Tengo el placer de presentar hoy a un nuevo colaborador de lujo: Pablo Bueno, autor de La piedad del Primero y La hora de los desterrados y uno de los organizadores del Festival Niebla (además de gran amigo y excelente persona), que nos hablará de Castillos en el aire, la antología seleccionada por Mariano Villarreal. Quiero dar las gracias a Pablo por esta reseña y espero que os guste mucho.
Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Images pour Orchestre No 2, de Claude Debussy (Spotify, YouTube).
Castillos
en el aire/Castles
in Spain parte de una iniciativa de Mariano Villarreal para reunir algunos
de los mejores relatos escritos en español y traducirlos al inglés en una
edición gemela. La idea era, no solo crear una antología con estas
características, sino tratar de luchar activamente contra esa losa que supone
la barrera idiomática para los escritores españoles a la hora de ver nuestra
producción publicada en el extranjero (AKA “en inglés”).
Empezaré diciendo que, cuando comenzaba a
esbozar esta reseña, me prometí no destacar ninguno de los relatos porque,
siendo como es una recopilación de los mejores relatos escritos en Español, el
nivel medio se confirmó muy alto. Pero entonces se cruzó el extraordinario “El rebaño”, de César Mallorquí y me hizo
dudar. Algo después, “Víctima y verdugo”,
de Eduardo Vaquerizo, me hizo ver que, inevitablemente, tendría que comentar
estas joyas.
El primero sitúa la cámara tras un perro
pastor que sigue haciendo sus deberes en un mundo en el que la humanidad se ha
extinguido. La perspectiva, la idea, pero sobre todo el modo de llevarla es tan
tierno y, a la vez, terrible, que el relato resulta sobrecogedor.
El de Vaquerizo es totalmente distinto:
la acción transcurre en un territorio indiano del imperio español ucrónico que
ya nos mostró en Danza de tinieblas.
Las palabras que nos lanza el relato están llenas de sudor, humedad y un
ambiente tan desasosegante que la lectura se vuelve inquieta y dolorosa desde
la primera página. Y eso, quede claro, es un elogio; es una narración absoluta
y deliciosamente brutal.
Aparte de estos dos, como decía al
principio, la antología está llena de grandes relatos. La ambigüedad de “La estrella”, de Elia Barceló, o las
ideas de “El bosque de hielo”, de
Juan Miguel Aguilera, son magistrales. La inquietante psicología de “Mi esposa, mi hija”, de Domingo Santos,
tiene el sabor de los thrillers que no lo parecen en un principio. “El mensajero de Dios”, de Rodolfo
Martínez, sorprende, entre otras cosas, por su premisa y su incomprensible
capacidad descriptiva en un entorno inimaginable. “En las fraguas marcianas”, de León Arsenal, destaca por el trabajo
de creación de mundo y ambientación que realiza con apenas unos trazos. “Una canica en la palmera”, de Rafael
Marín, tiene quizá el componente más suave de fantasía de todos, al menos en
proporción, pero resulta tierno y delicado como ninguno. “La nave de los albatros posee”, como no podía ser de otro modo
siendo Félix J. Palma su autor, una altura narrativa y descriptiva descomunal.
Y no quiero tampoco olvidarme de la portada de Manuel Calderón que adorna el
volumen: me parece puro arte y un acierto mayúsculo para la antología que
tenemos entre manos.
En realidad solo ha habido un relato que
me ha torcido el gesto y, quede claro, no porque no tenga calidad en sí mismo: “La cacería secreta” está escrito por un
monstruo como Javier Negrete, que tiene en su haber la saga de Tramórea, un
referente claro de la épica moderna en nuestro país. Sin embargo, para encontrar
todo el significado que los hechos que se narran tienen para Derguín, su
protagonista, es necesario conocer la historia de La espada de fuego. De otro modo, entiendo que el relato queda algo
cojo, aunque es una historia atractiva y bien escrita. Tengo que decir, no
obstante, que entiendo el motivo de incluirlo en esta antología si lo pensamos
desde el punto de vista de dar una visión amplia de la producción española,
entre la que se encuentra la épica, claro está.
Y es que Castillos en el aire es una de esas obras en las que el papel del
antólogo resulta crítico. Entre otras cosas porque la producción en español es
ingente y seguramente haya relatos que, de manera aislada, destaquen sobre
algunos de los seleccionados. Pero sucede que este tipo de antologías no son
simplemente una agrupación de relatos, sino un ente en sí mismas que aglutinan
los escritos en torno a una idea. Y la idea que subyace, o la que yo, al menos,
percibo en esta obra, es, como decía hace un momento, la de dar una visión lo
más amplia y certera de la producción fantástica en español, no solo de cara a
nuestro país, sino orientada más allá de nuestras fronteras.
En este sentido, creo que la labor de
selección es, sencillamente, soberbia. La antología cuenta con relatos
ciberpunk, de ciencia ficción (casi) dura, fantasía épica y ucrónica, y también
de esos que casi parecen costumbristas, hasta que dejan de serlo. Los hay
luminosos y oscuros; los hay que juegan con los sentimientos de un modo
profundo y descarnado. Los hay de acción y, casi, contemplativos; barrocos y
directos en el lenguaje…
En fin, creo que Castillos en el aire es una antología muy completa y, sobre todo,
que cumple perfectamente con los objetivos marcados. Además, entiendo que goza,
no solo de un evidente valor intrínseco, sino también de una suerte de memoria,
de un ropaje en forma de legado lleno de fuerza del pasado hacia el futuro. Ojalá
sirva también para atacar con fuerza los muros idiomáticos que tan altos
sentimos los que escribimos en español.
Ha sido un placer leerla y un gustazo
conocer todos estos relatos que, como se puede entender, para muchos serán
agradables recuerdos pero, para otros, son descubrimientos sorprendentes.
Gracias a Sportula por haber apostado por un proyecto así y a Mariano
Villarreal por su trabajo infatigable. También a los traductores, a menudo poco
reconocidos por la enorme labor que realizan.
Caray como fichas para el blog, con estrellas que tienen cántico propio y todo XD Pues ya en el Celsius tras la presentación tenía claro que lo iba a leer, así que pronto me haré con él dado que la pinta sigue siendo excelente, y eso que yo y los relatos no somos grandes amigos, pero este año ya me lleve la ostia con Tim Pratt para llevar mis convicciones a la basura. Un abrazo^^
ResponderEliminarMientras otros se peleaban por Pogba, yo aproveché el Celsius para hacer un fichaje galáctico :)
ResponderEliminarY anímate con Castillos en el aire, que tiene relatos realmente excelentes.
Pues tengo pendiente esta antología aunque no tardará... me da pena que no este ahí el gran Cotrina, más cuando es amigo de Mariano, quizás en la próxima.
ResponderEliminarHay muchos autores que se han quedado fuera por cuestiones de espacio. Cotrina uno de ellos, sin duda.
ResponderEliminarSí, sí, era un comentar sin malicia ninguna. Una antología no es suficiente para todos... Mariano trabaja para la CIFI española como pocos, sin duda, y es de agradecer para los que somos seguidores de este género.
EliminarAsí lo había entendido, no te preocupes :) A ver si la antología tiene buena acogida y se pueden publicar más con el mismo espíritu
ResponderEliminarHola, muchas gracias por la reseña y vuestras palabras.
ResponderEliminarMuchos autores se quedaron fuera por falta de espacio; también me hubiera gustado incluir alguna escritora más. Pese a todo, el editor y yo estamos satisfechos con el resultado, ahora solo queda que el libro tenga buena acogida para, quien sabe, pensar en una nueva entrega, posiblemente con otros objetivos (éste tenía la mirada puesta en la EuroCon de Barcelona a finales de año, por lo que la edición en inglés era imprescindible).
Mariano
Esperemos que en a raíz de la EuroCon la antología llegue a más lectores anglosajones y ésta sea sólo la primera de muchas más recopilando lo mejor de la literatura fantástica producida en nuestro país :)
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