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viernes, 3 de mayo de 2019

Pablo Bueno reseña Lago negro de tus ojos, de Guillem López

Tengo el honor de ofreceros una nueva reseña de Pablo Bueno, que en esta ocasión nos habla de Lago negro de tus ojos, la obra más reciente de Guillem López. ¡Espero que os guste mucho!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Double Nature, de Mustach (YouTube, Spotify)

Últimamente he tenido el placer de leer bastantes novelas cortas, un formato que, como ya he comentado alguna vez, cada vez me gusta más. Sin embargo, casi siempre han sido obras de autores foráneos. No es el caso de la que hoy os traemos a Sense of Wonder: el sello Runas ha publicado hace poco más de dos semanas Lago de negro de tus ojos, de Guillem López. 

La historia parte de la siguiente premisa: desde que tiene lugar El Incidente, un gran número de lagunas de origen desconocido y con inquietantes propiedades aparecen por todo el planeta. De ellas, la más grande con diferencia es la que se encuentra en El Clot. 

Es allí adonde llega Carla, una periodista a la que le encargan investigar la desaparición de una conocida actriz para publicar un artículo al respecto. Pero es que Carla había vivido en El Clot. De hecho, se crió allí y sucedió algo que la hizo marcharse. Creo que es mejor no desvelar mucho más de la trama, porque una de las características que marcan la narración de Guillem es la dosificación tremendamente conservadora que va haciendo de la información. Los personajes hablan de una forma muy realista e incluso tendremos acceso a las reflexiones del narrador, pero, aun así, no terminaremos de coger del todo el hilo de lo que pasa (y pasó) hasta bien avanzado el libro.

Ahondando un poco en este punto, hay que mencionar que uno de los atractivos de la historia es dicho narrador, que resulta especialmente interesante, sobre todo, por dos cuestiones: la primera es que es uno de los personajes de la obra, uno cuya principal afición es el dibujo, por lo que a menudo nos habla de las escenas que estamos leyendo tal y como él las ha reflejado en las páginas de un cómic. Este recurso funciona muy, muy bien. No solo porque trasciende lo físico para describir los ambientes, la atmósfera de las propias escenas. Es que, además, redunda en beneficio de la segunda cuestión, ya que pronto nos damos cuenta de que no podemos estar muy seguros de si lo que nos cuenta dicho personaje es cierto o no, lo que nos hace entrar todavía más en el ambiente de extrañeza que enseguida comienza a destilar la novela.

Respecto a la escritura, nos encontraremos con unos diálogos y una narración ágil y plagada de imágenes y giros retorcidamente siniestros (incluso bellos en su desagradable aspecto). Las descripciones de Guillem López, en particular, resultan en ocasiones tan certeras (casi hasta poéticas) que duelen en un territorio tan sombrío como en el que nos encontramos.

Y es que Lago negro de tus ojos es una obra que se va volviendo más y más oscura, más opresiva, más extraña. Incluso el puro realismo que encontramos en algunos momentos trabaja para hacernos entrar en el ambiente que asfixia a Carla en su pueblo natal. La desconfianza, los secretos y los personajes inquietantes nos observan desde sus páginas. Y luego están los insectos, ubicuos, simbologías permanentes que nos invitan a encontrar otros significados ocultos y sumergirnos en una ambigüedad en la que Guillem López se encuentra muy cómodo. Todo ello, en su conjunto, hace que la historia avance como una caída en picado y que el final se nos devore en un suspiro.

Poco más quiero añadir, porque, como el propio autor aconseja, es probable que sea mejor acercarse a esta obra sin demasiado conocimiento previo de la misma. Eso sí: no me resisto a lanzar al viento una humilde petición: estamos ante un autor muy valorado, con premios, lectores ávidos de sus obras y que, en general, ha obtenido críticas muy positivas y abundantes. Pero hay una historia (¿Dos libros? ¿Una saga?) de la que se sabe algo menos: La guerra por el norte y su continuación, Dueños del Destino, quizá la única incursión de Guillem en ese tipo de fantasía que esgrime espadas y hazañas como argumentos. Puede que, con el bagaje que tiene ya este autor a sus espaldas, fuera tiempo de que los fans pudiéramos disfrutar de la historia completa y en una edición como Crom manda. No dudo de que seríamos muchos los que nos acercaríamos corriendo a la librería a por ella. 

viernes, 1 de marzo de 2019

Pablo Bueno reseña Las monarquías de Dios, de Paul Kearney

Pablo Bueno nos trae hoy la reseña de una saga de fantasía que quizá merecería más reconocimiento del que parece tener, especialmente en nuestro país: Las monarquías de Dios, de Paul Kearney. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Old Bagdad, de la banda sonora del El guerrero número 13 (YouTube)

Hace unos días terminé la pentalogía de Las monarquías de Dios y las sensaciones que me deja son agridulces.

Hay que empezar diciendo que, en cierto modo, lo que Kearney consigue es lo que muchos hemos buscado con más o menos acierto: crear un mundo coherente, amplio, vasto incluso, pero que a la vez sea atractivo, interesante, original y consecuente con sus propias dinámicas.

En su propuesta, Kearney nos lleva a un escenario en el que ya se conoce la pólvora. Los barcos, aunque todavía veleros, están muy avanzados, al igual que la arquitectura. Pero, sin duda, lo más característico son los paralelismos que traza con nuestra propia historia universal: el descubrimiento de un continente en el oeste, las guerras entre ramusianos (“cristianos”) y merduk (“árabes”), las maniobras de una madre iglesia que tiene poco de caritativa y amorosa madre y mucho de agente de intriga política, etc. 

Y lo más importante es que tomar referentes que todos podemos identificar, aunque tengan distintos nombres, permite tratarlos de forma que las críticas o reflexiones resultan tan evidentes como sutiles e interesantes. Sobre todo al trazar la extrapolación obligada hacia nuestra realidad. Uno de los aguijonazos más certeros será el que nos brinda el tratamiento de las religiones ramusiana y merduk y sus consecuencias últimas.

Por otra parte, la escritura de Kearney es directa y muy efectiva. Es cierto que en ocasiones hay (largos) pasajes que se hacen (muy) largos, pero todo lo demás lo compensa con creces. Algo que destaca sobremanera es la exhaustiva documentación de que hace gala, sobre todo en lo concerniente al mar y a las embarcaciones. Creo que puedo afirmar sin temor a equivocarme que contiene la mejor escena de una tormenta marina que he leído en este tipo de literatura. Kearney conoce bien cada parte de un barco y la función que desempeña y eso se nota. Sus descripciones de las maniobras y las batallas de los navíos son magistrales. Quizá en los últimos libros peca un poco de academicismo, pero no hay duda de que, visto en su conjunto, le aporta una pátina de verosimilitud a destacar.

Quizá el gran fallo de la saga esté en la historia en sí, en la organización de las distintas partes, en el peso que se le da a los distintos personajes y eventos que van sucediendo simultáneamente y en la conclusión.

Siempre que leo una novela río, pienso que debe ser muy difícil hacer que todos los elementos que el autor pone encima de la mesa estén allí por algo y, al final, tengan su importancia en el desarrollo y culminación de la historia. En ese sentido creo que algunas de las fichas con las que juega Kearney son muy interesantes en un comienzo, pero luego quedan como figuras meramente decorativas y su interés decae. Sucede con algunas de las facciones en liza, pero también con algunos de los personajes que, a priori, suscitaron nuestro interés.

Pero gran parte del problema es el quinto libro de la saga. La historia queda bastante bien cuajada en el cuarto, aun sin haber resuelto muchas cuestiones, aunque ya en dicho volumen se nota una pérdida en el ritmo o en el interés de ciertas partes. Pero el salto temporal de aproximadamente década y media que observamos al llegar al último volumen, aunque desde el punto de vista formal es valiente e interesante, resulta algo insatisfactorio. 

Quiero explicarme lo mejor posible, porque sin duda ese quinto libro es importante para el desarrollo del argumento y coherente con la saga, pero de algún modo te desconecta de los personajes y desactiva la tensión que llevábamos acumulada. Hay personajes trascendentales que desaparecen de un plumazo y sin mayores consecuencias. Estoy a favor de que los personajes mueran si deben hacerlo, que no sean imperecederos e inmortales, pero creo que es un recurso que debe aportar algo. Lo mismo sucede con aquellos de los que dejamos de saber, sobre todo cuando se nos habían presentado como algo misterioso y a tener en cuenta.

Todos los que nos dedicamos a juntar palabras sabemos lo difícil que es mantener la tensión (mucho más, supongo, a lo largo de cinco libros) y lo que duele tener que prescindir, cercenar, partes de tu obra, pero a menudo la poda es necesaria en pro de un bien mayor. Una de las directrices que siempre tengo en mente cuando escribo (y que repito como un mantra cuando alguien me pide consejo) es: borra, borra y borra. Quita broza. Poda. Aligera. En este sentido no es admisible, creo, que después de cuatro números todo tenga que resolverse en un quinto a marchas forzadas, pues esa es la sensación que da. Ojo, a marchas forzadas según las propias dinámicas de la historia en sí: lo que en otros volúmenes supone un tiempo determinado para exponerse y digerirse en este caso lo encontramos abreviado y acelerado de un modo que tiene poco que ver con lo literario y mucho más, supongo, con el mundo editorial. Es casi como si algunas cuestiones estuvieran resumidas o apenas esbozadas. En definitiva, este último volumen no termina de encontrar su propio ritmo, algo que salvo en el cuarto, Kearney sí logra.

Por último, y sin perjuicio de la muy respetuosa crítica que hago a un área muy concreta de la obra de Kearney, la pregunta surge nada más terminar el primer libro: ¿por qué no es una saga más conocida? ¿Por qué las buenas obras no van, aunque sea poco a poco, consiguiendo el reconocimiento de los lectores aficionados a este tipo de literatura? Porque, sin ninguna duda, Las monarquías de Dios tiene muchas más virtudes que defectos y creo que los más avezados lectores de épica o similares estaréis de acuerdo conmigo en que nos hemos tragado (incluso con cierto deleite) obras de una calidad muy inferior que gozan de un reconocimiento que no se puede ni comparar. Me da lástima pensar que, al final, sean las grandes campañas de marketing lo que a menudo determina el éxito. Campaña que Kearney, supongo, no tuvo aquí. 

La conclusión es que, pese sus defectos, esta saga es interesante y los aficionados a este tipo de literatura la encontrarán bastante satisfactoria en su conjunto. Kearney consigue algunos momentos realmente brillantes y el tratamiento que hace de la política y de las escenas de batalla son notables. Sobre todo, como hemos dicho, en lo referente a lo naval.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Pablo Bueno reseña Ahí abajo, entre raíces y huesos, de Seanan McGuire

Pablo Bueno nos ofrece hoy la reseña de Ahí abajo, entre raíces y huesos, la excelente novela corta de Seanan McGuire. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Taikatalvi, de Nightwish (Spotify, YouTube). 

Después de una primera parte que disfruté muchísimo, Seanan Mcguire nos ofrece Ahí abajo, entre raíces y huesos.  En este caso, la serie de los Niños Descarriados sitúa la acción antes de los hechos que conocimos en el libro previo, lo que nos permitirá conocer mucho mejor a dos de los personajes más importantes del mismo.

Recordemos que Cada corazón, un umbral comenzaba precisamente donde suelen terminar la mayoría de los cuentos: cuando la aventura acaba y el protagonista vuelve a casa. Desde esa perspectiva, la historia previa de los personajes resulta aún más interesante de lo habitual. Particularmente en el caso de Jack y Jill, estábamos deseando saber de dónde venían y todo lo que les había sucedido para cambiar tanto, así como los motivos que las trajeron de vuelta al mundo “real”.

Desde un punto de vista formal, la primera parte del libro constituye una introducción que fácilmente podría pertenecer a un drama realista sobre las familias, sobre cómo a menudo los anhelos de los padres se proyectan sobre los hijos, frenando, cuando no cercenando, sus propias aspiraciones y, lo que es peor, su potencial e incluso su estabilidad emocional.

Aun así, hasta para los que solo vayan buscando el componente fantástico resultará una parte interesante, sobre todo por la gran labor de contextualización que supone. Eso sí, cuando McGuire se remanga y nos lleva a Los Páramos, la historia se convierte en algo que dispara el interés y la capacidad de evocación un mil por ciento. Será allí donde veremos realmente el desarrollo de las dos hermanas y cómo el condicionamiento previo al que las habían sometido sus padres reaccionará de forma imprevisible. Todo ello, además, en un entorno que, no me canso de decirlo, nos deja con ganas de saber más. Las pocas pinceladas que McGuire traza sobran para llenar el lienzo, pero eso no quita para que nos quedemos con hambre de ver muchos más de sus cuadros.

Algo que también quiero destacar es el tipo de narración que nos plantea la autora. Aunque ya se daba en el primer libro de la serie, puede que, al ser mucho más coral, quedara difuminado y, por el mismo motivo, en esta ocasión es algo que está mucho más marcado. Me refiero a ese narrador omnisciente en tercera persona que nos muestra no solo los pensamientos y las motivaciones de los personajes, sino también acotaciones y alguna que otra reflexión de su propia cosecha. Creo que es una voz muy relacionada con la transmisión más habitual de los cuentos populares y que en este particular resulta, desde lo subjetivo, muy cálida y, desde lo objetivo, tremendamente bien imbricada y adecuada para el tipo de historia que tenemos entre manos.

Por último, es necesario reconocer el acierto de Runas al apostar por la novela corta y por la cuidada edición que viene caracterizándola. El formato es magnífico, desde la cubierta hasta la maquetación, con un tipo de letra agradable y cómoda de leer. La traducción, a cargo de María Pilar San Román, resulta fluida y natural. En esta ocasión, además, el libro viene acompañado de unas ilustraciones que le aportan incluso más valor.

En resumen, Ahí abajo, entre raíces y huesos es una continuación que supera a su predecesora. Se lee en un suspiro, cumple sobradamente las expectativas y te deja con una agradable sensación solo matizada por el regusto de querer saber más de esos Niños descarriados que conocimos en Cada corazón un umbral.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Pablo Bueno reseña Poshumanas, antología seleccionada por Teresa López-Pellisa y Lola Robles

Pablo Bueno concluye hoy su serie de reseñas de los nominados a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos hablándonos de Poshumanas, antología seleccionada por Teresa López-Pellisa y Lola Robles. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Nara, de E.S. Posthumus (YouTube, Spotify)

Esta es la tercera y última reseña enmarcada en el proceso de selección de los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos. Aquí podéis leer la primera y la segunda. Una vez más os recordamos que es una iniciativa de Libros Prohibidos, concretamente su quinta edición. También, como no podía ser de otro modo, quiero agradecer a Elías Combarro, el creador, dueño, señor y procesador central de Sense of Wonder, su amabilidad al permitirnos alojar aquí esta pequeña colaboración.

Dicho esto, ha llegado el momento de entrar en materia y empezar a analizar Poshumanas, publicado por Libros de la Ballena y coordinado por Teresa López-Pellisa y Lola Robles.

La idea de partida de esta obra se debe a Lola Robles y a Sofía Rhei, que comenzaron a recopilar nombres y obras de género en español escritas por autoras. López-Pellisa nos comenta en el prólogo que, tras sumarse a la intensa labor investigadora, tuvieron que circunscribirse finalmente solo al apartado de la ciencia ficción, dejando de momento aparcadas las obras de terror y fantasía. Así surgieron dos mellizas, Distópicas y Poshumanas, que tratan de mostrar una parte representativa, amplia y diversa del conjunto, con algunas de las obras y autoras que en un momento dado pudieron tener una importancia o relevancia especial.

Ni que decir tiene que en la mayoría de los sectores del panorama literario de género ha habido una inadecuada representación femenina. También parece existir un cierto desconocimiento del papel que las mujeres han tenido en este ámbito, comenzando por la propia Mary Shelley. Ojalá los pasos que se han ido dando en los últimos tiempos consigan dar visibilidad a la producción femenina y reconocer su importancia. En este sentido, Poshumanas nos ofrecen una buena muestra de relatos escritos por mujeres y centrados en la idea de la evolución o modificación del ser humano, bien desde un punto de vista genético, biológico o tecnológico. En ellos, los personajes principales o protagonistas son siempre femeninos e incluso en ocasiones van más allá de la dualidad típica.

Es importante señalar también que la mayoría de los relatos ya han sido publicados antes (algunos de ellos incluso en varias ocasiones) o se han alzado con premios. Solo uno, si no me equivoco, ha sido escrito expresamente para esta antología.

“El error” y “Casas rojas”, de Rosa Montero y Nieves Delgado respectivamente, tienen el honor de abrir la antología. Y de qué modo. Ambos constituyen un verdadero aldabonazo capaz de captar nuestra atención, atraparnos y dejarnos con la necesidad de unos minutos para digerirlos tras haberlos terminado. También comparten temática, aunque tratada de un modo muy distinto. No obstante, creo que en este caso es mejor no decir nada más para que el lector los disfrute plenamente.

Otro de los relatos que quiero destacar es “Hombres por correo Lohman”, de Laura Fernández. Aunque no resulta fácil de clasificar, creo que una de las mejores cosas que se pueden decir de una obra es que ha resultado divertidísima y que incluso se ha hecho corta. Tal es el caso.

También disfruté mucho en su momento de “El pastor de naves”, de Felicidad Martínez, y ahora, con la relectura, me ha parecido incluso mejor que entonces.

Una de las apuestas más interesantes de la antología pasa por la recuperación de relatos más o menos antiguos. Si uno de los objetivos era mostrar lo amplio y variado de la producción femenina, sin duda era importante conocer algunas de las muestras que ya quedan atrás en el tiempo. Es este un ejercicio que siempre me resulta, cuanto menos, curioso, porque al propio valor del escrito en sí se suma la posibilidad de comprobar los puntos de vista y la forma de expresarse de los escritores que vivieron en una época distinta a la nuestra. Dentro de este apartado me ha resultado especialmente tierno “El hijo de la ciencia”, de Alicia Araujo.

En definitiva, creo que Poshumanas cumple de forma notable con el objetivo marcado de dar una perspectiva amplia de la producción femenina de ciencia ficción tanto actual como más antigua. Es cierto que, como en toda antología, hay partes que gustan más y otras menos, pero la verdad es que las sensaciones son bastante buenas. De hecho, creo que la pregunta lógica ahora mismo es: ¿para cuándo otra antología similar pero centrada en el terror o en el fantástico? Sin duda hoy tenemos grandes autoras dentro de estos ámbitos y sería muy interesante ver cómo han evolucionado también las perspectivas con el correr de los años. De momento, Poshumanas se lleva cuatro estrellas en Goodreads.

Antes de despedirnos, no obstante, creo que es el momento de hacer un pequeño balance de las tres obras que hemos analizado para los premios Guillermo de Baskerville. No solo por recordárselas a los que nos estén leyendo, sino porque me resulta curioso que, aunque las tres son colecciones de relatos que compiten en la misma categoría, también son muy distintas en la forma y en el fondo.

La primera, Combustible Lovecraft, es una antología compuesta expresamente bajo la premisa que nos anuncia el prólogo: relatos que, estando de forma evidente inspirados en el legado del maestro de Providence, puede que no conserven todas sus características externas. En ella participan un buen puñado de autores y tiene varias historias más que notables.

Jaulas de aire, de Arantxa Rochet, es una colección de relatos de dicha autora en los que se exploran algunas de las consecuencias futuras de ciertas preocupaciones presentes, siempre con un juego claro con la situación que nos plantea el título. En ella destacan, sin duda, las ideas que Rochet nos propone en una suerte de extrapolación.

Y por último está Poshumanas, de la que hemos dado cuenta hoy, así que solo queda esperar para conocer al ganador de los Premios Guillermo de Baskerville, que será anunciado en la web Libros Prohibidos en diciembre.

¡Suerte a los tres candidatos!

lunes, 12 de noviembre de 2018

Pablo Bueno reseña Jaulas de aire, de Arantxa Rochet

Pablo Bueno continúa con su serie de reseñas de los nominados a los Premios Guillermo de Baskerville, en este caso con un libro muy interesante: Jaulas de aire, de Arantxa Rochet. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Jail Cell, de Air (YouTube, Spotify) 

Como ya se anunciaba aquí, durante el mes de octubre y noviembre estamos inmersos en el proceso de selección de los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos. La iniciativa, que parte de la web Libros prohibidos, cuenta ya con cinco ediciones a sus espaldas y su objetivo es otorgar un merecido reconocimiento a editoriales y autores independientes en distintas categorías.

Esta es la segunda reseña de las tres que tengo programadas y todas ellas estarán disponibles aquí, en Sense of Wonder. Una vez más le agradezco a Elías Combarro su amabilidad y su siempre generosa disposición. Por último, y ya como parte final del proceso de los premios, os recordamos que Libros prohibidos publicará el fallo del jurado que resultará de la valoración conjunta de sus integrantes.

Así que, sin más preámbulos, vamos con esta segunda reseña de los candidatos a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos: Jaulas de aire, escrito por Arantxa Rochet y publicado por Ediciones Torremozas, una editorial que, por cierto, lleva desde 1982 apostando por la literatura escrita por mujeres.

En una ocasión leí acerca de un famoso experimento: unos investigadores colocaron a varios monos dentro de una jaula y dejaron unos cuantos plátanos en la parte superior. Sin embargo, cada vez que uno de los monos subía para cogerlos, se les aplicaba una ducha de agua helada a todos. Al cabo de un tiempo, cada vez que uno intentaba subir recibía una generosa ración de golpes por parte de sus propios compañeros. Entonces sacaron a uno de los monos y metieron a otro nuevo que, evidentemente, lo primero que hizo fue intentar subir a por los plátanos, con la consiguiente lluvia de mamporros. A los pocos intentos, el recién llegado entendió la lección. La cosa comienza a ponerse interesante cuando los investigadores retiraron a otro de los monos veteranos y metieron a uno nuevo. Este trató, como no podía ser de otro modo, de alcanzar los plátanos y los otros lo golpearon, incluido el que acababa de entrar antes que él. Al cabo de un tiempo, todos los monos veteranos habían sido sustituidos por otros que jamás habían recibido una sola ducha de agua fría, pero que cuando veían que uno intentaba ir a por los plátanos lo molían a palos.

Un poco en este sentido, Arantxa Rochet firma una antología cuyo título, tal y como yo lo interpreto, nos propone una serie de jaulas subjetivas creadas y mantenidas, por así decirlo, de un modo poco sólido. Tengo que decir que siempre me ha parecido interesante leer historias en las que los barrotes, los ladrillos y el hormigón de dichas prisiones están en nuestras cabezas, formando barreras más fuertes que las propias paredes que nos pudieran imponer. Y es que, en ocasiones los prejuicios, la costumbre o los comportamientos heredados funcionan con idéntica o mayor fuerza que los muros más robustos.

Otro de los nexos comunes de los relatos es incluso más interesante y tiene que ver con el modo en que la autora dilata y deforma algunas de las preocupaciones o tendencias actuales para explorar sus consecuencias en un posible escenario futurista extremo.

“Amistad” es uno de los relatos que más me han gustado de la colección y buen ejemplo de esto que comentamos. El tema central de esta historia es el consumismo, un tema, por cierto, recurrente en la antología y que, como señalábamos antes, constituye un problema y una preocupación vigente hoy en día. El modo en que la autora lo trata, aun desde la exageración, resulta coherente e interesante en su propio discurso, pues nos lleva hasta el punto de que las personas, niños en el enfoque concreto de este relato, están patrocinadas por distintas marcas. El desarrollo de la historia lo convierten en uno de los más redondos del libro. Algo tiene que ver también el final, a la altura del resto del relato, punto este que, a mi modo de ver, falla en algunos de los demás cuentos.

Otro de los más destacables es “Hogar, seguro hogar”. En él tenemos desde el comienzo una sensación opresiva, de encierro, y es posible que sea el que mejor captura la esencia que define el título. También, quizá, el que mejor refleja el hecho de adoptar comportamientos heredados sin pararnos a sopesar de forma crítica si tienen razón de ser o no, uno de los grandes males de la humanidad, en mi humilde opinión.

Pero, si en el anterior los personajes están, literalmente, confinados en cubículos diminutos y casi herméticos, “Respira” consigue una sensación aún más opresiva y es, con mucho, el más angustioso. Su punto de partida tampoco es algo que nos resulte ajeno: ¿hasta dónde llegarían las consecuencias de la contaminación? ¿Sería posible que hubiera que comprar el aire como si fuera un bien de consumo de distintas (y en algunos casos prohibitivas económicamente) calidades?

Como se puede apreciar, las ideas que nos presenta Rochet son sobradamente interesantes, sobresalientes en algunos casos. De hecho, quizá los dos puntos menos fuertes de la colección sean el modo en que concluyen dichas ideas y, sobre todo, la forma en que se desarrollan, en ocasiones demasiado inocente, evidente o directa.

No obstante, el libro tiene un claro valor como exploración de lo que podría ser, del crecimiento sin control del capitalismo, el consumismo o la manipulación. Algunos de los relatos bien podrían pasar por el esbozo de un capítulo de Black Mirror. Otros poseen un tono de denuncia social que resulta muy necesario en nuestro tiempo.

Algo posiblemente menor, pero que me ha resultado muy disfrutable es la imbricación que se percibe en algunos de los relatos entre sí. Sucede por ejemplo con algunos de los vocablos que Arantxa nos propone. Velocina, asfio o nicotinos, por ejemplo. Me ha resultado muy agradable encontrarme por primera vez con ellos, entender perfectamente su significado dentro del discurso y, posteriormente, volver a leerlos más adelante dentro de otra historia que amplía su significado.

En conclusión, Jaulas de aire constituye una de esas obras claramente de ideas que tiene coherencia en sí misma como colección de relatos y que aporta una serie de visiones posibles encaminadas a hacernos meditar sobre las consecuencias de lo que hoy está por crecer. Su lectura es ágil, rápida y no resulta monótona al tratarse de relatos bastante cortos. Mi valoración en Goodreads estaría cerca de las tres estrellas y media, por lo que solo nos queda esperar a lo que decida el jurado de estos Premios Guillermo de Baskerville 2018. ¡Estad atentos!

jueves, 25 de octubre de 2018

Pablo Bueno reseña Combustible Lovecraft, antología editada por Yolanda Espiñeira y Félix García

Me complace mucho anunciar que nuestro bienamado Pablo Bueno es miembro del jurado de los Premios Guillermo de Baskerville 2018, organizados por Libros prohibidos, y que nos ofrecerá en las próximas semanas reseñas de varios de los libros nominados. Comenzamos hoy con la antología Combustible Lovecraft, editada por Yolanda Espiñeira y Félix García. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Kissing the Shadows, de Children of Bodom (YouTube).

Hace poco he tenido el honor de ser incluido en el jurado que seleccionará a los ganadores de los premios Guillermo de Baskerville 2018. Concretamente, participo valorando la categoría de libro de relatos. Esta iniciativa, que parte de la web Libros prohibidos, tiene ya cinco años de madurez si incluimos esta última edición y trata de otorgar un merecido reconocimiento a editoriales y autores independientes en distintas categorías.

Por mi parte, realizaré tres reseñas que serán publicadas aquí, en Sense of Wonder. Aprovecho para agradecer una vez más a Elías Combarro su amabilidad y el permitirnos alojar en su web esta parte del proceso de los premios. Posteriormente, Libros prohibidos publicará el fallo del jurado que resultará de la valoración conjunta de sus integrantes.

Así que, sin más preámbulos, vamos con la primera reseña de estos candidatos a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos: Combustible Lovecraft, editado por la siempre interesante Orciny Press y con selección de Yolanda Espiñeira y Félix García.

En cuestión de unos pocos meses he leído varias propuestas que, hundiendo sus raíces en la inspiración lovecraftiana, resultan muy distintas entre sí y, desde luego, muy alejadas del producto que todos tenemos en la cabeza cuando imaginamos al propio Lovecraft poniendo el punto y final a una de sus obras. Entre ellas, recuerdo con una sonrisa El archivo de las atrocidades (Charles Stross, Insólita editorial) por el desparpajo y el humor con el que habla de horrores cósmicos y el modo en que se enfrentan a ellos. Y es que, como dice Félix García en el genial prólogo que acompaña este Combustible Lovecraft, la herencia lovecraftiana está más viva que nunca. O más muerta, que en estos escenarios a veces no son ni mucho menos conceptos antagónicos. Además, hoy por hoy la inspiración que dejó el autor de Providence se ha independizado de él hasta el punto de que, incluso reconociendo los rasgos de su padre literario, los autores dan a luz a obras que, al menos en su cara externa, resultan muy distintas de las primeras manifestaciones lovecraftianas, incluidos sus múltiples clones. De ahí el nombre de esta antología: Combustible Lovecraft, porque todos los relatos que lo integran tienen una inspiración común y evidente, pero mueven vehículos que, en la mayoría de los casos, no se parecen nada entre sí.

Hay que empezar diciendo que, como en todas las antologías, hay relatos que nos llegan más y otros menos, pero el conjunto mantiene en este caso un nivel medio notable y, para demostrarlo y como muestra de la variedad que atesora, me gustaría destacar tres:

El primero, “Tras el horror”, firmado por el Colectivo Juan de Madre, destaca por crear un ambiente de irrealidad, de halo sobrenatural que no acaba de concretarse en algo sólido que agarre y estrangule, pero que resulta igualmente sobrecogedor. Esto, que podría ser un elemento típico de Lovecraft, toma en este caso un curioso tono documental que llega incluso a aportar fotos y dibujos como apoyo “material” de la narración. Dicho recurso contribuye a darnos una sensación de verosimilitud muy interesante. La historia nos habla de Diego V. quien, recién acabada la increíble posproducción de un proyecto cinematográfico, se centra en preparar su próxima película. Esta pretende tener como escenario Yonge street, la calle más larga del mundo (dato real) y ahí, (o quizá antes, debido a esa posproducción surrealista que comentábamos) las cosas comienzan a ponerse extrañas e interesantes. El conjunto nos ofrece un notable relato que parte de cuestiones mundanas tras las que se esconden fuerzas terroríficas que, sin concretarse en el típico monstruo de película mala, consigue esa atmósfera de inquietud desde la primera página.

En “Investigación de la escena de un crimen”, Javier Avilés nos presenta uno de esos relatos fragmentados en los que el lector comienza deliciosamente desubicado hasta que va entendiendo qué es realmente lo que ha pasado. En este sentido me ha gustado mucho la voz, digámoslo así para no revelar demasiado, ajena al personaje principal. Creo que su psicología está muy bien llevada, pese a la dificultad que supone, y conforma un pequeño bosquejo de lo ignoto que resulta creíble e interesante, tanto en el tono como en la conclusión última de sus actos.

La propuesta de Santi Pagés, “El caso del hermano Miller”, es uno de los relatos que más he disfrutado. El autor realiza una tremenda labor de creación no solo del escenario, sino del ambiente que nos mete dentro del mismo. La propia historia está muy bien llevada, dosificando la información, cuidando exquisitamente el lenguaje y haciéndonos caer más y más en el pozo que se atisba a lo lejos. El marco temporal resulta también espectacular. Es, probablemente, el único de la antología para el que no puedo resistirme a pronunciar la consabida frase: NOS DEJA CON GANAS DE MÁS. De hecho, por sacarle un pero, puede que la conclusión sea el único punto que decae un poco después del soberbio desarrollo.

Estos son los tres relatos que me han parecido más interesantes, pero cualquiera de los otros (incluido el prólogo, insisto) resulta una lectura interesante. Así, “Terror en Villalvarado” de Roberto Bartual nos presenta un relato en el que lo insólito se viste de normalidad en un ejercicio sorprendentemente divertido. El autor utiliza, además, elementos no convencionales para cuestiones que sí lo son hasta el punto de darnos sustos a cada página (¿Britney Spears? ¿En serio? No sabía si aplaudir o resoplar, pero el caso es que me estuve riendo un buen rato).

“Podéis ir en paz”, de Weldon Penderton, tiene la forma, el tono y el ambiente más rural que podamos imaginar. De hecho, podríamos decir que la primera parte resulta amable, casi hasta entrañable dentro de la oscuridad de las pequeñas comunidades aisladas llenas de prejuicios, pero también aferradas a sus ritos, a las relaciones estrechas de los vecinos o su aparente sencillez. Poco a poco, no obstante, se irá transformando en algo más oscuro a ojos de una recién regresada al pueblo.

“Nadadoras”, de Tamara Romero, propone un escenario y una premisa de partida tan sorprendentes que ni en cien años se nos habrían pasado por la cabeza a la mayoría. Francisco Jota-Pérez utiliza en “Cero Zen/TRAPEZOEDRO” la música como forma de hacernos caer en el fondo más extraño y oscuro, sobre todo a través de un original uso del lenguaje y la mezcla continua con términos técnicos.

Tony Fuentes y Albert Kadmon nos presentan en “El síndrome de Capgrass” y “La sinfonía y el retablo” los dos relatos más propiamente Lovecraftianos, a mi modo de ver, pese a su tono muy diferente. Ambos resultan opresivos y forman una espiral descendente desde la primera página, haciéndonos temer lo que está por pasar pero deseando al mismo tiempo verlo con avidez.

La conclusión es que todas estas propuestas beben del mismo combustible para hacernos llegar el aroma del maestro Lovecraft en una antología de un nivel medio notable. Y algunos de los relatos lo hacen, además, pasando por encima de la imitación del estilo para, utilizando algunos de sus condimentos más característicos, presentarnos escenarios y propuestas novedosas y enriquecedoras. Por mi parte se lleva, de momento, cuatro estrellas en Goodreads a la espera de lo que decida el jurado de estos Premios Guillermo de Baskerville 2018. ¡Estad atentos! 

lunes, 1 de octubre de 2018

Pablo Bueno reseña Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha

Pablo Bueno hoy nos trae la reseña de todo un clásico de la ciencia ficción en español: Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha (tristemente fallecido este año). Espero que os guste y os animéis a buscar esta divertidísima novela, si es que aún no la habéis leído.

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Hoy comamos y bebamos, de Juan del Enzina, en la versión de Jordi Savall (YouTube, Spotify).

La expresión rara avis se utiliza cuando una persona o cosa se considera poco común o tiene alguna característica que la diferencia de las demás de su misma especie. Y, si bien es cierto que se usa con cierta frecuencia, creo que este es uno de esos casos en los que define perfectamente lo que tenemos entre manos.

Comencemos poniendo en contexto la obra: Memorias de un merodeador estelar se publicó en 1995. Hace cuatro días para los que éramos adolescentes en aquellas fechas; hace varias eras de los hombres para los más jóvenes que nos estén leyendo. Hablamos, por tanto, de una época en la que el fandom español ya estaba formado tras dejar atrás unas primeras etapas complicadas, como ya ilustramos aquí.

En aquellos tiempos, el recientemente fallecido Carlos Saiz Cidoncha ya llevaba publicadas un buen puñado de obras (su primera novela data del 78) y se lo consideraba uno de los grandes representantes de la ciencia ficción patria. No solo eso, puesto que fue uno de los creadores de las hispacones, mantuvo durante toda su vida una intensa labor divulgativa sobre el género y la cultura en general y llegó a ser una persona extremadamente culta y formada en muchos y muy diversos ámbitos. Recomiendo encarecidamente echarle un vistazo a su página en la Wikipedia, pues esconde más de una sorpresa.

Pero centremos la mirada en la obra que hoy nos ocupa, puesto que hablar sobre la figura de su autor podría llevarnos horas y, sin duda, no terminaríamos. Repitamos, por tanto, que estamos ante una propuesta realmente sorprendente. La primera descripción que nos viene a la cabeza, y he de decir que en esto no he sido nada original, puesto que es algo que luego he visto escrito por más de uno, es la de que estamos ante una especie de Lazarillo de Tormes llevado al plano espacial de la ciencia ficción.

Esto sucede no solo por las cuestiones profundas que cimentan la narración, como veremos, sino porque Cidoncha realiza un extraordinario trabajo con el lenguaje. Permitan que me detenga un instante más aquí: es de agradecer y, aún más, de quitarse el sombrero, lo que el autor consigue “solo” con el modo de elegir y colocar las palabras, puesto que desde el primer momento dota a su novela de una pátina de antigüedad, de óxido, de vieja gloria que contrasta de un modo delicioso con el lejano futuro en que se ubica y que, como supongo que era su deseo, nos hace inevitable el recuerdo de la novela picaresca clásica española.

Con tal osadía, Cidoncha nos arroja a un futuro lejano en la que una pasada hecatombe acabó con el glorioso imperio galáctico humano del que en esos momentos no quedan sino restos disgregados y en gran medida incomunicados que luchan por sobrevivir o medrar, en algunos casos aupándose unos sobre las cabezas de los otros. Para colmo de males, existen algunas razas alienígenas muy agresivas que complican aún más la situación.

Una de estas ataca el planeta de nuestro protagonista, un todavía muy joven Gabriel Luján que salva la vida solo gracias al coraje de su madre. Esta mujer, además, pronto consigue que admitan a su hijo como novicio del culto imperante en aquel planeta, cuyo panteón parece ser un calco fiel del clásico grecolatino.

Será el propio Luján el que nos vaya desgranando sus memorias desde la primera página. De este modo, conoceremos de primera mano a un granuja cobarde y aprovechado que, sin embargo, alberga un buen corazón y algo de orgullo, cóctel que, en ocasiones, lo lleva por los peores caminos posibles. 
Y es aquí, en los primeros compases de la obra, cuando resulta ineludible la comparación con la famosa novela picaresca que mencionábamos antes. El joven Luján, ingenuo tanto por años como por sus escasas y restringidas vivencias, se encuentra de pronto ante un mundo nuevo de posibilidades y lujos. Y es al calor de estos últimos, y de las promesas de los que vendrán si finalmente es ordenado sacerdote, donde su carácter pícaro, embaucador, inteligente y amante de los trapicheos y los atajos comenzará a desvelarse en todo su esplendor. 

Sin embargo, estas son solo las primeras páginas de la historia, puesto que sus andanzas lo llevarán por muy variados escenarios que no solo nos mostrarán una buena porción del mundo que Cidoncha creó para alojar sus historias, sino que cambiarán el destino y la posición del propio Gabriel de formas sorprendentes.

Y es que, a medida que el libro avanza, las influencias pulp del autor serán más y más evidentes, mostrándonos mundos exuberantes, pasajes llenos de acción y el consabido erotismo seudoamoroso que, quizá, es el elemento que peor ha sumado años en esta obra. Con creces.

Por otra parte, las reflexiones que el protagonista comparte con sus lectores son a menudo deliciosas y lo que, personalmente, más he disfrutado de la novela. Gabriel Luján hace gala de un escepticismo y un humor que más de una vez nos hacen lanzar la carcajada no solo por lo inventivas y agudas que son dichas reflexiones, sino por lo acertado de las mismas. Ante su mirada, los defectos universales del ser humano aparecen cristalinos, tanto da que se observen en planetas poco desarrollados o en otros supuestamente muy avanzados. De este modo, nuestro entrañable héroe atiza por igual al clero, a los poderosos, a los supuestamente píos e incluso al propio egoísmo del que el hombre hace gala, eso sí, a menudo cuando se encuentra en momentos de peligro o privaciones.

Una cuestión menor dentro de la obra, pero que me ha divertido muchísimo, es la multitud de guiños que aparecen en el discurso cuando se rememoran hechos o personajes importantes del pasado remoto de la tierra. Pondré un ejemplo: seguro que todos tenemos en la cabeza el nombre de aquel famoso ladrón de la campiña inglesa que robaba a los ricos para dar a los pobres, ¿verdad? Exacto: Atila.

En conclusión, creo que estamos ante una de esas obras importantes dentro de la historia de la ciencia ficción en castellano. Más de una vez he comentado ya que no debemos dejar caer en el olvido nuestros grandes nombres y las obras que nos legaron y creo que esta merece sin ninguna duda permanecer en la memoria de todos los que amamos la literatura de género; más aún: de todos los que aprecien un personaje capaz de reflexionar y dejar desnuda la naturaleza del hombre de un modo tan divertido como incontestable. No me cabe la menor duda de que un ejemplo similar en lengua inglesa sería habitual en charlas y referencias. Tampoco de que se atesoraría con el mimo y el reconocimiento que merece. Puede que ya sea momento de que nosotros hagamos lo mismo con nuestras pequeñas o grandes joyas patrias.

jueves, 2 de agosto de 2018

Pablo Bueno reseña El viento soñador y otros relatos, antología seleccionada por Mariano Villarreal

Hoy, Pablo Bueno nos trae la reseña de El viento soñador y otros relatos, una antología seleccionada por Mariano Villarreal, que a Pablo le ha parecido excelente. ¡Espero que os guste la reseña!

Banda sonora de la reseña: Por los cambios que se producen a lo largo de la canción, igual que a lo largo de esta antología, Pablo Bueno sugiere leer esta reseña escuchando Afraid to Shoot Strangers, de Iron Maiden (Spotify, YouTube).

A lo largo del año hay fechas señaladas y cada uno tenemos nuestras preferidas. Cumpleaños, aniversarios, festividades, vacaciones… y, para muchos, el momento en que la nueva antología de Mariano Villarreal llega a nuestras manos. Y es que ya son unas cuantas ediciones las que lleva a sus espaldas (¿nueve? ¿Es posible que haya contado bien?) y el nivel, lejos de decaer, parece consolidarse si no aumentar en cada ocasión.

En este sentido, creo que es muy de agradecer el hecho de que Mariano vaya probando distintas opciones, como en la pasada Dark Fantasies, que nos presentaba una serie de relatos de fantasía oscura que a muchos nos entusiasmó. Y, por supuesto, los autores tenemos una deuda incluso más importante debido al esfuerzo que hace continuamente por tratar de dar visibilidad a las voces que escriben género en español.

En esta ocasión, la propuesta pasa por dos volúmenes: El viento soñador y otros relatos, en el que está algo más presente la vertiente fantástica del género, y Ciudad nómada y otros relatos, que sigue la línea de ciencia ficción contemporánea más habitual en las selecciones de Mariano. Hoy hablaremos solo del primero.

Los que ya hayáis leído alguna de las antologías de la serie Nova Fantástica sabréis que, a menudo, las propuestas internacionales que nos ofrece suelen contar con avales como premios o candidaturas del más alto nivel. No obstante, hay que señalar que para que una recopilación de este tipo funcione hay algo incluso más importante y es el olfato del antólogo que la coordina. Con frecuencia, suele ser incluso mejor brújula que los premios para llegar a buenos relatos. En esta ocasión tampoco falla, sobre todo con algunas de las propuestas escritas en nuestra lengua, que están a un nivel sorprendente aunque no cuenten con galardón alguno. 

Creo que a estas alturas ya se habrá entendido que El viento soñador y otros relatos me ha entusiasmado. Sin duda es una magnífica antología en la que cada propuesta resulta, como poco, interesante. Para mí ha sido una lectura de cinco estrellas que he disfrutado de lo lindo, así que voy a comentar algunos de los relatos que más me han llegado:

“La concubina y el bárbaro”, de Rodolfo Martínez, continúa la línea que ya marcó La canción de Belit, esto es, muy a grandes rasgos, tomando los espacios que quedan entre los escritos de Howard para ampliar la historia del popular cimerio. En este caso, nos encontramos con un Conan ya asentado como rey, en su madurez. Pero es que uno de los principales atractivos, que no el único, es que la temática gira en torno a su relación con Zenobia, la que será su esposa. De este modo encontramos un relato alejado de las habituales aventuras del bárbaro y centrado en aspectos que nunca (al menos que yo recuerde) se han tratado de forma aislada y con esta profundidad. Mención aparte, como sucedía en la novela que citaba anteriormente, para el tono que adopta el autor, mimetizándose con unos originales que poco a poco se aproximan al siglo de antigüedad.

Pratt suele ser sinónimo de calidad y, en este caso, con “Siegaespectros”, lo encontramos en su faceta más divertida. Solo diré unas palabras de los primeros párrafos: hombre que intenta suicidarse y persona/cosa/ser que se lo impide. A partir de ahí, abróchense los cinturones y disfruten de los loopings. Me lo he pasado genial con él, sobre todo por lo original de la propuesta, por lo absurdamente divertidos que son algunos de sus pasajes y por la inteligencia de Pratt para tejer la trama, el nudo y el desenlace de la historia. Qué bien conoce su oficio este hombre.

En “Las cadenas de la casa de Hadén”, Ferrán Varela nos presenta un relato ambientado en lo que podríamos entender como un territorio oriental seudofeudal con toques fantásticos (¿un japón reinterpretado, quizá?) no tanto por el contenido como por el tono. Aunque la temática no suele llamarme especialmente la atención, lo cierto es que el relato está muy bien hilado y nos mete de lleno en los pensamientos del protagonista, aportando además una historia con diversas lecturas y más profundidad de la que parece en un primer momento.

Ojo también a la propuesta de Abel Amutxategi, “Rosa de Navidad”, en la que el autor se desprende de su disfraz de humorista para traernos una propuesta muy impactante en la que se analiza cómo evoluciona la relación de una pareja cuando una pandemia los obliga a convivir en condiciones complicadas. No quiero decir mucho más para no desvelar más de la cuenta, solo que mantiene con gran solidez la tensión y la incertidumbre hasta el final.

Jeffrey Ford ya es un viejo conocido para todos los que sigan el imprescindible blog Cuentos para Algernon. Y, aunque todavía falta mucha de su obra por traducir, en esta antología encontramos “El viento soñador”, que tiene pasajes hermosísimos, sobre todo al verlo a la luz de la metáfora que, quizá, intenta trasladarnos. Reconozco que es un relato que me ha tocado la fibra aunque por momentos no fuera capaz de racionalizar el porqué. 

“En la isla”, de José Jesús García Rueda, encontramos un soberbio relato de una fantasía elegante, ambigua y de una calidad literaria sin cuestión. Sin ser la vertiente del género que más me llama, reconozco que me ha mantenido concentrado en el discurso y disfrutando de un modo muy cerebral de lo que iba sucediendo y las posibles implicaciones.

“El naturalista”, de Maureen F. McHugh es, sin duda, uno de los relatos que más he disfrutado. Por fresco, por descarnado, por provocador y por la crítica feroz que nos lanza a la cara. Básicamente, el protagonista se encuentra en una reserva zombie a la que trasladan también a algunos condenados. El relato resulta muy interesante per se, pero alcanza un disfrute especial si lo miramos a través de la locura del protagonista o de lo implacable que puede ser la naturaleza, desconocedora generalmente de la dicotomía bueno/malo. También, como decía antes, de la crítica social.

En definitiva, El viento soñador y otros relatos nos ofrece una antología de un nivel altísimo en la que hay que señalar el excelente trabajo realizado por los traductores y por Julie Dillon, la artista de las soberbias portadas.

jueves, 26 de julio de 2018

Pablo Bueno reseña Escatología de andar por casa, de Bandinnelli, y Alan Smithee no salvó el mundo, de Sergi Álvarez

Pablo Bueno nos ofrece hoy una reseña doble. Por un lado, Escatología de andar por casa, de Bandinnelli, y, por otro, Alan Smithee no salvó el mundo, de Sergi Álvarez, dos novelas que Pablo presentó conjuntamente en el pasado Festival Celsius 232, como podéis ver en el vídeo que publicamos este lunes. 

¡Espero que os guste!

Hace unos días terminó la séptima edición del Festival Celsius de Avilés. Allí, entre otras muchas experiencias memorables (léase el encuentro con amistades, charlas y eventos muy interesantes propios y ajenos, placeres gastronómicos y un largo etcétera), tuve el honor de presentar una mesa sobre humor de género que tenía por protagonistas a los enormes Bandinnelli (@Bandinnelli) y Sergi Álvarez (@MURCIELAGOROJO). 

Aunque la presentación comenzó hablando acerca de sus dos últimas obras, que son las que hoy reseñaremos aquí, la charla derivó hacia temas más amplios, todo ello con un marcado matiz humorístico, por lo que recomiendo echar un ojo al canal de youtube de Sense of Wonder, donde podréis escucharla completa.

Al igual que en dicha ocasión, comenzaremos hablando de Alan Smithee no salvó el mundo, publicado por Orciny Press. Y lo primero, sin ningún género de dudas, es hacernos eco de la advertencia que el propio autor sitúa en el prólogo del libro: Sergi Álvarez no escribió este libro. La obra corresponde al personaje (¿de ficción?) Alan Smithee, que le invitó a copas hasta llevarlo a un estado de embriaguez para hacerle firmar un contrato entre borrachos, el documento vinculante más poderoso que existe. En virtud de dicho acuerdo, Sergi se comprometía a figurar como el autor de esta obra.

Dicho esto, la historia nos narra las desventuras del propio Alan Smithee, que decide salir de casa un buen día para comprarle a su novia un perrito que aplaque o difumine al menos sus ansias de tener descendencia. Puede que no sea el punto de partida más noble, pero es que, entre las virtudes que reúne el protagonista, no se encuentra la empatía. De hecho, algunos de los adjetivos que mejor lo describen tienen que ver con un carácter ruin, mentiroso, cobarde, egoísta y maleducado. Como guinda, también está lleno de prejuicios.

Por si fuera poco, Alan es un plagiador profesional, aunque dicho defecto nos ha regalado la espectacular bibliografía que aparece al final de la obra, que tuve que leer varias veces, interrumpido por mis propias carcajadas.

La historia está contada de un modo que resulta muy ágil y divertido. Por si no fueran suficientes particularidades para un libro tan breve, hay que añadir que mezcla con sorprendente éxito elementos tan dispares como películas ochenteras, películas clásicas, novela negra, novela detectivesca, una cierta herencia pulp, mucha crítica social llena de acidez, guiños a Stephen King, Tolkien, Marvel, Akira y, seguramente, me esté dejando algo.

Muy diferente, aunque igual de disfrutable, es la obra con la que presentamos a Bandinnelli, Escatología de andar por casa, publicada por la editorial Pez de plata en su colección La risa floja. Se trata, en este caso, de una antología que recoge una serie relatos con una característica común: el punto de partida casi siempre es una situación más o menos cotidiana o que, al menos, no reviste una especial fantasía: una persona que entra en prisión; un hombre que se apunta a una agencia de citas para encontrar pareja; un padre de familia que intenta llegar a su trabajo, etc. Pero, claro, estamos hablando de un autor que es experto en tomar lo mundano y elevarlo a la categoría de extraordinario. Y lo hace, es importante señalarlo, con una imaginación que nos deja asombrados. De este modo, habría que completar los anteriores ejemplos diciendo que en la susodicha prisión hay dos bandos enfrentados a muerte: los tolkienitas y los martinitas; que esa empresa de citas en ocasiones trata de emparejar al protagonista con seres que van de lo más terrible a lo más divino que el lector pueda imaginar; que dicho padre intenta llegar a su trabajo, sí, pero mientras a su alrededor se desarrolla el Apocalipsis.

Así, Bandinnelli nos presenta una serie de situaciones rocambolescas que llevan al absurdo más cómico las premisas de partida de sus relatos. Sin embargo, una de las principales virtudes de su obra, aparte de las carcajadas, es la crítica que consigue a través de escenas que, sin pretender una representación fiel de la realidad, la reflejan en ocasiones mucho mejor que una fotografía.

Esto nos lleva, sin duda, a uno de los puntos coincidentes en los dos libros de los que hoy hablamos: tanto Alan Smithee no salvó el mundo como Escatología de andar por casa poseen una evidente carga crítica en su interior. Sus autores señalan y se ríen (y nosotros con ellos) de un bueno número de temas que están en la sociedad que nos rodea. Bien es cierto, no obstante, que lo hacen de un modo distinto: Sergi Álvarez señala lo absurdo en las situaciones cotidianas. Toma lo existente y lo convierte en un gag, a menudo a través de los defectos de su personaje protagonista. Bandinnelli, en cambio, también parte de lo cotidiano, pero lo retuerce hasta llevarlo al absurdo más hilarante.

Otra de las características comunes de estos dos autores es su versatilidad. Los trabajos de Sergi nos han traído obras no solo literarias, sino también en forma de cómics. Bandinnelli, por su parte, mantiene una segunda línea centrada en su labor como historiador, especialmente en la versión más divertida a través  del equipo de Ad Absurdum del que forma parte.

Como conclusión tengo que recalcar lo evidente: que ambos nos ofrecen aquí dos obras divertidas, interesantes, de lectura rápida y que se pueden recomendar, con sus diferencias, sin temor. Ojalá nos traigan muchas más. 

lunes, 23 de julio de 2018

Vídeo: El humor en la literatura de género nacional (Celsius 2018)

Hoy os traigo otro vídeo del pasado Festival Celsius 232: la presentación de Escatología de andar por casa, de Bandinnelli, y de Alan Smithee no salvó el mundo, de Sergi Álvarez, que se llevó a cabo en una mesa redonda titulada "El humor en la literatura de género nacional", con la participación de ambos autores y de Pablo Bueno.

Espero que os guste mucho (y estad atento, porque pronto habrá más contenido relacionado con este vídeo)


jueves, 19 de julio de 2018

Vídeo: Presentación de La astucia del vencido, de Pablo Bueno (Celsius 2018)

El vídeo de hoy corresponde a la presentación de La astucia del vencido, de Pablo Bueno, en el Festival Celsius 232. Participa el propio autor acompañado de Eduardo Vaquerizo. 

¡Que lo disfrutéis!


jueves, 19 de abril de 2018

Pablo Bueno reseña Agentes de Dreamland, de Caitlín R. Kiernan

Pablo Bueno nos trae hoy la reseña de una de las novelas cortas que más están dando que hablar en las últimas semanas: Agentes de Dreamland, de Caitlín R. Kiernan, recientemente publicada en España por Runas. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Shadow of Doubt, de la banda sonora original de Escaflowne (YouTube).

Nunca dejará de sorprenderme la capacidad que tiene el universo de Lovecraft para adaptarse a los nuevos tiempos y agazaparse bajo formas renovadas. Tal es el caso que se nos presenta en Agentes de Dreamland.

En esta historia nos encontramos con tres personajes que bailan en torno a un inquietante descubrimiento por parte de las autoridades. Para no desvelar más de lo que pudiera ser recomendable, sobre todo debido a la brevedad de la obra, solo diré que mezcla sectas, investigaciones, las mencionadas fuentes lovecraftianas e incluso hechos reales de la América más oscura.

Partiendo de esta premisa, Kiernan demuestra una gran capacidad para dibujar lienzos enormes con apenas unos trazos. Lo hace, además, con una prosa de estilo difuso, indirecto, en ocasiones casi poético, incrustando fragmentos de poemas y canciones en la propia visión de los personajes. Esto crea un discurso nebuloso, pero que resulta extrañamente convincente. Uno de los personajes explica, casi en un juego metaliterario, esta sensación:
“Ni medio entiendo lo que dice ni finjo entenderlo. Comprendo sin una comprensión perfecta. Eso es algo que él me ha enseñado”.
Y es que, sí, el ambiente de la obra y la caracterización de los personajes son algunos de los puntos sobresalientes, pero, en mi opinión, el Guardagujas en concreto merece una mención aparte. Se trata de un individuo desgastado, erosionado por el tiempo, la experiencia y los horrores que ha visto en el ejercicio de su profesión. La autora no pierde ni un instante en tratar de suavizar su imagen rota o lo desasosegante de su presencia. Y lo hace, como todo en esta obra, como si no quisiera ahondar en ello, pero con una fuerza impresionante. La tercera protagonista, dentro de sus deliciosas particularidades, me ha dejado un poco más frío, en tanto en cuanto representa una rareza que nunca llega a justificarse ni siquiera de modo tangencial, pese a que es una incógnita que capta toda nuestra atención desde que aparece en escena.

Agentes de Dreamland consigue ese ambiente inquietante propio de las obras que siguen la estela de Lovecraft. Y, si bien el maestro crea atmósferas de una intensidad difícilmente alcanzable, Kiernan no se queda atrás en dicho arte. Y lo hace, además, sin tener que recurrir a un abuso de las escenas perturbadoras, que las hay, sino haciendo que el lector se forme sus propias imágenes a través de esas descripciones indirectas que comentaba antes.

No puedo dejar de mencionar también que el formato de novela corta me ha resultado muy apropiado y disfrutable en esta obra. Casi sin darme cuenta, el “semilargo” se ha convertido en una de mis opciones preferidas y recurrentes de lectura en los últimos tiempos, por lo que le doy las gracias al sello Runas por apostar por él.

En conclusión, Agentes de Dreamland me ha resultado una lectura muy curiosa y entretenida. Puede que mi principal crítica sea, precisamente, su mayor virtud: dejar al lector con ganas de saber más. Sabemos el qué y el cómo han pasado y pasarán las cosas, pero nos gustaría recrearnos en el desarrollo, dejar que los rugosos tentáculos de los Primigenios nos guiaran de una manera más exhaustiva y tormentosa por los hechos. Y es que uno percibe, no sé si de un modo correcto, que hay mucho más de donde vino esto; que el modo de escribir de la autora, casi a través de amagos, se convierte en una virtud, pero que apunta a mucho hielo de sujeción tras esta punta del iceberg que sobresale por encima del mar.

jueves, 12 de abril de 2018

Pablo Bueno reseña Las diez mil vidas de Milo, de Michael Poore

Pablo Bueno nos trae hoy la reseña de Las diez mil vidas de Milo, de Michael Poore, una de esas novelas con una premisa que se sale de lo común, precisamente lo que nos encanta en Sense of Wonder. ¡Que lo disfrutéis!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Sylvia, de Focus (Spotify, YouTube), porque una y otra vez vuelve al tema principal, por mucho que se aleje, y siempre es positivo.

Hoy por hoy, cualquiera que se maneje un poco con las nuevas tecnologías (léase “internet”, para qué adornarlo más) puede estar fácilmente al tanto de todas las novedades que le interesen, sea cual sea el campo que llame su atención. Pero, incluso en estos tiempos, hay ocasiones en que llegan a nuestra vida libros que no teníamos en el radar. Las diez mil vidas de Milo es uno de esos casos. Uno de esos en los que, además, la sorpresa precede a unas buenas sensaciones que se ven acrecentadas por esta.

La sinopsis es bastante clara respecto a lo que nos vamos a encontrar, aunque no revela ni un ápice de la experiencia que supone leerlo: Milo lleva 9995 vidas reencarnándose una y otra vez. Es, de hecho, el alma más vieja y sabia de la Tierra. Tras morir, llega a La Otra Vida, donde le espera Suzie, que es una de las muertes y, además, su novia. Todo va bien. Milo no se queja demasiado cuando, tras haber hecho algo malo en alguna de sus vidas, el Karma (o el Universo según esta novela) le premia con una reencarnación mucho peor. De este modo, la eternidad va pasando plácidamente. El problema llega cuando le anuncian que, si no consigue alcanzar la iluminación de una vez, su alma desaparecerá. Solo tiene cinco oportunidades más para conseguirlo y, de momento, no se le ha dado demasiado bien.

Algo que llama enseguida la atención es que las vidas que se nos mostrarán avanzan hacia atrás y hacia adelante. Podemos encontrarnos con naves espaciales futuristas y, en la siguiente reencarnación, ver a Milo en una era anterior a Cristo. De hecho, si lo pensamos bien, casi podríamos encuadrar la novela dentro de un género un poco extraño de viajes en el tiempo. Algo que podría estar emparentado de lejos, y con evidentes y enormes diferencias, en ese subgrupo de juegos temporales en el que se enmarcan Vuelta a empezar, de Grimwood, o las famosas vidas de Harry August, de nuestra muy querida Claire North. Insisto en que, aunque el funcionamiento es distinto, tanto en la mecánica como en el tono, es cierto que tienen un nexo común, y es que, de algún modo, Milo va llevándose algo de cada vida y trasladándolo a la siguiente, aunque en un primer momento no se acuerde de ello. Del mismo modo, antes de cada “salto” se produce obligatoriamente una muerte.

Las diez mil vidas de Milo tiene un aire místico, no tanto religioso como espiritual, todo ello desde la mejor y más ligera versión que se nos pueda ocurrir. También presenta una clara inspiración budista, y no solo por lo que será evidente cuando el lector lleve un buen trecho del libro. 

Pero lo más importante es que el tono es maravilloso. El autor nos arroja constantemente a la cara verdades profundas disfrazadas de algo mundano, incluso en ocasiones a través de un delicioso lenguaje coloquial y hasta malsonante en momentos puntuales. Resulta gratamente sorprendente que, con estas pretensiones, la novela no tenga un gramo de pastelón o condescendencia paulocoheliana, pero, aun así, logre que cuando cierras un rato el libro, se te quede un runrún reflexivo en la cabeza. No deja de ser curioso, sobre todo porque el libro es alegre, divertido, con una tendencia clara y constante hacia el humor (y más de una vez nos hace soltar la carcajada), aunque uno tiene a menudo la sensación de estar leyendo algo solemne, trascendental. 

Algo que también he disfrutado mucho es que Poore escribe este libro con una visión que tiende a lo universal. No me refiero solo a que la historia se mueva alegremente por el tiempo y el espacio geográfico; tampoco a la libertad con la que se tratan muchas ideas y tendencias, desde sexuales hasta de organización social. Me refiero más bien a cómo se tratan los valores comunes a todos los seres humanos; cómo se centra en las cosas que nos hacen iguales, pese a la extensa variedad de nuestra especie, en vez de en lo que nos diferencia, que a veces no son sino detalles nimios; en la curiosidad sana que suscitan los comportamientos; en las reacciones, valga la obviedad, humanas que tenemos ante los acontecimientos.

La textura del libro, organizada a menudo en diálogos ligeros y siempre a través de ese tono fácil de seguir que mencionaba antes, juega mucho a favor de esta historia. Y eso, de nuevo, es un logro, puesto que, aunque esconde con frecuencia reflexiones que nos hacen detenernos para masticarlas un poco más, las voces de los personajes no dejan de ser realistas y con un timbre propio.

El tratamiento que hace Poore del amor también es notable, sobre todo si tenemos en cuenta que está centrado en dos criaturas tan originales, distintas entre sí y, a priori, tan incompatibles como Milo y la muerte, Suzie. Puede que la clave, no solo de esto, sino de gran parte del acierto del libro esté en la naturalidad con la que se trata todo; incluso con un sano espíritu irreverente muy necesario en estos días.

En términos generales, todas las vidas de Milo que se nos muestran de forma más extensa me han resultado interesantes. Pese a su diversidad (y no diré las que más me han gustado para no romper sorpresas), Poore esgrime una extraordinaria capacidad para captar la atención de lector y meternos en una suerte de relatos casi independientes, como una sucesión de novelitas cortas que nos atrapan y nos generan lástima cuando se terminan. Salvando las (inmensas) distancias, he tenido una sensación cercana a las distintas narraciones de Hyperion, con el que además comparte la particularidad de que las partes son muy distintas entre sí, aunque en este caso siempre conservan ese tono jovial, audaz y divertido que comentábamos antes y no se convierten en distintos tipos de novela.

Como conclusión, Las diez mil vidas de Milo me ha resultado una lectura muy placentera. No solo porque la historia es agradable, divertida y entrañable, sino porque además Poore escribe en secciones más bien breves, con muchos puntos y aparte, y la edición que ha preparado el sello Alianza de Novelas (AdN) acompaña, la verdad. En términos generales es un libro que recomendaría casi a cualquier tipo de lectores.