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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Sense of Wonder se quita las solapas

Hace unos días tuvimos el placer de contar en este blog con una estupenda reseña de Axiomatic a cargo de Carlos García de Sin Solapas.  Pues bien, hoy se giran las tornas y es un servidor el que tiene el inmenso honor de participar en aquel blog con una crítica... peculiar.

Y es que en Sin Solapas comienza una sección que creo que os va a encantar: 50 pages or death. Por ella iremos pasando diversos bloggers para hablar de libros que no hemos podido terminar... o desearíamos ni haber empezado.

En mi caso he escogido The Dark Heroine: Dinner With a Vampire de Abigail Gibbs. Sólo con leer la frase promocional ("The sexiest romance you'll read this year") os podéis hacer una idea de la bazofia que se esconde en sus páginas. 

Espero que os guste la reseña y que os alejéis lo más posible de este libro.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Carlos García reseña Axiomatic de Greg Egan

Sin Solapas, el blog de Carlos García (@cagafo), es uno de mis sitios de reseñas favoritos. A otras webs acudo para saber si debo o no leer un libro. Pero a Sin Solapas acudo para disfrutar, sí, disfrutar, de las reflexiones que allí se encuentran. No me importa de qué libro se hable, ni si es bueno o es malo, porque sé que Carlos me hará sonreir y reflexionar y que, al finalizar, habré aprendido algo nuevo sobre la literatura. Y sobre cómo se debe escribir sobre libros.

Hoy tengo la gran suerte de poder publicar una reseña que Carlos me ha cedido. Y no cualquier reseña, sino la de uno de mis libros favoritos: Axiomatic de Greg Egan. Sentaos cómodamente, relajaos y disfrutad.

Hay científicos poetas. Científicos que usan metáforas e imágenes para dar pasos adelante. Algunos gigantes han usado recursos de la imaginación para sobrepasar el estado de las cosas en sus propios ámbitos cuando chocaron con sus respectivos muros. Algunos han llegado a una elegancia que no se puede conseguir con palabras. Hoy día parece que haya un intento, un poco idiota, por parte de algunos divulgadores – poned nombres vosotros mismos – para reducir a palabras mágicas y poesía conceptos que quedan ensuciados por ese lenguaje.

Esto es hacer ficción de la ciencia: pensar que el forcejeo técnico, el esfuerzo y las horas desabridas que conlleva captar un concepto – cuánto más descubrirlo – se puedan traducir con fidelidad a algo tan impreciso como el lenguaje. No hay palabras para describir la belleza de la igualdad de Euler, ni el esfuerzo y el genio que llevaron a ella. Sin embargo sí que hay algo que se puede trasladar al lenguaje: su sentido de la maravilla. Eso no lo pueden conseguir los divulgadores. Eso sólo lo pueden hacer quienes pertrechados con bagaje científico, quienes comprendiendo los caminos y mecanismos de las ciencias, tienen el don de las palabras para comunicar lo que se sospecha que pueda quedar en algún rincón de lo posible y, yendo un paso más allá, lo hacen real en la ficción. Eso es la Ciencia Ficción.

Eso es Greg Egan en Axiomatic, una recopilación de cuentos en los que Egan especula. “Especular” en su más primero sentido: en el de examinar con detenimiento, ahondar en un concepto y examinarlo hasta una consecuencia. La consecuencia final que unifica esta colección de cuentos, es la humana: ¿qué sucede sobre un humano cuando una teoría arriesgada es un hecho?

No se pide a Egan personajes y psicologías factibles. No dará relaciones humanas intensas, calidez y conflicto de emociones. No se pide a Egan lo humano. Egan solo da lo que podría llegar a ser lo humano, en el límite de la física, de las matemáticas, de la biología, y con un rigor, dureza y sequedad algebraicas. Captar los razonamientos de Axiomatic en toda su extensión puede exigir algo más que haber oído campanas de mecánica cuántica, como en The Infinite Assassin. Quizá este sea un ámbito que al lector de ciencia ficción se le presupone, como la genética, pero no es tan común la epidemiología de Blood Sisters, la endocrinología en The Caress, o la lírica estadística de The Safe-Deposit Box. Rizando el rizo, para captar enteramente el sentido completo de solo un título (Unstable Orbits in the Space of Lies), Egan obliga a conocer qué es una transformación infinitesimal: una apilación de sentidos que sería la envidia de Quevedo. En este sentido Greg Egan es posiblemente el más duro de los duros escritores de ciencia ficción que este que suscribe, no tan curtido lector de ciencia ficción, haya leído.

Esto no es un mérito en sí mismo, aunque el vuelo de lo científico es muy alto. Tampoco es un mérito de Axiomatic la brillantez formal: Egan presenta defectos de estructura y en más de una ocasión los finales no son todo lo redondos que pudiera esperarse, cojeando cuando la especulación se desinfla en algún punto del cuento. Egan tampoco pasa de escritor competente, no es un gran estilista pese a que a veces tiene destellos sorprendentes. Cuando Egan realmente deslumbra es cuando se convierte en poeta e imagina un Bodhissatva en un modelo matemático en Eugene; cuando difumina un inicio y un final en una fantasía de mitología borgiana en The Caress; cuando rompe los espejos de la realidad en una espuma cuántica de posibilidades en The Infinite Assassin o de paradojas, en The Hundred-Light-Year-Diary; cuando en Appropriate Love mira las emociones y se pregunta si se puede superar la moralidad esencial (¿o tal vez es repugnancia?) que nace de las más profundas. Pero, sobre todo, en Axiomatic Egan me ha dejado con la boca abierta en tres ocasiones, a lo largo de tres cuentos enteros, en los que todo funciona y a los que no puedo poner reproche alguno.

La primera: cuando noté el escalofrío de lo que alcanza su objetivo al descubrir en The Safe Deposit Box la mente de un hombre carente de constantes, una personalidad nacida de la fluctuación aleatoria y muestra el significado de niñez, amor, o cansancio en alguien así.

La segunda: cuando en Learning to be Me, Egan ejemplifica treinta años de filosofía de la conciencia y la subjetividad, y deja una sensación helada en la médula de los huesos al plantear una pregunta mucho más allá de lo existencial: ¿quién eres tú?

Y la tercera ocasión, cuando más me ha impresionado: en The Vat: A Romantic Comedy, un cuento sin nada de comedia o romanticismo, ante el que me descubro por la frialdad, precisión y dureza de las frases que conducen de la autoconciencia perfecta a la psicopatía:

“If he stabbed her in the heart, only the tiniest fraction of them would be killed directly by the blade - just a few million cells in her skin, her soft tissue, her heart muscles. The death of her neurons would be almost coincidental, more a product of this organism's poor design than anything else. A slime mould would easily survive similar treatment.”

… y en el que después de leerlo cuatro veces todavía dudo si se trata la ciencia o la locura.

El Egan en Axiomatic me ha deslumbrado como poeta de lo formal, como tejedor de lo posible. Como alguien que con el lenguaje enseña la maravilla de la ciencia en no más de treinta páginas, con las que logra proponer el turbador resultado filosófico de una proposición científica al límite.  Este es un libro con la concisión y belleza que sólo puede dar lo matemático.

Un axioma, un corolario.

(Reseña original de Carlos García de Sin Solapas)