confío demasiado en las posibilidades de que The Genome pase el test de Bechdel). Además, la evolución del miembro gay de la tripulación es tan ridícula que tuve que leer ciertos párrafos varias veces antes de creer lo que mis ojos estaban viendo.

The Genome es, en su mayor parte, una lectura muy entretenida (especialmente el primer y tercer capítulo de los tres en los que se divide la novela) e incluso aborda algunos temas interesantes y profundos. Pero el problema con la caracterización irreal y misógina de algunos de los protagonistas puede ser realmente molesto (para mí lo fue por momentos) para algunos lectores.

En definitiva, recomendaría The Genome como una lectura rápida y divertida, con la advertencia de que la descripción de algunos personajes es potencialmente irritante. Si sois capaces de no darle demasiada importancia a ese tipo de temas, creo que disfrutaréis bastante de la novela. Si no, es mejor que os mantengáis alejados de ella.

(You can also read this review in English/También puedes leer esta reseña en inglés)

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