Sin Solapas, el blog de Carlos García (@cagafo), es uno de mis sitios de reseñas favoritos. A otras webs acudo para saber si debo o no leer un libro. Pero a Sin Solapas acudo para disfrutar, sí, disfrutar, de las reflexiones que allí se encuentran. No me importa de qué libro se hable, ni si es bueno o es malo, porque sé que Carlos me hará sonreir y reflexionar y que, al finalizar, habré aprendido algo nuevo sobre la literatura. Y sobre cómo se debe escribir sobre libros.
Hoy tengo la gran suerte de poder publicar una reseña que Carlos me ha cedido. Y no cualquier reseña, sino la de uno de mis libros favoritos: Axiomatic de Greg Egan. Sentaos cómodamente, relajaos y disfrutad.
Hay científicos poetas. Científicos que usan metáforas
e imágenes para dar pasos adelante. Algunos gigantes han usado recursos de la
imaginación para sobrepasar el estado de las cosas en sus propios ámbitos
cuando chocaron con sus respectivos muros. Algunos han llegado a una elegancia
que no se puede conseguir con palabras. Hoy día parece que haya un intento, un
poco idiota, por parte de algunos divulgadores – poned nombres vosotros mismos –
para reducir a palabras mágicas y poesía conceptos que quedan ensuciados por
ese lenguaje.
Esto es hacer ficción de la ciencia: pensar que
el forcejeo técnico, el esfuerzo y las horas desabridas que conlleva captar un
concepto – cuánto más descubrirlo – se puedan traducir con fidelidad a algo tan
impreciso como el lenguaje. No hay palabras para describir la belleza de la
igualdad de Euler, ni el esfuerzo y el genio que llevaron a ella. Sin embargo
sí que hay algo que se puede trasladar al lenguaje: su sentido de la maravilla.
Eso no lo pueden conseguir los divulgadores. Eso sólo lo pueden hacer quienes
pertrechados con bagaje científico, quienes comprendiendo los caminos y
mecanismos de las ciencias, tienen el don de las palabras para comunicar lo que
se sospecha que pueda quedar en algún rincón de lo posible y, yendo un paso
más allá, lo hacen real en la ficción. Eso es la Ciencia Ficción.
Eso es Greg Egan en Axiomatic, una recopilación de cuentos en los que Egan especula. “Especular”
en su más primero sentido: en el de examinar con detenimiento, ahondar en un
concepto y examinarlo hasta una consecuencia. La consecuencia final que unifica
esta colección de cuentos, es la humana: ¿qué sucede sobre un humano cuando una
teoría arriesgada es un hecho?
No se pide a Egan personajes y psicologías
factibles. No dará relaciones humanas intensas, calidez y conflicto de
emociones. No se pide a Egan lo humano. Egan solo da lo que podría llegar a ser
lo humano, en el límite de la física, de las matemáticas, de la biología, y con
un rigor, dureza y sequedad algebraicas. Captar los razonamientos de Axiomatic
en toda su extensión puede exigir algo más que haber oído campanas de mecánica
cuántica, como en The Infinite Assassin. Quizá
este sea un ámbito que al lector de ciencia ficción se le presupone, como la
genética, pero no es tan común la epidemiología de Blood Sisters, la endocrinología en The Caress, o la lírica estadística de The Safe-Deposit Box. Rizando el rizo, para captar enteramente el
sentido completo de solo un título (Unstable
Orbits in the Space of Lies), Egan obliga a conocer qué es una
transformación infinitesimal: una apilación de sentidos que sería la envidia de
Quevedo. En este sentido Greg Egan es posiblemente el más duro de los duros
escritores de ciencia ficción que este que suscribe, no tan curtido lector de
ciencia ficción, haya leído.
Esto no es un mérito en sí mismo, aunque el
vuelo de lo científico es muy alto. Tampoco es un mérito de Axiomatic la brillantez formal: Egan
presenta defectos de estructura y en más de una ocasión los finales no son todo
lo redondos que pudiera esperarse, cojeando cuando la especulación se desinfla
en algún punto del cuento. Egan tampoco pasa de escritor competente, no es un
gran estilista pese a que a veces tiene destellos sorprendentes. Cuando Egan realmente
deslumbra es cuando se convierte en poeta e imagina un Bodhissatva en un modelo
matemático en Eugene; cuando difumina
un inicio y un final en una fantasía de mitología borgiana en The Caress; cuando rompe los espejos de
la realidad en una espuma cuántica de posibilidades en The Infinite Assassin o de paradojas, en The Hundred-Light-Year-Diary; cuando en Appropriate Love mira las emociones y se pregunta si se puede
superar la moralidad esencial (¿o tal vez es repugnancia?) que nace de las más
profundas. Pero, sobre todo, en Axiomatic
Egan me ha dejado con la boca abierta en tres ocasiones, a lo largo de tres
cuentos enteros, en los que todo funciona y a los que no puedo poner reproche
alguno.
La primera: cuando noté el escalofrío de lo
que alcanza su objetivo al descubrir en The
Safe Deposit Box la mente de un hombre carente de constantes, una
personalidad nacida de la fluctuación aleatoria y muestra el significado de
niñez, amor, o cansancio en alguien así.
La segunda: cuando en Learning to be Me, Egan ejemplifica treinta años de filosofía de la
conciencia y la subjetividad, y deja una sensación helada en la médula de los
huesos al plantear una pregunta mucho más allá de lo existencial: ¿quién eres
tú?
Y la tercera ocasión, cuando más me ha
impresionado: en The Vat: A Romantic Comedy,
un cuento sin nada de comedia o romanticismo, ante el que me descubro por la
frialdad, precisión y dureza de las frases que conducen de la autoconciencia
perfecta a la psicopatía:
“If he stabbed her in the heart, only the
tiniest fraction of them would be killed directly by the blade - just a few
million cells in her skin, her soft tissue, her heart muscles. The death of her
neurons would be almost coincidental, more a product of this organism's poor
design than anything else. A slime mould would easily survive similar treatment.”
… y en el que después de leerlo cuatro veces
todavía dudo si se trata la ciencia o la locura.
El Egan en Axiomatic
me ha deslumbrado como poeta de lo formal, como tejedor de lo posible. Como alguien
que con el lenguaje enseña la maravilla de la ciencia en no más de treinta
páginas, con las que logra proponer el turbador resultado filosófico de una
proposición científica al límite. Este
es un libro con la concisión y belleza que sólo puede dar lo matemático.
Un axioma, un corolario.