Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando el tema principal de la serie
MacGyver (
Spotify,
Youtube).
Confieso, sin rubor alguno, que los factores que hacen que un libro autopublicado llegue a convertirse en un éxito se me escapan completamente. Hay casos, como el de Wool de Hugh Howey (novela de la que espero hablar pronto en este mismo espacio), en el que, pese a algunos problemas, una notable calidad global justifica sobradamente su popularidad. Y luego hay cosas, como The Martian de Andy Weir, que evaden cualquier intento racional de comprensión.
Advierto desde el inicio, por si hubiera espectadores sensibles, que he sido incapaz de leer entero este libro. Lo dejé allá por la página 90 (en el medio digital es difícil estimar esas cosas). Pero, con mi osadía habitual, me voy a permitir hacer una reseña de The Martian, porque en realidad de esas 90 páginas me han sobrado al menos la mitad para convencerme de que esta novela es una auténtica bazofia.
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| Wilson, tenemos un problema |
Es difícil saber por dónde empezar a criticar The Martian, porque hace aguas por todos los lados. El argumento es realmente poco original: Mark Watney es un astronauta que se queda accidentalmente varado en Marte, sin que nadie sepa que aún está vivo, sin forma de comunicarse con la Tierra y sin suficientes provisiones para sobrevivir. A partir de ese momento debe intentar mantenerse con vida durante el tiempo suficiente para que la siguiente misión tripulada llegue al planeta y pueda rescatarlo. Por supuesto, la cosa no resulta nada sencilla y continuamente surgen imprevistos y nuevos problemas. Y a eso se reduce toda la trama: me surge un problema; intento hallar una solución; comienzo a ponerla en práctica; me surge otro problema. Enjabonar, aclarar, repetir.
Es más, la exposición de estas situaciones es tediosa, mecánica, repetitiva y sin tensión alguna, y las soluciones no resultan creíbles. Así, la mayor parte de los capítulos se reducen a una enumeración de hechos, cifras y posibles dificultades casi como si de un problema abstracto de ingeniería se tratara. Además, cuando una solución falla, Mark enseguida encuentra una alternativa, restando toda emoción dramática a la trama. El libro, más que una historia de ficción, parece un "tratado de posibles problemas que pueden surgir en una misión a Marte (y sus soluciones)" o un libro de autoayuda para astronautas abandonados a su suerte. Es aburrido hasta decir basta. Y más allá.

Por su parte, el desarrollo y caracterización de los personajes es, simplemente, inexistente. De hecho, el personaje principal parece más una máquina que una persona. En los siete capítulos que fui capaz de soportar, Mark pasa 71 días en Marte y en ningún momento expresa ni un solo sentimiento, sino que se limita a explicar los problemas que debe superar, las estrategias que va a emplear, las dificultades que le surgen y las modificaciones que eso supone en sus planes. Nunca se muestra desesperado, animado, eufórico, melancólico… o cualquiera de los otros estados que se le pueden suponer no ya a una persona atrapada a millones de kilómetros de la Tierra, sino a un ser humano normal en una vida normal. Nunca dice que echa de menos a su familia o a sus amigos (aunque una vez se pregunta cómo le irá la temporada a los Cubs) o desea estar de vuelta en su hogar. Debe de ser que el clima marciano ayuda a mantener controladas las emociones.
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| Un pequeño paso para una patata... |
Por si todo esto fuera poco, la "ciencia" empleada para plantear y resolver los problemas de supervivencia no parece demasiado convincente. A modo de ejemplo, explicaré brevemente una de las escenas más surrealistas de la novela. Puesto que las raciones con las que cuenta Mark no son suficientes para alimentarse durante el tiempo necesario (lo cual se nos explica in excruciating detail durante varias páginas de cálculos de contenidos calóricos y gastos energéticos medios), se le hace necesario obtener una fuente de nutrientes alternativa. Pero en Marte no hay vegetales ni animales, ¿verdad? Wrong! La expedición de Mark, puesto que debía coincidir con el día de Acción de Gracias, había llevado una caja de patatas crudas para preparar una comida como dios manda en tan señalada fecha. Y sí, queridos amigos, nuestro astronauta favorito se embarca en la tarea de hacerlas crecer en el planeta rojo, lo cual (por supuesto) hace que surjan nuevos problemas que Mark debe abordar con su característica pericia y su inigualable ingenio. No contaré más, pero ríanse ustedes de las soluciones a los problemas del Apollo XIII.
Poco puedo añadir sobre esta novela salvo que recomiendo no tocarla ni con un palo. Curiosamente, parece que mi opinión es minoritaria porque no sólo va a ser reeditada (en tapa dura y todo) por
Random House, sino que ya se habla de una adaptación cinematográfica. Me parece realmente injusto, sobre todo cuando una excelente obra como
Adrift on the Sea of Rains de Ian Sales, que tiene un argumento similar y es también autoeditada, difícilmente llegará a ser conocida ni por una ínfima fracción de los lectores de este engendro que es
The Martian. Realmente, no sé si me resulta más difícil creer el éxito de este libro o lo de cultivar patatas en Marte. Si alguien lo entiende, que por favor me lo explique.