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jueves, 23 de julio de 2026

La evolución de la ciencia humana, de Ted Chiang

La semana pasada, en el Festival Celsius 232, tuve la oportunidad de asistir al encuentro con uno de misescritores de relatos favoritos: Ted Chiang. Aproveché, además, para releer La evolución de la ciencia humana, un microrelato suyo (incluido en la colección La historia de tu vida) que quizá no es de los más conocidos, pero que me parece increíblemente relevante a día de hoy. 

El relato comienza tal que así: 
Hace veinticinco años desde la última vez que un informe de investigación original fue enviado a nuestros editores para su publicación, lo que hace que éste sea un buen momento para revisar una cuestión muy discutida por aquel entonces: ¿cuál es el papel de los científicos humanos en una época en la que las fronteras de la indagación científica han quedado más allá de la comprensión de los humanos?

Y un poco más adelante dice lo siguiente: 

Nadie niega los muchos beneficios de la ciencia metahumana, pero uno de sus costes para los investigadores humanos fue la constatación de que probablemente nunca volverían a realizar una contribución original a la ciencia. Algunos abandonaron el campo completamente, pero los que se quedaron desplazaron su atención, alejándose de la investigación original y acercándose a la hermenéutica: interpretar el trabajo científico de los metahumanos.

Como le dije al propio Chiang cuando me acerqué a que me firmara mi ejemplar de La historia de tu vida, me parece uno de los mejores comentarios sobre lo que está sucediendo actualmente con el progreso de la inteligencia artificial en el campo de la investigación científica. Es increíblemente certero y premonitorio, y eso que que fue escrito hace más de 25 años. 

Esta misma semana hemos visto nuevos avances en el campo de las matemáticas, con modelos de IA resolviendo varios problemas abiertos que habían resistido los intentos de los investigadores matemáticos durante decenas de años. Lejos de ser casos aislados, estos logros son cada vez más habituales. Y no parece que el ritmo vaya a reducirse, sino más bien todo lo contrario. 

La evolución de la ciencia humana fue publicado originalmente en la revista científica Nature con el título de Catching Crumbs from the Table (algo así como "Recogiendo migajas de la mesa"), lo que evoca una imagen un tanto perturbadora: ¿nos veremos sobrepasados por inteligencias artificiales tan increíblemente avanzadas que no sólo no tendremos capacidad de contribuir nada nuevo sino que nos costará entender sus avances y nos veremos abocados a contentarnos con meras migajas de su conocimiento? Quizá sea aún pronto para decirlo, pero el ritmo al que la capacidad de las IAs para las matemáticas ha crecido en los últimos años es, cuando menos, sobrecogedor. 

En el año 1997, Deep Blue venció a Kasparov y, desde entonces, los mejores jugadores de ajedrez del planeta han sido ordenadores, con una diferencia con respecto al mejor humano que no ha hecho más que crecer. Que algo similar suceda con las matemáticas (o con otras ramas científicas o del conocimiento humano) tiene unas implicaciones mucho mayores. Al fin y al cabo, jugar bien al ajedrez no tiene un impacto social y económico significativo a nivel global. Pero ser capaz de crear nuevo conocimiento científico y técnico es harina de un costal muy, muy diferente. 

Como investigador en ciencia de la computación y matemáticas, observo esta tendencia con creciente asombro y curiosidad. Y el relato de Chiang me parece un reflejo absolutamente acertado de la situación que podríamos llegar a vivir en unos (pocos) años. Como se suele decir, vivimos "tiempos interesantes". 

martes, 26 de noviembre de 2019

Borja Bilbao reseña El secreto de la ventriloquía, de Jon Padgett

Borja Bilbao completa sus reseñas de los nominados a los Premios Guillermo de Baskerville (organizados por Libros Prohibidos) con este análisis de El secreto de la ventriloquía, de Jon Padgett. ¡Espero que os guste!

Hay dos claves para entender la literatura de Jon Padgett. O, al menos, la que muestra en su colección de relatos El secreto de la ventriloquía. 

Lo primero es que el escritor nacido en Florida tuvo como mentor a nada menos que Thomas Ligotti, uno de los nombres imprescindibles de la literatura de terror del siglo XX. El legendario escritor, confeso predilecto del formato corto ante la novela larga, ha influenciado de manera obvia la obra de Padgett. No solo en conseguir un estilo uniforme tanto en temática dentro de una misma antología, sino en utilizar un objeto tan teóricamente inofensivo como el de una marioneta y su manera de darle voz para dar forma a un horror que transforme la realidad en una infinita ramificación de posibilidades a la hora de llevar a cabo la historia. 

Uno de los ejemplos más interesantes se encuentra en cómo Padgett, ventrílocuo profesional, propone en el relato troncal de la antología titulado ’20 pasos simples a la ventriloquía’ un manual de instrucciones para ser un ventrílocuo Supremo. No uno cualquiera, sino uno Supremo. Para ello se diferencian dos partes, una primera mitad orientada a ser un ventrílocuo estándar, principiante. A partir de ahí, queda en tu mano dar el paso y lograr que no solo tu maniquí sea controlable por ti, sino cualquier ser de tu alrededor. A costa de tu propia mente y la de los que te rodean. 

‘Infusorio’, relato relacionado en cierta manera con las instrucciones descritas previamente, nos cuenta la situación de una ciudad industrial en decadencia con un hollín salido de ninguna parte que cubre todo y a todos con consecuencias terribles. La manera de resolverlo parece estar relacionada con el fuego pero los resultados pueden ser terribles. Casi tan terrible como el relato que conocemos en ‘Susurros de una voz conocida’, donde en apenas unas páginas seremos testigos de la relación entre un niño que busca venganza y su hermano mayor. Un relato crudo y al grano, que merece ser leído aunque se lo único que leas de la antología. 

Con ‘El pantano cubierto’, tercer relato al que llega el lector si lee la antología de manera ordenada, es cuando empezamos a darnos cuenta de que Padgett en realidad sitúa la mayoría de sus relatos en un escenario similar. Los lugares, personas y situaciones comienzan a resultarnos familiares. Tan reconocible como el rompecabezas al que el autor nos somete en ‘Sueños Origami’, un relato donde las leyes de la física y la lógica se retuercen de manera imposible. Un relato que gana potencial leído dentro de la antología por lo reconocible que comienza a resultar llegado a este punto.

Uno de los grandes logros de Jon Padgett con El secreto de la ventriloquía es conseguir una antología temática donde todas las piezas del puzzle ganan poder y sentido según se van leyendo en el orden establecido en el volumen. Como era de esperar por parte de un ventrílocuo, Jon da voz a distintos personajes en unos lugares que, aunque de salida resultan amigables, posteriormente se dan la mano con el surrealismo y lo filosófico en un horror que asusta a la vez que por momentos repele al lector. Se trata de una obra que consigue lo que pretende: confundir, extrañar, aterrar, asustar y, definitivamente, alucinar. Una rareza que merece la pena descubrir.

lunes, 29 de abril de 2019

Esteban Bentancour reseña Exhalation, de Ted Chiang

¿Puede haber algo mejor que contar con una nueva colección de relatos de Ted Chiang? Pocas cosas, desde luego, pero una de ellas es contar con una nueva colección de relatos de Ted Chiang... y que el gran Esteban Bentancour la reseñe para nosotros con su habitual profundidad y acierto. ¡Espero que os guste!

Todavía recuerdo mi primer acercamiento a La historia de tu vida, de Ted Chiang. Fue hará unos diez años, en el estand de Alamut y Bibliópolis de la feria del libro de Madrid. Recuerdo que me lo recomendaron junto a Los tejedores de cabellos, de Andreas Eschbach, y que, aquella vez, me terminé decantando por la novela. Sin embargo, el libro de Eschbach me gustó tanto que el año siguiente —por mera asociación— fui hasta el estand de la feria a por La historia de tu vida. Y así volví a leer una maravilla.

La portada de aquella edición —con el ángel, la pirámide y la taza— sugería un contenido más cercano a la fantasía que a la ciencia ficción, pero al poco de empezar a leerla descubrí un relato de ciencia ficción hard digno de Greg Egan. Su premisa era la siguiente: ¿qué sucedería si se tuviese la prueba de que las matemáticas carecen de sentido? La genialidad de Chiang en «Dividido entre cero» (ese es el título del relato) consiste en elegir como protagonista a la matemática que la ha descubierto para analizar las consecuencias emocionales (no científicas) de su desarrollo conceptual.

Lo mismo puede decirse de «La historia de tu vida», el relato que da título a la colección y que hoy es ampliamente conocido gracias a Arrival, la magnífica película de Denis Villeneuve.

Sin embargo, partir de conceptos abstractos para trasmitirnos emociones no es la única estrategia que puede verse en su antología. En lo que respecta a la ciencia ficción, Chiang también se desplaza en sentido contrario.

Un buen ejemplo de esto es «¿Te gusta lo que ves? (Documental)», el relato que cierra el libro. Además de emplear el recurso de «la historia oral» (adelantándose, por ejemplo, a Guerra Mundial Z, de Max Brooks) y de centrarse en la transformación social que genera un avance tecnológico (y no en el avance propiamente dicho), su estructura fragmentada y polifónica le permite conceptualizar —contraponer puntos de vista— sobre un tema tan emocional como el «efecto halo». En pocas palabras, Ted Chiang no solo consigue emocionarnos partiendo de conceptos, sino que logra extraer conceptos analizando emociones.

Sumada a esas dos estrategias, el libro desarrolla una tercera que también me sorprendió: aborda la fantasía con un enfoque científico. Y con «enfoque científico» no me refiero al propuesto por Brandon Sanderson en sus «Leyes de la Magia» —quien recomienda que se definan una serie de reglas para los «sistemas de magia» y que luego se sigan y exploren como si fuesen leyes físicas—; a lo que me refiero es a partir de la base de que ciertas aseveraciones religiosas o mitológicas han sido demostradas científicamente y explorar, desde esa premisa, el tipo de sociedad, ciencia y tecnología que ese hecho produce. Es el caso del relato «Setenta y dos letras» y, muy especialmente, de «El infierno es la ausencia de Dios»… del que volveré a hablar más adelante.

La historia de tu vida me gustó tanto que, cuando me enteré hace unos meses de que Ted Chiang iba a sacar una segunda antología, la apunté entre los imprescindibles del año…; así que podrás imaginar cuál fue mi sorpresa cuando Elías me propuso pasarme un avance editorial para que escribiera este artículo. Eso sí, el hecho de que aún no haya sido publicada me impone un par de condiciones que modificarán, en parte, el modo en que suelo escribirlos.

La primera es que no puedo extraer citas y, por tanto, no podré darte ejemplos de aquello que comentaré. Y la segunda es que, obviamente, tengo que ser más cuidadoso que nunca con los spoilers, así que no podré dar demasiados detalles sobre las historias en sí, ni profundizar en temas que pudiesen revelar sus giros.

Es por eso que he empezado con esta larga introducción sobre las estrategias narrativas de Ted Chiang, porque los relatos y novelas cortas contenidos en Exhalation expanden y destilan su estilo inicial. Al margen de que pueda gustarte más o menos, lo que es indudable es que en su nueva antología se percibe una evolución. Así que, teniendo en cuenta esas estrategias, empecemos a hablar de sus historias.




THE MERCHANT AND THE ALCHEMIST’S GATE

Que Chiang haya elegido este relato para iniciar su antología es una especie de guiño a su colección anterior.

La historia de tu vida se abría con «La torre de Babilonia», un cuento situado en un entorno legendario y profundamente evocador. Y si bien aquel relato se basaba en la mitología hebrea, contenía un componente mecanicista que lo dejaba a medio camino entre la fantasía y una «particular» ciencia ficción; el enfoque científico de la fantasía del que hablé anteriormente.

En «The Merchant and the Alchemist’s Gate», el entorno legendario evocado por Chiang es el de Las mil y una noches —tanto en su escenario como en su estilo— y su componente de ciencia ficción, siendo aún «particular», es mucho más evidente: una serie de historias sobre viajes en el tiempo que nos hablan —por primera, pero no última vez— sobre el determinismo y el libre albedrío.

En una mítica Bagdad («ciudad de paz», según el relato) un mercader conoce a un alquimista que le presenta un artefacto asombroso: un portal que permite trasladarse veinte años hacia el futuro (si se cruza de derecha a izquierda) o veinte años hacia el pasado (si se cruza de izquierda a derecha). (Que el sentido del cruce se corresponda con el de la escritura árabe es un detalle magnífico).

Partiendo de esa premisa, y al estilo de los cuentos orientales, Chiang nos relata cuatro historias de viajes en el tiempo, dos hacia el futuro y dos hacia el pasado.

No puedo decir nada más sin estropearte la sorpresa, pero su reflexión sobre el único modo de cambiar el pasado es de una sensibilidad desbordante.



EXHALATION

Sé que este relato ha sido publicado en español en la revista Cuásar nº 50/51, pero yo no lo había leído, así que este fue mi primer acercamiento a «Exhalation». Y me alegro que haya sido así porque su baza más importante es la sorpresa. No tanto por la historia como por su ambientación. «Exhalation» podría adscribirse perfectamente al new weird. Bastan unas páginas para darse cuenta que nos hallamos ante una sociedad posthumana. De hecho, su enfoque me recordó al de «Seres de arena y escoria», de Paolo Bacigalupi, por el naturalismo con el que describe la humanidad remanente en organismos modificados. La diferencia reside en que la estética biopunk del relato de Bacigalupi es sustituida, en este, por una steampunk.

Para profundizar en este argumento (cosa que me encantaría) tendría que destripar el relato, así que, en lugar de hacerlo, enunciaré algunos de los temas que aborda: la memoria y nuestro vínculo con el pasado; el límite entre lo robótico y lo humano; la certeza de la muerte; el estado fundamental como destino inevitable; la posible existencia del multiverso; el legado de las civilizaciones…

Al tiempo que los he ido citando, yo mismo me he preguntado cómo ha podido hilvanar tal variedad de temas —y de semejante calado— en un único relato. Porque lo cierto es que lo consigue, y el resultado es conmovedor.

No es casual que «Exhalation» haya ganado los premios Hugo y Locus a mejor relato.



WHAT’S EXPECTED OF US

En la introducción comenté que, en esta antología, Ted Chiang destila sus técnicas narrativas. Pues bien, «What’s Expected of Us» es un excelente ejemplo de esa tendencia.

El relato —que puede leerse en la revista Nature— lleva la ficción especulativa a su esencia. En apenas un párrafo, describe un dispositivo denominado «Predictor»: un objeto del tamaño de un mando de coche con un botón y un led verde… que se enciende un segundo antes de que presiones el botón.

Le basta esa descripción para echar por tierra el libre albedrío. A partir de ese punto, se centra en las implicaciones emocionales, sociales, científicas y filosóficas de saberse en un universo determinista.
… Lo cual no sería más que una especulación intelectual si el dispositivo no nos recordara —como sugirió Elías en un tuit— los resultados del famoso experimento de Libet, que concluyó que el potencial cerebral de preparación para el movimiento tiene lugar entre 300 y 500 milisegundos antes de que el sujeto sea consciente de que quiere moverse.

Vale la pena leerlo con calma.

THE LIFECYCLE OF SOFTWARE OBJECTS

Esta novela corta ha sido traducida a nuestro idioma por Manuel de los Reyes y en este caso sí la había leído. Es la historia que cierra la primera entrega de Terra Nova, una serie de antologías que no necesita presentación.

Debo confesar que la primera vez que la leí —si mal no recuerdo, en 2013— no me gustó. O, mejor dicho, me supuso una decepción respecto a los relatos de La historia de tu vida. Pensé seriamente en no volver a leerla y comentar aquí lo que recordaba de entonces, pero decidí darle una segunda oportunidad… y lo curioso es que esta vez me encantó. ¿Qué cambió en este tiempo para que eso pasara? Básicamente, yo. Desde 2015 soy padre y eso, como es lógico, ha cambiado mi perspectiva.
Pensándolo bien, quizás el único «pero» que cabría ponerle a esta novela corta sea el titulo: sería más preciso llamarla «The Educational Cycle of Software Objects», porque ese es el tema de esta historia: la educación de otro ser al que estamos conectados de forma afectiva.

Y fíjate que hablo de «ser» y de «conexión afectiva», y no de hijo. Es en ese pequeño detalle donde radica la genialidad del relato.

Como cuenta Chiang en las notas que rematan el libro, la historia parte de la idea de que, al igual que un ser humano, es probable que una IA necesite unos veinte años de esfuerzo sostenido para ser educada. Sin embargo, el modo en que son educados los digients —los «objetos de software» del título— a lo largo de la novela trasciende el análisis de los vínculos afectivos entre una inteligencia artificial y un humano para sugerir una reflexión universal.

Chiang emplea aquí la misma estrategia que ya vimos en «¿Te gusta lo que ves? (Documental)»: desmenuza un vínculo emocional —en este caso, la educación de otro ser sintiente— para conceptualizarla. Pero en este caso, dada la extensión de la historia, su enfoque es mucho más pormenorizado.

A lo largo del relato (y en función del relato), Chiang analiza temas tan variados como la educación animal, el empleo del conductismo, la educación en valores, la educación de personas con capacidades diferentes, la educación comunitaria, la educación sexual, el vínculo de los padres con la sexualidad de los hijos, la cesión paulatina de libertad durante la infancia y la adolescencia…

Y, por si fuera poco, también explora cómo afecta dicha tarea al educador: su sacrificio económico y de tiempo, su vínculo emocional con el educando, su acción desinteresada o su interés manifiesto, la proyección de los temores del educador sobre el ser que educa, sus prioridades vitales y afectivas…
Hay novelas que nos hablan de la vida con mayor hondura que los ensayos. Y «The Lifecycle of Software Objects» es un buen ejemplo.





DACEY’S PATENT AUTOMATIC NANNY

Este relato es una suerte de corolario de la novela anterior.

Según explica en las notas finales, partió de un encargo de Jeff VanderMeer, quien estaba editando una antología con una premisa muy interesante: un museo que exhibe artefactos imaginarios. Como si se tratara de un catálogo, un artista creaba la ilustración del artefacto y un escritor redactaba el «texto descriptivo» que lo acompañaba en la «exposición».

La idea de partida, por sí misma, es genial. Pero Chiang consigue llevársela a su terreno para seguir explorando el tema de la educación. Si «The Lifecycle of Software Objects» se centraba en la educación de un ser artificial, «Dacey’s Patent Automatic Nanny» se plantea qué ocurriría si el educador fuera un ser artificial.

Con un calculado estilo de documental de los cincuenta (por momentos me recordó los cortos de Disney en los que se imaginaba el mundo del futuro) y un sentido del humor muy ácido, el relato termina siendo una oda a la necesidad del contacto físico y el vínculo paterno filial.

Una verdadera sorpresa y, probablemente, el más atípico de todos los cuentos de la antología.

THE TRUTH OF FACT, THE TRUTH OF FEELING

Este relato —casi una novela corta— también ha sido traducido por Manuel de los Reyes. Fue seleccionado por Mariano Villareal para su excelente colección A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos y en su momento ya lo había leído. Sin embargo, a diferencia de «El ciclo de vida de los objetos de software», su historia me fascinó desde el principio.

Al igual que en «What’s Expected of Us», Chiang parte de una premisa tecnológica expuesta con rigor para explorar sus repercusiones emocionales, sociales y filosóficas.

El título del relato —que en español se tradujo como «La verdad de los hechos, la verdad del corazón»— define muy bien ese delicado equilibrio entre razón y emoción que no solo refleja en el contenido de la historia, sino también su estructura.

Chiang juega en los límites del ensaño para mostrarnos los pros y los contras de una tecnología que, de existir, transformaría el mundo: la grabación digital de experiencias personales capaces de ser recuperadas como un sucedáneo de la memoria.

Partiendo de una premisa en principio abstracta, Chiang consigue emocionarnos; humanizar nuestro vínculo con la tecnología y cuestionar nuestra capacidad para el análisis objetivo. (Sobre esto no puedo profundizar sin estropearte su lectura, pero te aseguro que, ya solo por esta parte, el relato vale la pena).

Sin embargo, «The Truth of Fact, The Truth of Feeling» no se queda ahí. Es probable que a la mayoría de nosotros —que no hemos experimentado la posibilidad de grabar toda nuestra vida y recuperar los fragmentos que deseemos en el momento que deseemos— semejante transformación nos parezca radical. Es probable que pensemos que nuestra sociedad jamás aceptaría someterse a algo así.

Por tanto, para poner el tema en perspectiva, Chiang intercala en la historia central fragmentos de una historia independientes, el relato de la introducción paulatina de la escritura en una sociedad basada en la tradición oral. Y lo hace desde la perspectiva de un aborigen. Esa mirada extraña sobre una tecnología que ya hemos asumido (me refiero, obviamente, a la escritura) nos revela con abrumadora claridad que nuestra sociedad ya ha aceptado, como sucedáneo de la memoria, la «grabación» de experiencias personales capaces de ser recuperadas.

Al conjugar esos dos niveles de lectura, el relato adquiere una nueva dimensión.


THE GREAT SILENCE

Este relato es una rara avis en más de un sentido, pero, sobre todo, lo es por la forma en que fue concebido. Como explica en las notas finales, parte de su colaboración con dos video artistas — Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla— en una instalación en la que superponían imágenes del radiotelescopio de Arecibo con imágenes de los periquitos (es así como se los llama en Puerto Rico) que habitan un bosque cercano.

Partiendo de esa idea… y sumándole la Paradoja de Fermi, la búsqueda de vida inteligente, y del concepto de glosolalia —es decir, la vocalización fluida de sílabas sin significado comprensible—, Chiang plantea un contrapunto que conduce a una reflexión quizás un poco previsible, pero no por eso menos urgente.

OMPHALOS

Podría decirse que este relato se ubica en el mismo universo que «El infierno es la ausencia de Dios»… Y que conste que he dicho «universo».

Lo cierto es que parte de una premisa muy similar: la confirmación científica de que la tierra y los cielos han sido creados y, por tanto, de la existencia de un Creador. Pero si «El infierno es la ausencia de Dios» se centraba en las tribulaciones de la convivencia con el Creador, «Omphalos» analiza el rol de la ciencia en un universo cosmogónico.

Debo reconocer que, de los relatos que aún no conocía, este y el último han sido los que más me han gustado. Sin embargo (o, mejor dicho, precisamente por eso), es muy poco lo que puedo decir sobre este sin estropearte su sentido de la maravilla y, sobre todo, su magnífica vuelta de tuerca.

Solo diré que lleva a su máxima expresión el «enfoque científico» de la fantasía al que hacía referencia al principio del artículo: sus pruebas empliricas de la creación y datación de la Tierra son brillantes, su comparación entre las catedrales y la ciencia como forma de adorar a Dios es conmovedora y su descripción de un sistema astronómico coherente con la cosmogonía cristiana es simplemente admirable.

Y no por la mitología con la que juega, sino por la precisión científica con la que la describe.

Ojalá la disfrutes tanto como yo.



ANXIETY IS THE DIZZINESS OF FREEDOM

En la novela corta que cierra la antología, Chiang retoma la estrategia narrativa ya empleada en «What’s Expected of Us» y en «The Truth of Fact, The Truth of Feeling»: partir de una premisa tecnológica expuesta con rigor para explorar sus repercusiones emocionales, sociales y filosóficas.
Lo interesante de este relato es que toma una premisa tecnológica archiconocida y la explora de una manera completamente original.

Empecemos por la premisa, a ver si te suena: la existencia de un dispositivo que realiza una medición cuántica de dos resultados igualmente probables y que, a partir de ese punto, permite traspasar información entre esas dos ramas de la función de onda «universal». En otras palabras, un dispositivo que nos permite intercambiar información entre universos paralelos.

Como cualquier lector de ciencia ficción sabe, desde Universo de locos, de Frederic Brown, hasta Materia Oscura, de Blake Crouch, se han escrito infinidad de relatos y novelas con esa premisa. ¿Qué hace tan original entonces a «Anxiety is the Dizziness of Freedom»? Básicamente, la primera palabra del título. O, para ser preciso, lo que sugiere esa primera palabra.

Tras intercalar, en los primeros capítulos, una «evolución histórica» de la tecnología de los prism —el dispositivo que permite intercambiar información entre universos paralelos—, Chiang se centra en los dos aspectos de dicha tecnología que, con toda seguridad, interesarían más a cualquier sociedad que la tuviera: la posibilidad de hacer negocios con ella (más o menos legales) y su empleo a nivel psicológico (para mejorar la autoestima y la imagen personal).

Sin duda, uno de los aportes más originales de la historia son los grupos de apoyo psicológico para usuarios de prism, en los que terapeutas especializados (facilitators) los ayudan a lidiar con la ansiedad que produce la constante comparación. Porque no ha de ser fácil encontrarte con tu yo de una realidad paralela (paraself) y descubrir que él o ella sí está con la persona que te gustaba y a la que nunca te atreviste a acercarte, o que ha obtenido el ascenso que a ti te negaron, o que ha logrado el reconocimiento que tú nunca tendrás.

Esto es solo el comienzo de una profunda indagación de los límites del libre albedrío y, sobre todo, del relativismo moral… Porque, si existen infinidad de universos paralelos, ¿qué nos asegura que cualquier acción, positiva o negativa, que llevemos a cabo no será compensada por la acción de otro de nuestros yo en un universo paralelo?

Una vez más, partiendo de un ejercicio conceptual, la respuesta brindada por Chiang consigue emocionarnos. Lamentablemente (una vez más) no puedo profundizar en este asunto sin estropearte la lectura.

Un apunte final

Antes de cerrar este artículo, me gustaría comentar la sensación paradójica que tuve al terminar el libro. En especial, porque puede que tú también la experimentes, si ya has leído La historia de tu vida.

Por una parte, como ya comenté en la introducción, es fácil percibir la evolución de Ted Chiang entre sus dos antologías: los relatos y novelas cortas contenidos en Exhalation expanden y destilan las estrategias narrativas definidas en la primera. Sin embargo —y precisamente por eso—, la sorpresa que me supuso su primera colección no se repitió con esta. Eso no es bueno ni malo por sí mismo, lo digo porque es importante no confundir la sorpresa con la calidad.

Quizás haya algo de cierto en el tópico de que todo escritor escribe la misma novela mil veces. Pero si Ted Chiang sigue enfocando la fantasía desde una perspectiva científica, si sigue conceptualizando las emociones y emocionándonos a través de conceptos como viene haciendo hasta ahora, te aseguro que estaré encantado de seguir leyéndolo… Y de recomendarte, desde aquí, que tú también lo hagas.




viernes, 1 de febrero de 2019

Vídeo: Multipresentación de antologías de autoras (Celsius 2018)

Retomo la publicación de vídeos del pasado Celisus 2018 (aunque parezca increíble, aún me quedan unos cuantos) con la grabación de la multipresentación de las antologías de autoras Terroríficas, Alucinadas IV, I Premio Ripley y Distópicas y Poshumanas. Participan Teresa López-Pellisa, Lola Robles, Iria Parente, Sofía Rhei, María Jesús Sánchez y Caryanna Reuven.

¡Espero que os guste!


jueves, 29 de noviembre de 2018

Pablo Bueno reseña Poshumanas, antología seleccionada por Teresa López-Pellisa y Lola Robles

Pablo Bueno concluye hoy su serie de reseñas de los nominados a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos hablándonos de Poshumanas, antología seleccionada por Teresa López-Pellisa y Lola Robles. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Nara, de E.S. Posthumus (YouTube, Spotify)

Esta es la tercera y última reseña enmarcada en el proceso de selección de los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos. Aquí podéis leer la primera y la segunda. Una vez más os recordamos que es una iniciativa de Libros Prohibidos, concretamente su quinta edición. También, como no podía ser de otro modo, quiero agradecer a Elías Combarro, el creador, dueño, señor y procesador central de Sense of Wonder, su amabilidad al permitirnos alojar aquí esta pequeña colaboración.

Dicho esto, ha llegado el momento de entrar en materia y empezar a analizar Poshumanas, publicado por Libros de la Ballena y coordinado por Teresa López-Pellisa y Lola Robles.

La idea de partida de esta obra se debe a Lola Robles y a Sofía Rhei, que comenzaron a recopilar nombres y obras de género en español escritas por autoras. López-Pellisa nos comenta en el prólogo que, tras sumarse a la intensa labor investigadora, tuvieron que circunscribirse finalmente solo al apartado de la ciencia ficción, dejando de momento aparcadas las obras de terror y fantasía. Así surgieron dos mellizas, Distópicas y Poshumanas, que tratan de mostrar una parte representativa, amplia y diversa del conjunto, con algunas de las obras y autoras que en un momento dado pudieron tener una importancia o relevancia especial.

Ni que decir tiene que en la mayoría de los sectores del panorama literario de género ha habido una inadecuada representación femenina. También parece existir un cierto desconocimiento del papel que las mujeres han tenido en este ámbito, comenzando por la propia Mary Shelley. Ojalá los pasos que se han ido dando en los últimos tiempos consigan dar visibilidad a la producción femenina y reconocer su importancia. En este sentido, Poshumanas nos ofrecen una buena muestra de relatos escritos por mujeres y centrados en la idea de la evolución o modificación del ser humano, bien desde un punto de vista genético, biológico o tecnológico. En ellos, los personajes principales o protagonistas son siempre femeninos e incluso en ocasiones van más allá de la dualidad típica.

Es importante señalar también que la mayoría de los relatos ya han sido publicados antes (algunos de ellos incluso en varias ocasiones) o se han alzado con premios. Solo uno, si no me equivoco, ha sido escrito expresamente para esta antología.

El error” y “Casas rojas”, de Rosa Montero y Nieves Delgado respectivamente, tienen el honor de abrir la antología. Y de qué modo. Ambos constituyen un verdadero aldabonazo capaz de captar nuestra atención, atraparnos y dejarnos con la necesidad de unos minutos para digerirlos tras haberlos terminado. También comparten temática, aunque tratada de un modo muy distinto. No obstante, creo que en este caso es mejor no decir nada más para que el lector los disfrute plenamente.

Otro de los relatos que quiero destacar es “Hombres por correo Lohman”, de Laura Fernández. Aunque no resulta fácil de clasificar, creo que una de las mejores cosas que se pueden decir de una obra es que ha resultado divertidísima y que incluso se ha hecho corta. Tal es el caso.

También disfruté mucho en su momento de “El pastor de naves”, de Felicidad Martínez, y ahora, con la relectura, me ha parecido incluso mejor que entonces.

Una de las apuestas más interesantes de la antología pasa por la recuperación de relatos más o menos antiguos. Si uno de los objetivos era mostrar lo amplio y variado de la producción femenina, sin duda era importante conocer algunas de las muestras que ya quedan atrás en el tiempo. Es este un ejercicio que siempre me resulta, cuanto menos, curioso, porque al propio valor del escrito en sí se suma la posibilidad de comprobar los puntos de vista y la forma de expresarse de los escritores que vivieron en una época distinta a la nuestra. Dentro de este apartado me ha resultado especialmente tierno “El hijo de la ciencia”, de Alicia Araujo.

En definitiva, creo que Poshumanas cumple de forma notable con el objetivo marcado de dar una perspectiva amplia de la producción femenina de ciencia ficción tanto actual como más antigua. Es cierto que, como en toda antología, hay partes que gustan más y otras menos, pero la verdad es que las sensaciones son bastante buenas. De hecho, creo que la pregunta lógica ahora mismo es: ¿para cuándo otra antología similar pero centrada en el terror o en el fantástico? Sin duda hoy tenemos grandes autoras dentro de estos ámbitos y sería muy interesante ver cómo han evolucionado también las perspectivas con el correr de los años. De momento, Poshumanas se lleva cuatro estrellas en Goodreads.

Antes de despedirnos, no obstante, creo que es el momento de hacer un pequeño balance de las tres obras que hemos analizado para los premios Guillermo de Baskerville. No solo por recordárselas a los que nos estén leyendo, sino porque me resulta curioso que, aunque las tres son colecciones de relatos que compiten en la misma categoría, también son muy distintas en la forma y en el fondo.

La primera, Combustible Lovecraft, es una antología compuesta expresamente bajo la premisa que nos anuncia el prólogo: relatos que, estando de forma evidente inspirados en el legado del maestro de Providence, puede que no conserven todas sus características externas. En ella participan un buen puñado de autores y tiene varias historias más que notables.

Jaulas de aire, de Arantxa Rochet, es una colección de relatos de dicha autora en los que se exploran algunas de las consecuencias futuras de ciertas preocupaciones presentes, siempre con un juego claro con la situación que nos plantea el título. En ella destacan, sin duda, las ideas que Rochet nos propone en una suerte de extrapolación.

Y por último está Poshumanas, de la que hemos dado cuenta hoy, así que solo queda esperar para conocer al ganador de los Premios Guillermo de Baskerville, que será anunciado en la web Libros Prohibidos en diciembre.

¡Suerte a los tres candidatos!

lunes, 12 de noviembre de 2018

Pablo Bueno reseña Jaulas de aire, de Arantxa Rochet

Pablo Bueno continúa con su serie de reseñas de los nominados a los Premios Guillermo de Baskerville, en este caso con un libro muy interesante: Jaulas de aire, de Arantxa Rochet. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Jail Cell, de Air (YouTube, Spotify) 

Como ya se anunciaba aquí, durante el mes de octubre y noviembre estamos inmersos en el proceso de selección de los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos. La iniciativa, que parte de la web Libros prohibidos, cuenta ya con cinco ediciones a sus espaldas y su objetivo es otorgar un merecido reconocimiento a editoriales y autores independientes en distintas categorías.

Esta es la segunda reseña de las tres que tengo programadas y todas ellas estarán disponibles aquí, en Sense of Wonder. Una vez más le agradezco a Elías Combarro su amabilidad y su siempre generosa disposición. Por último, y ya como parte final del proceso de los premios, os recordamos que Libros prohibidos publicará el fallo del jurado que resultará de la valoración conjunta de sus integrantes.

Así que, sin más preámbulos, vamos con esta segunda reseña de los candidatos a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos: Jaulas de aire, escrito por Arantxa Rochet y publicado por Ediciones Torremozas, una editorial que, por cierto, lleva desde 1982 apostando por la literatura escrita por mujeres.

En una ocasión leí acerca de un famoso experimento: unos investigadores colocaron a varios monos dentro de una jaula y dejaron unos cuantos plátanos en la parte superior. Sin embargo, cada vez que uno de los monos subía para cogerlos, se les aplicaba una ducha de agua helada a todos. Al cabo de un tiempo, cada vez que uno intentaba subir recibía una generosa ración de golpes por parte de sus propios compañeros. Entonces sacaron a uno de los monos y metieron a otro nuevo que, evidentemente, lo primero que hizo fue intentar subir a por los plátanos, con la consiguiente lluvia de mamporros. A los pocos intentos, el recién llegado entendió la lección. La cosa comienza a ponerse interesante cuando los investigadores retiraron a otro de los monos veteranos y metieron a uno nuevo. Este trató, como no podía ser de otro modo, de alcanzar los plátanos y los otros lo golpearon, incluido el que acababa de entrar antes que él. Al cabo de un tiempo, todos los monos veteranos habían sido sustituidos por otros que jamás habían recibido una sola ducha de agua fría, pero que cuando veían que uno intentaba ir a por los plátanos lo molían a palos.

Un poco en este sentido, Arantxa Rochet firma una antología cuyo título, tal y como yo lo interpreto, nos propone una serie de jaulas subjetivas creadas y mantenidas, por así decirlo, de un modo poco sólido. Tengo que decir que siempre me ha parecido interesante leer historias en las que los barrotes, los ladrillos y el hormigón de dichas prisiones están en nuestras cabezas, formando barreras más fuertes que las propias paredes que nos pudieran imponer. Y es que, en ocasiones los prejuicios, la costumbre o los comportamientos heredados funcionan con idéntica o mayor fuerza que los muros más robustos.

Otro de los nexos comunes de los relatos es incluso más interesante y tiene que ver con el modo en que la autora dilata y deforma algunas de las preocupaciones o tendencias actuales para explorar sus consecuencias en un posible escenario futurista extremo.

Amistad” es uno de los relatos que más me han gustado de la colección y buen ejemplo de esto que comentamos. El tema central de esta historia es el consumismo, un tema, por cierto, recurrente en la antología y que, como señalábamos antes, constituye un problema y una preocupación vigente hoy en día. El modo en que la autora lo trata, aun desde la exageración, resulta coherente e interesante en su propio discurso, pues nos lleva hasta el punto de que las personas, niños en el enfoque concreto de este relato, están patrocinadas por distintas marcas. El desarrollo de la historia lo convierten en uno de los más redondos del libro. Algo tiene que ver también el final, a la altura del resto del relato, punto este que, a mi modo de ver, falla en algunos de los demás cuentos.

Otro de los más destacables es “Hogar, seguro hogar”. En él tenemos desde el comienzo una sensación opresiva, de encierro, y es posible que sea el que mejor captura la esencia que define el título. También, quizá, el que mejor refleja el hecho de adoptar comportamientos heredados sin pararnos a sopesar de forma crítica si tienen razón de ser o no, uno de los grandes males de la humanidad, en mi humilde opinión.

Pero, si en el anterior los personajes están, literalmente, confinados en cubículos diminutos y casi herméticos, “Respira” consigue una sensación aún más opresiva y es, con mucho, el más angustioso. Su punto de partida tampoco es algo que nos resulte ajeno: ¿hasta dónde llegarían las consecuencias de la contaminación? ¿Sería posible que hubiera que comprar el aire como si fuera un bien de consumo de distintas (y en algunos casos prohibitivas económicamente) calidades?

Como se puede apreciar, las ideas que nos presenta Rochet son sobradamente interesantes, sobresalientes en algunos casos. De hecho, quizá los dos puntos menos fuertes de la colección sean el modo en que concluyen dichas ideas y, sobre todo, la forma en que se desarrollan, en ocasiones demasiado inocente, evidente o directa.

No obstante, el libro tiene un claro valor como exploración de lo que podría ser, del crecimiento sin control del capitalismo, el consumismo o la manipulación. Algunos de los relatos bien podrían pasar por el esbozo de un capítulo de Black Mirror. Otros poseen un tono de denuncia social que resulta muy necesario en nuestro tiempo.

Algo posiblemente menor, pero que me ha resultado muy disfrutable es la imbricación que se percibe en algunos de los relatos entre sí. Sucede por ejemplo con algunos de los vocablos que Arantxa nos propone. Velocina, asfio o nicotinos, por ejemplo. Me ha resultado muy agradable encontrarme por primera vez con ellos, entender perfectamente su significado dentro del discurso y, posteriormente, volver a leerlos más adelante dentro de otra historia que amplía su significado.

En conclusión, Jaulas de aire constituye una de esas obras claramente de ideas que tiene coherencia en sí misma como colección de relatos y que aporta una serie de visiones posibles encaminadas a hacernos meditar sobre las consecuencias de lo que hoy está por crecer. Su lectura es ágil, rápida y no resulta monótona al tratarse de relatos bastante cortos. Mi valoración en Goodreads estaría cerca de las tres estrellas y media, por lo que solo nos queda esperar a lo que decida el jurado de estos Premios Guillermo de Baskerville 2018. ¡Estad atentos!

jueves, 25 de octubre de 2018

Pablo Bueno reseña Combustible Lovecraft, antología editada por Yolanda Espiñeira y Félix García

Me complace mucho anunciar que nuestro bienamado Pablo Bueno es miembro del jurado de los Premios Guillermo de Baskerville 2018, organizados por Libros prohibidos, y que nos ofrecerá en las próximas semanas reseñas de varios de los libros nominados. Comenzamos hoy con la antología Combustible Lovecraft, editada por Yolanda Espiñeira y Félix García. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Kissing the Shadows, de Children of Bodom (YouTube).

Hace poco he tenido el honor de ser incluido en el jurado que seleccionará a los ganadores de los premios Guillermo de Baskerville 2018. Concretamente, participo valorando la categoría de libro de relatos. Esta iniciativa, que parte de la web Libros prohibidos, tiene ya cinco años de madurez si incluimos esta última edición y trata de otorgar un merecido reconocimiento a editoriales y autores independientes en distintas categorías.

Por mi parte, realizaré tres reseñas que serán publicadas aquí, en Sense of Wonder. Aprovecho para agradecer una vez más a Elías Combarro su amabilidad y el permitirnos alojar en su web esta parte del proceso de los premios. Posteriormente, Libros prohibidos publicará el fallo del jurado que resultará de la valoración conjunta de sus integrantes.

Así que, sin más preámbulos, vamos con la primera reseña de estos candidatos a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos: Combustible Lovecraft, editado por la siempre interesante Orciny Press y con selección de Yolanda Espiñeira y Félix García.

En cuestión de unos pocos meses he leído varias propuestas que, hundiendo sus raíces en la inspiración lovecraftiana, resultan muy distintas entre sí y, desde luego, muy alejadas del producto que todos tenemos en la cabeza cuando imaginamos al propio Lovecraft poniendo el punto y final a una de sus obras. Entre ellas, recuerdo con una sonrisa El archivo de las atrocidades (Charles Stross, Insólita editorial) por el desparpajo y el humor con el que habla de horrores cósmicos y el modo en que se enfrentan a ellos. Y es que, como dice Félix García en el genial prólogo que acompaña este Combustible Lovecraft, la herencia lovecraftiana está más viva que nunca. O más muerta, que en estos escenarios a veces no son ni mucho menos conceptos antagónicos. Además, hoy por hoy la inspiración que dejó el autor de Providence se ha independizado de él hasta el punto de que, incluso reconociendo los rasgos de su padre literario, los autores dan a luz a obras que, al menos en su cara externa, resultan muy distintas de las primeras manifestaciones lovecraftianas, incluidos sus múltiples clones. De ahí el nombre de esta antología: Combustible Lovecraft, porque todos los relatos que lo integran tienen una inspiración común y evidente, pero mueven vehículos que, en la mayoría de los casos, no se parecen nada entre sí.

Hay que empezar diciendo que, como en todas las antologías, hay relatos que nos llegan más y otros menos, pero el conjunto mantiene en este caso un nivel medio notable y, para demostrarlo y como muestra de la variedad que atesora, me gustaría destacar tres:

El primero, “Tras el horror”, firmado por el Colectivo Juan de Madre, destaca por crear un ambiente de irrealidad, de halo sobrenatural que no acaba de concretarse en algo sólido que agarre y estrangule, pero que resulta igualmente sobrecogedor. Esto, que podría ser un elemento típico de Lovecraft, toma en este caso un curioso tono documental que llega incluso a aportar fotos y dibujos como apoyo “material” de la narración. Dicho recurso contribuye a darnos una sensación de verosimilitud muy interesante. La historia nos habla de Diego V. quien, recién acabada la increíble posproducción de un proyecto cinematográfico, se centra en preparar su próxima película. Esta pretende tener como escenario Yonge street, la calle más larga del mundo (dato real) y ahí, (o quizá antes, debido a esa posproducción surrealista que comentábamos) las cosas comienzan a ponerse extrañas e interesantes. El conjunto nos ofrece un notable relato que parte de cuestiones mundanas tras las que se esconden fuerzas terroríficas que, sin concretarse en el típico monstruo de película mala, consigue esa atmósfera de inquietud desde la primera página.

En “Investigación de la escena de un crimen”, Javier Avilés nos presenta uno de esos relatos fragmentados en los que el lector comienza deliciosamente desubicado hasta que va entendiendo qué es realmente lo que ha pasado. En este sentido me ha gustado mucho la voz, digámoslo así para no revelar demasiado, ajena al personaje principal. Creo que su psicología está muy bien llevada, pese a la dificultad que supone, y conforma un pequeño bosquejo de lo ignoto que resulta creíble e interesante, tanto en el tono como en la conclusión última de sus actos.

La propuesta de Santi Pagés, “El caso del hermano Miller”, es uno de los relatos que más he disfrutado. El autor realiza una tremenda labor de creación no solo del escenario, sino del ambiente que nos mete dentro del mismo. La propia historia está muy bien llevada, dosificando la información, cuidando exquisitamente el lenguaje y haciéndonos caer más y más en el pozo que se atisba a lo lejos. El marco temporal resulta también espectacular. Es, probablemente, el único de la antología para el que no puedo resistirme a pronunciar la consabida frase: NOS DEJA CON GANAS DE MÁS. De hecho, por sacarle un pero, puede que la conclusión sea el único punto que decae un poco después del soberbio desarrollo.

Estos son los tres relatos que me han parecido más interesantes, pero cualquiera de los otros (incluido el prólogo, insisto) resulta una lectura interesante. Así, “Terror en Villalvarado” de Roberto Bartual nos presenta un relato en el que lo insólito se viste de normalidad en un ejercicio sorprendentemente divertido. El autor utiliza, además, elementos no convencionales para cuestiones que sí lo son hasta el punto de darnos sustos a cada página (¿Britney Spears? ¿En serio? No sabía si aplaudir o resoplar, pero el caso es que me estuve riendo un buen rato).

Podéis ir en paz”, de Weldon Penderton, tiene la forma, el tono y el ambiente más rural que podamos imaginar. De hecho, podríamos decir que la primera parte resulta amable, casi hasta entrañable dentro de la oscuridad de las pequeñas comunidades aisladas llenas de prejuicios, pero también aferradas a sus ritos, a las relaciones estrechas de los vecinos o su aparente sencillez. Poco a poco, no obstante, se irá transformando en algo más oscuro a ojos de una recién regresada al pueblo.

Nadadoras”, de Tamara Romero, propone un escenario y una premisa de partida tan sorprendentes que ni en cien años se nos habrían pasado por la cabeza a la mayoría. Francisco Jota-Pérez utiliza en “Cero Zen/TRAPEZOEDRO” la música como forma de hacernos caer en el fondo más extraño y oscuro, sobre todo a través de un original uso del lenguaje y la mezcla continua con términos técnicos.

Tony Fuentes y Albert Kadmon nos presentan en “El síndrome de Capgrass” y “La sinfonía y el retablo” los dos relatos más propiamente Lovecraftianos, a mi modo de ver, pese a su tono muy diferente. Ambos resultan opresivos y forman una espiral descendente desde la primera página, haciéndonos temer lo que está por pasar pero deseando al mismo tiempo verlo con avidez.

La conclusión es que todas estas propuestas beben del mismo combustible para hacernos llegar el aroma del maestro Lovecraft en una antología de un nivel medio notable. Y algunos de los relatos lo hacen, además, pasando por encima de la imitación del estilo para, utilizando algunos de sus condimentos más característicos, presentarnos escenarios y propuestas novedosas y enriquecedoras. Por mi parte se lleva, de momento, cuatro estrellas en Goodreads a la espera de lo que decida el jurado de estos Premios Guillermo de Baskerville 2018. ¡Estad atentos! 

lunes, 25 de junio de 2018

All Your Short Are Belong to US (SuperSonic #10)

Como ya está a punto de publicarse el nuevo número de la revista SuperSonic (¡pronto en esta misma página el anuncio en exclusiva de sus contenidos!), os traigo hoy la entrega de mi sección All Your Short Are Belong to Us que apareció en el número anterior (el 10). ¡Espero que os guste!

Bienvenidos de nuevo a All Your Short Are Belong to Us, la sección de SuperSonic dedicada a la mejor ficción corta publicada en inglés. Han pasado ya unos cuantos meses desde el último repaso, así que lo mejor es empezar cuanto antes a comentar los relatos y novelas cortas que más me han gustado entre los publicados en la segunda mitad del año 2017. ¡Allá vamos!

Como sabéis, Tor.com es una de mis editoriales favoritas, especialmente por la gran cantidad y calidad de novelas cortas que publican. En julio, nos ofrecieron The Ghost Line, de Andrew Neil Gray y J.S. Herbison, una historia que mezcla la ciencia ficción con los cuentos de fantasmas a través de una misteriosa nave abandonada. Curiosamente, parece que es una obra que ha pasado bastante desapercibida (al menos en comparación con otras novelas cortas de la editorial), pero que a mí me mantuvo en tensión desde la primera a la última página. Buen ritmo, algún giro de guion inesperado y un tratamiento original de elementos clásicos para una historia que se lee con agrado y deja muy buen sabor de boca. 

También en julio pudimos disfrutar de una novela corta, publicada en este caso en la revista Fantasy & Science Fiction, cercana al género del terror. Se trata de “There Was a Crooked Man, He Flipped and Crooked House”, de David Erik Nelson, un homenaje al famoso relato “And He Built a Crooked House”, de Robert A. Heinlein que da una vuelta de tuerca al tema de las casas imposibles. Además de lo original y llamativo del planteamiento, esta obra ofrece también un notable tratamiento y desarrollo de los personajes, sobre todo para la longitud de la que estamos hablando (por debajo de las cien páginas). De mis novelas cortas favoritas de todo el año. 

Pasamos ya a septiembre, que nos trajo varios cuentos y novelas cortas muy destacables. Por un lado, “Ugo”, de Giovanni De Feo, que pudimos leer en Lightspeed. Este delicioso relato no solo recuerda a otras obras extraordinarias como “Six Months, Three Days”, de Charlie Jane Anders, o The Time Traveler’s Wife, de Audrey Niffenegger, sino que con un recurso sumamente inteligente se convierte en una de las historias de amor más desagarradoras que he leído en mi vida. Una joya. 

Otro cuento excelente que se publicó en septiembre es “March, April, May”, de Malcolm Devlin, que forma parte de la antología 2084 (y es el relato más destacado del conjunto, con bastante diferencia, en mi humilde opinión). Una crítica ácida y profunda de las redes sociales y las dinámicas que se crean en ellas, captura el espíritu de las distopías clásicas de un modo muy personal e impactante. 

También en septiembre vieron la luz dos novelas cortas (de Tor.com, como no) que están entre lo más destacado del año pasado. The Red Threads of Fortune y The Black Tides of Heaven, de JY Yang, son dos historias paralelas (se han publicitado con el nombre de “novelas cortas gemelas”) de corte claramente silkpunk, que mezclan fantasía y cultura oriental de forma magistral. Ambas son muy recomendables, aunque me inclino ligeramente por The Red Threads of Fortune. En cualquier caso, creo que veremos ambas nominadas a más de un premio este año. 

Octubre fue el mes de The Book of Swords, editada por Gardner Dozois, mi antología favorita del año. Podría recomendar muchos de los relatos incluidos en ella, pero me voy a quedar solamente con dos: “The Hidden Girl”, de Ken Liu, y “Waterfall”, de Lavie Tidhar.

“The Hidden Girl”, que según se ha anunciado podría ser adaptada al cine, es una muestra de que Ken Liu, aunque últimamente está más centrado en la escritura de novelas, sigue siendo uno de los mejores autores de cuentos del género. Aquí nos regala una vibrante historia que mezcla fantasía, artes marciales y un poquito de ciencia ficción de forma impecable. El que tuvo, retuvo. 

Cuanto más leo a Lavie Tidhar, más me convenzo de que es un auténtico genio. Y “Waterfall” no hace más que confirmar esa impresión, junto con la de que es un autor capaz de trabajar en cualquier género que se proponga. Aquí, nos ofrece una historia cercana al western, situada en un mundo de fantasía que ya ha visitado antes, el de su personaje Gorel de Goliris, aunque este cuento se puede leer de forma independiente. Acción, ambiente oscuro, personajes con pasados traumáticos, dioses con perversas intenciones… Un cuento estupendo que destaca en una estupenda antología. 

La última novela corta de Tor.com (¡lo prometo!) que quiero recomendar en esta ocasión es Mandelbrot the Magnificent, de Liz Niemska. La autora se basa en la biografía del matemático Benoit Mandelbrot, considerado el padre de la geometría fractal, para dar una mirada diferente, casi en clave de realismo mágico, a la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, a la salvaje persecución del pueblo judío. El elemento fantástico, tan sutil que podría ser simplemente una alegoría, contribuye a redondear una obra muy recomendable. 

Y para finalizar la sección por esta vez, me voy a quedar con otro relato de Lightspeed, en este caso del número de diciembre de 2017. “The House at the End of the Lane is Dreaming”, de A. Merc Rustad, trata un tema que es bastante habitual en la ciencia ficción, el de los videojuegos y la dificultad, en ocasiones, de distinguirlos de la realidad. Confieso que me costó un tanto entrar en la historia, pero todo el trabajo de ambientación inicial comienza a dar sus frutos cuando el lector se da cuenta de que este relato no sigue los mismos derroteros que otros y explota completamente cuando se llega a un final tan adecuado como inesperado. 

Estas son las diez obras que he querido recomendar en esta ocasión. Espero que alguna os llame la atención y que, si la leéis, os guste tanto como a mí. Nos vemos en la próxima entrega de All Your Short Are Belong to Us. Mientras tanto, enjoy!