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lunes, 20 de agosto de 2012

Reseña de Schild's Ladder de Greg Egan

Rescato hoy la última de las reseñas de Estación de Nieblas que tenía pendiente. En este caso se trata de Schild's Ladder de mi bienamado Greg Egan, una novela que aún sigue inédita en castellano a pesar de que han pasado ya unos cuantos añitos desde que escribí esta reseña.


Tengo una especial debilidad por todo lo que escribe Greg Egan. Desde que cayó en mis manos Cuarentena, me apasiona esa forma que tiene de mezclar la más pura Ciencia Ficción hard con las especulaciones filosóficas de más alto nivel. Cuando leo a Egan no dejan de sorprenderme sus brillantes ideas y la profundidad con la que trata temas de la mayor trascendencia. Me parece que es uno de los mejores (por no decir simplemente el mejor) escritores que ha dado el género en las últimas décadas. 

Sin embargo, comprendo que no sea del gusto de todos los paladares. Leer a Egan es una actividad exigente. Hasta el más pintado puede verse desilusionado al encontrarse, nada más comenzar a leer Schild's Ladder, con el siguiente párrafo (traducción libre): 

En el principio era el grafo, más parecido al diamante que al grafito. Cada nodo del grafo era tetravalente: estaba conectado por cuatro ejes a otros cuatro nodos. El ciclo más corto que partía de un nodo y volvía a sí mismo tenía seis ejes. (...) Los ejes carecían de forma o longitud, los nodos no tenían posición. El grafo consistía únicamente en el hecho de que algunos nodos estaban conectados a otros.

Son frases que, más que de una novela, parecen sacadas de mis clases de Matemáticas Discretas.

Esa es, sin duda, la marca personal del autor. Ciencia Ficción dura y sin concesiones que luego se transforma en brillante metafísica. Porque ese "grafo", ese ente que consiste en un suerte de conexión abstracta es, ni más ni menos, el origen de nuestro universo, la semilla que ha dado origen a todo lo que vemos, a todo lo que percibimos, a todo lo que tocamos. En Schild's Ladder nos encontramos veinte mil años en el futuro y desde mediados del siglo XXI la Teoría Cuántica de Grafos desarrollada por Sarumpaet ha sido capaz de explicar hasta el más mínimo detalle todas las observaciones físicas que se han realizado. La Relatividad y la Física Cuántica han sido unificadas y la humanidad tiene a su disposición una Teoría del Todo. 

Pero al llevar a cabo un experimento que debería haber confirmado una vez más las leyes de Sarumpaet algo sale mal. Aparece un "nuevo-vacío" que se expande en el espacio a la mitad de la velocidad de la luz y comienza a aniquilar estrellas y planetas a su paso. Puede ser el fin de nuestro universo... o el comienzo de uno nuevo. 

Tras este argumento de desastres estelares, quizá ya un tanto manido, el lector habitual de Greg Egan encontrará todas las obsesiones que caracterizan al escritor australiano. Desde las simulaciones de personas ejecutadas por ordenador (al estilo de Ciudad Permutación) a las virtudes y limitaciones de la Ciencia (El instante Aleph) pasando, cómo no, por las múltiples versiones de la realidad ofrecidas por la superposición de estados cuánticos (idea utilizada extensamente en Cuarentena). Sin embargo, en esta ocasión el autor no se centra tanto en disquisiciones filosóficas sobre cómo nuestra percepción del mundo altera la propia realidad. Es cierto que, de fondo, siguen presentes. Pero la principal reflexión que se plantea Egan en la novela es sobre el cambio. Cómo cambiamos como personas cuando vamos creciendo, madurando, experimentando nuevas circunstancias. El propio título de la novela es una metáfora (vía una preciosa construcción matemática) de cómo el seguir diferentes caminos nos hace convertirnos en diferentes personas. 

Así, la aparición del "nuevo-vacío" hace plantearse a los personajes cuál es la actitud más adecuada: luchar a toda costa por mantener las cosas como están o adaptarse a las nuevas circunstancias e intentar aprovecharlas aunque el precio, en forma de renuncia, sea elevado. Como en todas las novelas de Egan, surgen distintas facciones que defenderán cada una de las posibles posiciones, aunque quizá en este caso el autor no explota este recurso en la forma en que nos tiene acostumbrados. Las discusiones entre los miembros de los distintos bandos son menos brillantes que en otras obras de Egan y algunas de las posturas son demasiado forzadas y resultan poco creíbles. 

La novela también presenta algunos fallos menores, principalmente un final demasiado precipitado y una frescura menor que en otros libros del autor. Por otro lado, Schild's Ladder descubre una faceta de Egan que para mí resulta novedosa y ciertamente sorprendente. En algunos capítulos, especialmente los que narran la infancia de Tchicaya y Mariama, el autor hace gala de una gran sensibilidad, casi ausente en el resto de sus obras. 

En resumen, nos encontramos ante una novela muy en la línea de Egan. Con párrafos en los que las fórmulas y los conceptos físicos más abstractos campan por sus respetos y con un buen número de ideas sorprendentes y brillantes. Si a esto le añadimos una interesante reflexión sobre la evolución personal y el cambio interior, el resultado es una obra que sin duda complacerá a los seguidores del escritor australiano. 

Puede que Schild's Ladder no sea la mejor novela de Greg Egan hasta la fecha (la crítica no la ha tratado especialmente bien), pero para mí se vuelve a demostrar que este autor está muy por encima de la media. Es una lástima que, de un tiempo a esta parte, las editoriales españolas parezcan haberle olvidado.

lunes, 30 de enero de 2012

Jonathan Strange & Mr Norrell de Susanna Clarke


Puesto que mañana comenzaremos Shadow Ops: Control Point de Myke Cole, la segunda lectura grupal de #cifituits, he pensado que sería interesante rescatar una reseña de un libro en el que la magia también es protagonista principal. Han pasado ya 6 años desde que la publiqué en Estacion de Nieblas, por lo que algunos datos están desfasados. Todo lo demás me sigue pareciendo relevante, así que os dejo con ella. 

Jonathan Strange and Mr. Norrell es la primera novela de Susanna Clarke. Fue publicada el año pasado en Estados Unidos y Gran Bretaña con un impresionante éxito de crítica, público y ventas. Su último logro ha sido la nominación para los premios Hugo 2005. Además, también ha sido nominada para los premios de la BFSA (Asociación Británica de Ciencia Ficción), ha sido elegida tanto por los editores como por los lectores de SFSite (www.sfsite.com) como la mejor novela del año 2004 y Neil Gaiman ha dicho de ella que es "incuestionablemente la mejor novela inglesa de fantasía de los últimos 70 años". 

Con estas impresionantes cartas de presentación la pregunta natural es: ¿realmente es tan buena esta novela? La respuesta breve y concisa es que sí. Pero no nos quedemos con respuestas fáciles y analicemos un poco más lo que nos podemos encontrar en Jonathan Strange and Mr. Norrell

Desde el primer momento, queda claro que el eje fundamental de la historia es la magia. Una magia que, en la Inglaterra de principios del siglo XIX, ha dejado de practicarse, aunque no de estudiarse. Y esto es así hasta que aparece en escena Mr. Norrell, uno de los protagonistas principales de la novela. Mr. Norrell es un hombrecillo solitario, que vive retirado en su casa del campo y que ha acumulado a lo largo de los años una enorme biblioteca de libros sobre magia. Estudiándolos concienzudamente, ha conseguido volver a poner en práctica muchos de los conjuros y hechizos que hacía siglos que no se llevaban a cabo. Mr. Norrell es el único mago practicante en Inglaterra. Hay muchos magos teóricos, muchos estudiosos de la magia, pero sólo Mr. Norrell es capaz de hacer magia. ¿Sólo Mr. Norrell? Eso parece, hasta que Jonathan Strange demuestra que él, con menos estudios pero quizá con más talento natural, también es capaz de practicar la magia. Mr. Norrell acepta, con ciertos recelos y reparos, a Jonathan Strange como alumno y ambos entran al servicio del gobierno, especialmente como ayuda en la guerra contra Napoleón y los franceses. Desde ese momento, la historia gravita en torno a la relación de estos dos magos y, sobre todo, a su relación con la magia.

La magia, siempre la magia. Porque la magia es un componente fundamental de la historia de Inglaterra, un elemento que ha configurado desde siempre sus tradiciones, su cultura e incluso su política. Según avanza el libro, el lector se va sumergiendo en este ambiente mágico que impregna todas las cosas y, muchas veces a través de notas a pie de página, va descubriendo al misterioso Rey Cuervo, a las hadas y duendes, a los grandes magos que marcaron una época. Y, sobre todo, va descubriendo que lo que Susanna Clarke ha tejido en esta novela es una historia alternativa, en la que la magia es el elemento que ha transformado y sigue transformando Inglaterra. Una Inglaterra que se ha distanciado de aquella que nosotros conocemos para entrelazarse íntimamente con la historia y la cultura de ese otro misterioso país, el país de las hadas y los duendes, de los seres mágicos por naturaleza.

Quizás el aspecto que más llama la atención con respecto a otras novelas que tratan el tema de la magia (véase, por ejemplo, la serie de Harry Potter, con la que la novela de Clarke ha sido comparada una y otra vez, aun sin tener demasiado en común) es el realismo. La autora declara haber tenido la intención de hacer que la magia pareciera algo posible. En sus propias palabras, "algo tan real como la magia en la trilogía de Terramar de Ursula K. Le Guin". Por ello, en el libro son pocas las grandes manifestaciones mágicas, aunque hay algunas realmente espectaculares, como la gran demostración de Mr. Norrell en la catedral de York o el bloqueo marítimo a los franceses mediante barcos construidos con agua (dos de los capítulos más impresionantes de toda la obra). Y es que la magia es una disciplina que requiere un arduo estudio, aparte de una cierta habilidad innata. La magia es algo intrínsecamente difícil. Y, por tanto, no es algo que siempre funcione. Hay muchos hechizos que parecen inútiles, que no alcanzan el propósito deseado, que no se dominan totalmente. A lo largo de la novela, vamos asistiendo al desarrollo de las habilidades mágicas de los dos protagonistas, a sus éxitos y a sus fracasos, a sus descubrimientos e investigaciones. Muchas veces su compresión de lo que hacen es incompleta, y precisamente eso es lo que constituye uno de los núcleos de la historia: por un hechizo precipitado entra en juego un nuevo personaje que hará que muchas cosas cambien de rumbo...
 
Pero en Jonathan Strange and Mr. Norrell no todo es la magia. Fundamentalmente, la novela es un retrato de una sociedad y, como tal, está llena de detalles costumbristas muy al estilo de Jane Austen (no en vano la autora reconoce que su novela favorita es Emma). Esta cuidada ambientación se entremezcla con el ambiente mágico, con las preciosas ilustraciones de la edición inglesa y con un fino sentido del humor y de la ironía, para construir una historia que se degusta línea a línea. Porque éste no es un libro para leer con prisa. Es un libro largo (casi 800 páginas en inglés), que merece ser disfrutado con calma, dejándonos sumergir en esa historia alternativa de la Inglaterra mágica del siglo XIX.

lunes, 23 de enero de 2012

Diamond Dogs, Turquoise Days, de Alastair Reynolds

Aprovechando que estamos inmersos en la lectura grupal de Blue Remembered Earth recupero una reseña de otro libro de Alastair Reynolds, publicada originalmente en Estación de Nieblas. Al igual que ocurre con la reseña de Médula que rescaté la semana pasada, han pasado ya unos añitos desde que la escribí, así que algunos datos (sobre todo referidos a la publicación de las obras de Reynolds en español) están un poco desfasados. Sin embargo, mi opinión sobre esta obra es básicamente la misma, así que reproduzco la reseña sin cambios.



Alastair Reynolds es conocido en nuestro país por sus dos novelas Espacio Revelación y Ciudad Abismo, situadas en el mismo universo. Ambas tienen una considerable longitud y presentan varias subtramas que se van entrelazando hasta llegar a un resolución común de todas ellas. Sin embargo, Reynolds también se prodiga en extensiones más reducidas. Y con gran maestría, como demuestran las dos novelas cortas que tienen lugar en el universo de Espacio Revelación y se encuentran recogidas en Diamond Dogs, Turquoise Days.


El punto de partida de "Diamond Dogs" es el descubrimiento en el lejano planeta Golgotha de la Espira de Sangre, una misteriosa torre de origen desconocido y seguramente alienígena. En un comienzo al más puro estilo del mejor cine de aventuras o de ciertos cómics (como La liga de los hombres extraordinarios), el excéntrico y casi literalmente diabólico Richard Childe reúne a un grupo de personajes con distintas habilidades: una mercenaria, un piloto espacial, una brillante matemática, un especialista en implantes cibernéticos... Juntos emprenden una expedición - que recuerda a la de los peregrinos de Hyperion - para intentar desvelar los secretos de la Espira, una construcción repleta de trampas y enigmas que hace pagar caros los errores de cualquiera que se aventura dentro de ella.

El argumento es semejante a El laberinto de la luna de Algis Budrys, o películas como Cube o Indiana Jones, inspiración que el propio autor reconoce en una serie de inteligentes guiños y complicidades con el lector. Sin embargo, Reynolds consigue en esta historia un resultado mucho más satisfactorio que la (¿por qué no decirlo?) aburrida e insulsa novela de Budrys.

El inconfundible estilo del autor, en el que se mezclan terror, ciencia-ficción y escenarios góticos alcanza aquí cotas de auténtica perfección. El ritmo es vertiginoso, la sensación de misterio está excelentemente conseguida, los momentos de tensión y terror están perfectamente dosificados. La ambientación es inmejorable, con una torre amenazante, que resulta claustrofóbica, que parece viva porque seguramente lo está, que es sin duda inteligente pero carece de cualquier sentimiento de piedad. Los personajes también son fascinantes, especialmente el intrigante y retorcido Doctor Trintignant, que encarna lo mejor y lo peor de esa alianza impía de naturaleza y tecnología, de lo vivo y lo mecánico que rezuman todas las obras de Alastair Reynolds. Este siniestro personaje está obsesionado en grado superlativo con realizar implantes cada vez más extremos y sus modificaciones van transformando a los miembros del equipo para adaptarlos a los nuevos retos de la Espira de Sangre. El autor aprovecha este proceso para elaborar las imágenes más impactantes de toda la narración, en la que se suceden peligros insospechados, acertijos matemáticos y descubrimientos sorprendentes, hasta llegar a un final de los que se quedan grabados en la memoria.

El aficionado a Reynolds encontrará, como aliciente extra, apariciones laterales (que sirven de ambientación, más que otra cosa) de algunos elementos de otras novelas, como los Ultras, la Plaga o el Monumento a los Ochenta. Todo ello se conjuga para lograr una historia que se disfruta desde la primera a la última página, de esas que es prácticamente imposible dejar una vez que se ha comenzado a leer. Sencillamente una de las mejores novelas cortas que he leído nunca.

En "Turquoise Days" el ambiente gótico es sustituido por un entorno más poético, pero igualmente subyugante. Turquoise es uno de los planetas oceánicos en los que habitan los misteriosos Malabaristas de Formas, una especia alienígena que vive en el agua. La mente de aquellos que se sumergen a nadar en su proximidad es copiada y asimilada por los Malabaristas de Formas, formando una suerte de entidad comunal. Además, en muchas ocasiones los Malabaristas transforman a la persona que nada con ellos, a veces de manera sutil, a veces radicalmente, dándole capacidades especiales. Y en otras, el nadador simplemente desaparece sin dejar rastro.

Naqi Okpik vive en Turquoise y se dedica, junto con su hermana Mina, a investigar a los Malabaristas de Formas. Un día, descubre una formación especialmente extraña de Malabaristas y convencida por Mina, se sumerge junto a ella en el océano. La experiencia es maravillosa y excitante, pero cuando sale del agua se da cuenta de su hermana ha desaparecido. Años más tarde, Naqi sigue investigando a los Malabaristas cuando a Turquoise llega una nave espacial. Es un suceso infrecuente, ya que Turquoise es un mundo que ha elegido vivir en un relativo aislamiento. La llegada de esta nave y de su tripulación, también interesada en el estudio de los Malabaristas, trastocará completamente la vida del planeta con una serie de intrigas, conspiraciones y traiciones. En todo ello, Naqi se verá involucrada mientras aún intenta superar la pérdida de su hermana.

A diferencia de "Diamond Dogs" donde trama y decorado acaparan el protagonismo a partes iguales, en "Turquoise Days" el principal atractivo viene de las descripciones de los Malabaristas de Formas. Esta raza extraterrestre ya aparece en Espacio Revelación, rodeada de un halo de misterio. El reto para Reynolds, por tanto, es penetrar en ese misterio sin romper el encanto. Y lo consigue, porque "Turquoise Days" transmite perfectamente la sensación del encuentro con los Malabaristas, con esa mezcla de reverencia, curiosidad y temor ante lo desconocido y maravilloso. Así, la ambientación se convierte en el punto fuerte de este relato, en el que los acontecimientos son meras excusas para presentar un planeta bucólico, con sus ciudades flotantes y su océano inmenso, envuelto en el aura de fascinación de una intrigante especie alienígena.

Dos novelas cortas, en resumen, que vuelven a poner de manifiesto la capacidad de crear mundos sugerentes y la fecunda imaginación de Alastair Reynolds. Un lectura absolutamente recomendable para los que ya han conocido a este autor a través de sus novelas y una forma inmejorable de iniciarse en el fascinante universo de Espacio Revelación para aquellos que aún no lo conocen. Yo, por mi parte, estoy deseando leer cuanto antes Redemption Ark.

martes, 17 de enero de 2012

Reseña de Marrow (Médula) de Robert Reed

En la entrada de hoy recupero una reseña de Marrow (Médula) de Robert Reed, novela que he incluído en mi lista de 20 de mis novelas favoritas de de los últimos años. Este post fue publicado originalmente hace casi 6 años en la sección Versión Original de Estación de Nieblas, página que desde entonces ha evolucionado, centrándose en todo lo referente a la AsturCon y presciendiendo de las secciones de reseñas y de los foros que en su día albergó.

Puesto que ya ha pasado un tiempo, unos pocos datos están desfasados (como ejemplo más notable, Marrow ha sido traducida y publicada en castellano) pero creo que la reseña sigue reflejando fielmente mi opinión de la novela, así que he decidido (re)publicarla sin ninguna modificación. Espero que os guste: 

Mucho se ha debatido sobre el "sentido de la maravilla" en la literatura de ciencia ficción. Ese sentimiento que nos embarga cuando nos encontramos con artefactos increíbles, con alienígenas sorprendentes o con conceptos inusitados, es un ingrediente fundamental y, para algunos, una de las características más definitorias del género. Son muchos los que opinan que el sentido de la maravilla alcanzó su mayor exponente en la Edad de Oro y que, de alguna manera, pertenece ya a un pasado más glorioso. Sin embargo, autores modernos como Alastair Reynolds, John C. Wright o Peter F. Hamilton han rescatado y actualizado todas estas sensaciones. A esa lista hay que añadir, sin duda, a Robert Reed. 

Su novela Marrow es una extraordinaria colección de aventuras, conspiraciones, misterios y sorpresas en un marco que desborda la imaginación y encandila al lector: una misteriosa nave del tamaño de Júpiter. De origen desconocido y aparentemente abandonada a su suerte, la Gran Nave fue descubierta cuando su curso se cruzó con la Vía Láctea. Interceptada y colonizada por los humanos ahora ha sido convertida en un vehículo de transporte que circunnavega la galaxia recogiendo pasajeros y entregando mercancías. Pese a que la mayor parte de la nave ha sido explorada, sus grandes misterios aún no han sido desvelados. ¿Quién la ha construido y para qué? ¿En qué momento? ¿Por qué ha sido abandonada? Todas estas incógnitas cobran aún mayor trascendencia cuando se produce un sorprendente descubrimiento: en el interior de la Gran Nave, en su mismo centro, se encuentra un planeta. La exploración de este nuevo mundo bautizado acertadamente como Marrow (tuétano) deparará innumerables aventuras y revelará algunos de los secretos de la Gran Nave, de sus Constructores y de sus objetivos al diseñarla. 

He de reconocer que, personalmente, este argumento me parece uno de los más impactantes e intrigantes que me he encontrado en mucho tiempo, una especie de Cita con Rama elevado a la enésima potencia. A partir de ahí, Reed tenía mucho terreno ganado para conseguir que la historia me gustase. Y vaya si lo ha conseguido. En la novela, extremadamente amena, nos encontramos con exóticas especies alienígenas, intrigas por el poder, interesantes sociedades y multitud de aventuras en circunstancias sumamente adversas. Todo ello engarzado por el hilo común de la fascinante exploración de la Gran Nave y sus secretos. Reed administra estos sugerentes elementos de forma magistral, consiguiendo un cóctel tremendamente atractivo que no dudo en recomendar a cualquier aficionado a la buena ciencia ficción.

Pese a todas estas virtudes, el libro, desde luego, no es perfecto. El estilo no es demasiado brillante. Los personajes no están especialmente bien desarrollados. Además, para que las cosas encajen, el autor recurre a multitud de truquillos, que algunas veces son demasiado evidentes. ¿Que la nave tarda millones de años en realizar su viaje? No hay problema, hacemos que la tripulación sea inmortal y todo arreglado. Eso sí, para haber vivido unos cuantos milenios a veces resultan bastante inocentes. 

En cualquier caso, antes de empezar a leer Marrow, no me esperaba una joya estilística ni una sesuda disquisición sobre el efecto de la inmortalidad en la evolución de la sicología humana. Marrow da, ni más ni menos, lo que promete: toneladas de entretenimiento. De hecho, diría que es una de las lecturas más divertidas con las que me he topado últimamente. Exploraciones y descubrimientos, traiciones y enfrentamientos se suceden unos a otros a lo largo de las páginas de un libro que, pese a no ser especialmente corto (supera las 500 páginas en su edición de bolsillo), nunca se hace pesado. Para agilizar la narración, el autor recurre nuevamente a algunos ardides. Somos inmortales, ¿no? entonces, ¿qué significan unos cuantos cientos de años para nosotros? Así, en ciertos momentos nos encontramos con que, de un párrafo a otro, la historia ha avanzado mil años como quien no quiere la cosa. Desde luego, esto redunda en un ritmo más vivo, aunque a veces puede desconcertar al lector despistado. 

Finalmente, en una época en la que están de modas las trilogías, tetralogías y demás sagas casi infinitas, Marrow no podía ser una excepción. La obra surge originalmente como ampliación de la novela corta homónima (que fue nominada para los premios Hugo) y en el marco de algunas otras historias situadas en el mismo universo. A su vez, aunque tiene un final bastante cerrado, este libro prepara claramente el terreno para el par de secuelas (una novela corta y otra "larga"), que han visto la luz en los pasados años. Y puede que haya más a la vista. Según se mire, esto puede ser interpretado como un defecto (esas interminables series de decreciente calidad) o como una excelente oportunidad de seguir disfrutando de la desbordante imaginación de Robert Reed. 

Por mi parte, estaré encantado de sumergirme de nuevo en la exploración de la Gran Nave, viajando entre las galaxias y contemplando maravillas.