lunes, 29 de octubre de 2018

Alexander Páez reviews Mecha Samurai Empire, by Peter Tieryas

Alexander Páez has kindly reviewed for us Mecha Samurai Empire, by Peter Tieryas, the sequel to United States of Japan. You can also read this review in Spanish at Alexander's website, Donde acaba el infinito. Hope you like it!

Review Soundtrack: Álex suggests reading this review while listening to the main theme of Mazinger Z, by Ichirou Mizuki (YouTube, YouTube

Some years ago, I got an ARC copy of a book at my email. It was an Angry Robot book: United States of Japan by an unknown author at that time, Peter Tieryas. I contacted him by Twitter and since then we speak now and then. With that warm and proximity that is so Tieryas. Now, in 2018, Peter Tieryas has positioned himself as one of the emergent authors that you must read. He has succeeded in the international market as in the anglosaxon. And he hasn’t lost this close touch, this proximity to the readers. The story repeats itself, I got an ARC copy of his new novel and I start reading it as soon as it gets into my Paperwhite. I need more of his world. I need more mechas. I need more sci-fi. Mecha Samurai Empire is this new novel that is also a sequel to the previous novel but both can be read as stand-alone works. Oh, and it was worth. So much.

If the first novel was a dystopia, a homage to a Phillip K. Dick novel, this second one is a novel about war, about humanity, a tribute to the sub-culture surrounding mechas, videogames and probably a more Heinlein-reminiscent novel. In Mecha Samurai Empire, Japan and Germany won the World War II and they divided North America. West is Japanese, a hybrid between Japanese and North American culture, while in the East, the Germany area, it is more divided between non-Aryans and “normal” citizens. You probably already knew this if you read the previous novel. The truce between the Japanese Empire and the German Reich is uneasy, mechas versus biomechs, but they usually stay out of each other businesses. Usually.

Mecha Samurai Empire begins with Mac, a student struggling with his grades, but a guy who is incredibly good at videogames, especially with “portical”, something that grants with a chance to enter the mecha examination program so he can fulfill his dream: to be a mecha pilot. Mac is attended by the state, since both his parents were killed in The Battle of San Diego. They were both mecha pilots.

Peter Tieryas doesn’t write typical heroes. You probably are wondering when Mac will have his chance to save the world, to be a hero. Well, actually on different occasions, but the way Tieryas drives the plot is brilliant. This are not hero worthy situations, most of them are a fruit of chance, or sometimes he is in the right place at the right time. Tieryas also does a lot of criticism to the military structure, with poor leaders that lead to a lot of trooper deaths and so on. While I don’t really care about military criticism (I guess this is an important issue in USA, but in Spain not really) I think it’s very clever because you can take the philosophical exploration and put it into a bigger picture. While I was reading this novel, I reckoned it felt a lot like a Kojima game. A Metal Gear Solid game. It’s about soldiers, but it has a bigger picture. Mac isn’t a philosopher, but he encounters situations that really question his motivations. For instance, he has a German friend, and that is not very keen to the eyes of his companions. 

I have to admit, the best in this novel? The mecha battle. Oh my. So funny, so well written, so epic. This was something the readers wished for more in the first novel. And here we have our wish. Granted by Tieryas. I would LOVE to see a movie about this novel. Mecha Samurai Empire isn’t as dark as the previous work, it’s more war-like, more dynamic, faster. And I really enjoyed the change in style and narrative. It really feels like Tieryas had a lot of fun writing this novel. And you know, mechas vs other things is always a win-win. My recommendation is that you should read it, but don’t expect a new dystopia, this is not (very much) it. It’s a criticism to war, military states and totalitarianism. Another great work by Peter Tieryas.

jueves, 25 de octubre de 2018

Pablo Bueno reseña Combustible Lovecraft, antología editada por Yolanda Espiñeira y Félix García

Me complace mucho anunciar que nuestro bienamado Pablo Bueno es miembro del jurado de los Premios Guillermo de Baskerville 2018, organizados por Libros prohibidos, y que nos ofrecerá en las próximas semanas reseñas de varios de los libros nominados. Comenzamos hoy con la antología Combustible Lovecraft, editada por Yolanda Espiñeira y Félix García. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Kissing the Shadows, de Children of Bodom (YouTube).

Hace poco he tenido el honor de ser incluido en el jurado que seleccionará a los ganadores de los premios Guillermo de Baskerville 2018. Concretamente, participo valorando la categoría de libro de relatos. Esta iniciativa, que parte de la web Libros prohibidos, tiene ya cinco años de madurez si incluimos esta última edición y trata de otorgar un merecido reconocimiento a editoriales y autores independientes en distintas categorías.

Por mi parte, realizaré tres reseñas que serán publicadas aquí, en Sense of Wonder. Aprovecho para agradecer una vez más a Elías Combarro su amabilidad y el permitirnos alojar en su web esta parte del proceso de los premios. Posteriormente, Libros prohibidos publicará el fallo del jurado que resultará de la valoración conjunta de sus integrantes.

Así que, sin más preámbulos, vamos con la primera reseña de estos candidatos a los Premios Guillermo de Baskerville 2018 en la categoría de libro de relatos: Combustible Lovecraft, editado por la siempre interesante Orciny Press y con selección de Yolanda Espiñeira y Félix García.

En cuestión de unos pocos meses he leído varias propuestas que, hundiendo sus raíces en la inspiración lovecraftiana, resultan muy distintas entre sí y, desde luego, muy alejadas del producto que todos tenemos en la cabeza cuando imaginamos al propio Lovecraft poniendo el punto y final a una de sus obras. Entre ellas, recuerdo con una sonrisa El archivo de las atrocidades (Charles Stross, Insólita editorial) por el desparpajo y el humor con el que habla de horrores cósmicos y el modo en que se enfrentan a ellos. Y es que, como dice Félix García en el genial prólogo que acompaña este Combustible Lovecraft, la herencia lovecraftiana está más viva que nunca. O más muerta, que en estos escenarios a veces no son ni mucho menos conceptos antagónicos. Además, hoy por hoy la inspiración que dejó el autor de Providence se ha independizado de él hasta el punto de que, incluso reconociendo los rasgos de su padre literario, los autores dan a luz a obras que, al menos en su cara externa, resultan muy distintas de las primeras manifestaciones lovecraftianas, incluidos sus múltiples clones. De ahí el nombre de esta antología: Combustible Lovecraft, porque todos los relatos que lo integran tienen una inspiración común y evidente, pero mueven vehículos que, en la mayoría de los casos, no se parecen nada entre sí.

Hay que empezar diciendo que, como en todas las antologías, hay relatos que nos llegan más y otros menos, pero el conjunto mantiene en este caso un nivel medio notable y, para demostrarlo y como muestra de la variedad que atesora, me gustaría destacar tres:

El primero, “Tras el horror”, firmado por el Colectivo Juan de Madre, destaca por crear un ambiente de irrealidad, de halo sobrenatural que no acaba de concretarse en algo sólido que agarre y estrangule, pero que resulta igualmente sobrecogedor. Esto, que podría ser un elemento típico de Lovecraft, toma en este caso un curioso tono documental que llega incluso a aportar fotos y dibujos como apoyo “material” de la narración. Dicho recurso contribuye a darnos una sensación de verosimilitud muy interesante. La historia nos habla de Diego V. quien, recién acabada la increíble posproducción de un proyecto cinematográfico, se centra en preparar su próxima película. Esta pretende tener como escenario Yonge street, la calle más larga del mundo (dato real) y ahí, (o quizá antes, debido a esa posproducción surrealista que comentábamos) las cosas comienzan a ponerse extrañas e interesantes. El conjunto nos ofrece un notable relato que parte de cuestiones mundanas tras las que se esconden fuerzas terroríficas que, sin concretarse en el típico monstruo de película mala, consigue esa atmósfera de inquietud desde la primera página.

En “Investigación de la escena de un crimen”, Javier Avilés nos presenta uno de esos relatos fragmentados en los que el lector comienza deliciosamente desubicado hasta que va entendiendo qué es realmente lo que ha pasado. En este sentido me ha gustado mucho la voz, digámoslo así para no revelar demasiado, ajena al personaje principal. Creo que su psicología está muy bien llevada, pese a la dificultad que supone, y conforma un pequeño bosquejo de lo ignoto que resulta creíble e interesante, tanto en el tono como en la conclusión última de sus actos.

La propuesta de Santi Pagés, “El caso del hermano Miller”, es uno de los relatos que más he disfrutado. El autor realiza una tremenda labor de creación no solo del escenario, sino del ambiente que nos mete dentro del mismo. La propia historia está muy bien llevada, dosificando la información, cuidando exquisitamente el lenguaje y haciéndonos caer más y más en el pozo que se atisba a lo lejos. El marco temporal resulta también espectacular. Es, probablemente, el único de la antología para el que no puedo resistirme a pronunciar la consabida frase: NOS DEJA CON GANAS DE MÁS. De hecho, por sacarle un pero, puede que la conclusión sea el único punto que decae un poco después del soberbio desarrollo.

Estos son los tres relatos que me han parecido más interesantes, pero cualquiera de los otros (incluido el prólogo, insisto) resulta una lectura interesante. Así, “Terror en Villalvarado” de Roberto Bartual nos presenta un relato en el que lo insólito se viste de normalidad en un ejercicio sorprendentemente divertido. El autor utiliza, además, elementos no convencionales para cuestiones que sí lo son hasta el punto de darnos sustos a cada página (¿Britney Spears? ¿En serio? No sabía si aplaudir o resoplar, pero el caso es que me estuve riendo un buen rato).

Podéis ir en paz”, de Weldon Penderton, tiene la forma, el tono y el ambiente más rural que podamos imaginar. De hecho, podríamos decir que la primera parte resulta amable, casi hasta entrañable dentro de la oscuridad de las pequeñas comunidades aisladas llenas de prejuicios, pero también aferradas a sus ritos, a las relaciones estrechas de los vecinos o su aparente sencillez. Poco a poco, no obstante, se irá transformando en algo más oscuro a ojos de una recién regresada al pueblo.

Nadadoras”, de Tamara Romero, propone un escenario y una premisa de partida tan sorprendentes que ni en cien años se nos habrían pasado por la cabeza a la mayoría. Francisco Jota-Pérez utiliza en “Cero Zen/TRAPEZOEDRO” la música como forma de hacernos caer en el fondo más extraño y oscuro, sobre todo a través de un original uso del lenguaje y la mezcla continua con términos técnicos.

Tony Fuentes y Albert Kadmon nos presentan en “El síndrome de Capgrass” y “La sinfonía y el retablo” los dos relatos más propiamente Lovecraftianos, a mi modo de ver, pese a su tono muy diferente. Ambos resultan opresivos y forman una espiral descendente desde la primera página, haciéndonos temer lo que está por pasar pero deseando al mismo tiempo verlo con avidez.

La conclusión es que todas estas propuestas beben del mismo combustible para hacernos llegar el aroma del maestro Lovecraft en una antología de un nivel medio notable. Y algunos de los relatos lo hacen, además, pasando por encima de la imitación del estilo para, utilizando algunos de sus condimentos más característicos, presentarnos escenarios y propuestas novedosas y enriquecedoras. Por mi parte se lleva, de momento, cuatro estrellas en Goodreads a la espera de lo que decida el jurado de estos Premios Guillermo de Baskerville 2018. ¡Estad atentos! 

lunes, 22 de octubre de 2018

Reseña de The Particle Zoo, de Gavin Hesketh

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Particle Storm, de Lights & Motion (Spotify, YouTube)

En los últimos meses he retomado con muchas ganas la lectura de libros científicos y de divulgación. Sin embargo, un problema con el que me suelo enfrentar es el de encontrar obras que tengan el nivel adecuado. Los libros de texto puros y duros suelen ser, obviamente, demasiado avanzados, y, por el contrario, los de divulgación más clásica tienden a simplificar excesivamente las cosas, prescindiendo de cualquier tipo de formalismo o expresión matemática y utilizando las mismas manidas metáforas una y otra y otra vez. 

Afortunadamente, The Particle Zoo, de Gavin Hesketh, es una muy agradable excepción a esta última tendencia. Se trata de un libro de divulgación que no rehuye los elementos formales, sino que los presenta de forma simplificada pero completamente rigurosa, sin miedo de dejar caer una fórmula matemática aquí y allá. Además, reduce las alegorías y comparaciones al mínimo, llamando a las cosas por su nombre e identificando claramente lo que son descripciones aproximadas y lo que son conceptos científicos precisos.

El objetivo de The Particle Zoo es servir de introducción al modelo estándar de la física de partículas, la teoría científica que estudia las partículas subatómicas, y lo consigue con creces. El mejor halago que le puedo hacer a esta obra es que con ella he aprendido muchísimo y, aunque evidentemente no he convertido un experto en física de partículas en la semana que he tardado en leerlo, ahora tengo muchísimo más clara la imagen global de ese zoológico de fermiones y bosones que constituye la base de nuestro mundo físico. 

Hesketh mantiene, durante todo el libro, un perfecto equilibrio entre la introducción de conceptos físicos, la explicación de los conceptos históricos en los que se produjeron los avances y descubrimientos principales y la realización práctica de los experimentos que se utilizan para confirmar (o refutar) las predicciones teóricas. Así, tras un breve prólogo que motiva el resto de capítulos, el autor comienza exponiendo el uso de los diagramas de Feynman para la representación de las interacciones entre partículas, un elemento que será fundamental a lo largo de toda la obra.

Poco a poco, se van explorando las tres fuerzas fundamentales que estudia el modelo estándar (la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil) y las distintas partículas asociadas a ellas: quarks, fotones, neutrinos... hasta llegar, por supuesto, al bosón de Higgs. En todos los casos, las explicaciones de Hesketh están estupendamente medidas; el lenguaje es conciso, pero sumamente preciso y muy clarificador. Además, cada nuevo concepto se va apoyando y asentando sobre los anteriores, con lo que el resultado final es tremendamente sólido y está perfectamente cohesionado. En especial, los capítulos dedicados a la fuerza nuclear débil son, sin duda, los mejores que he leído sobre el tema. Confieso que nunca había entendido muy bien su acción y la función de los bosones W, y ahora me ha quedado bastante más claro. 

La única pega que le puedo poner a The Particle Zoo es que en los capítulos finales se traiciona un poco a sí mismo. Si hasta llegar a los neutrinos la tónica predominante había sido la de explicar cada pequeño detalle de forma concisa pero completa, en el último tramo Hesketh comienza a tener un poco más de prisa y opta por ofrecer un panorama a vista de pájaro. El libro pierde entonces un poco de su personalidad y se asemeja a otras muchas obras de divulgación al uso. Es cierto que los temas tratados son mucho más especulativos (la materia oscura o la búsqueda de la super-simetría, por ejemplo), pero la falta de esos detalles que hacían que los conceptos encajaran tan bien unos con otros se nota en demasía. No es que los conceptos estén mal explicados, pero les falta la profundidad de los primeros capítulos.

Aún así, The Particle Zoo es un libro que he disfrutado enormemente y con el que, como decía arriba, he aprendido muchas cosas nuevas. Lo recomiendo a cualquier persona interesada en conocer cómo funciona el mundo subatómico y que no tenga miedo a encontrarse de vez en cuando alguna fórmula matemática y a pararse un ratito a pensar sobre algún concepto un poco más abstracto de lo habitual.       

lunes, 15 de octubre de 2018

Reseña de Vengeful, de V.E. Schwab

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando The Vengeful One, de Disturbed (Spotify, YouTube)

Parece increíble, pero ya han pasado más de cinco años de la publicación de Vicious, de V.E. Schwab, una de las mejores novelas de superhéroes que he leído. Y aunque el final de la historia deja los acontecimientos claramente preparados para una continuación, durante este tiempo nunca tuve demasiada esperanza de poder llegar a verla, sobre todo porque su autora se embarcó en otros varios proyectos distintos. Por ello, me llevé una sorpresa muy agradable cuando vi anunciado en Twitter que el lanzamiento de Vengeful era inminente. Sorpresa que, por supuesto, pronto dio paso a la incertidumbre: ¿sería esta segunda parte tan buena como la primera?

Me alegra mucho poder decir que Vengeful no sólo es tan buena como Vicious, sino que incluso la supera en varios aspectos. Schwab ha sabido mantener los mejores elementos de la primera novela de la serie, potenciándolos aún más en esta continuación. El resultado es una de las novelas que más he disfrutados en los últimos meses y, muy posiblemente, una de las imprescindibles del año. 

El primer aspecto en el que destaca Vengeful, como ya lo hiciera Vicious, es en los personajes. Unos personajes que se alejan de los clásicos superhéroes del cómic y nos muestran un lado infinitamente más oscuro de la (dudosa) fortuna de poseer poderes sobrehumanos. Schwab sabe presentarlos a todos con admirable profundidad, consiguiendo que resulten tan fascinantes como creíbles y profundizando especialmente en su psicología (que en algunos casos es de lo más retorcida). 

Si en Vicious teníamos a Victor y Eli como principales referentes, en Vengeful la autora incorpora, muy acertadamente, dos nuevas protagonistas que dan muchísimo juego: June y Marcella. De hecho, la novela empieza con un maravilloso capítulo de presentación de esta última y gran parte de la trama gira en torno a ambas. Esto supone un perfecto contrapunto para los capítulos dedicados a Eli y Victor, que además nos presentan aspectos de su personalidad que no pudimos ver en la primera novela y que son de lo más interesante (mención especial para los flashbacks a la infancia de Eli, que son extraordinarios). Si a esto le unimos un buen puñado de personajes secundarios muy bien escogidos, el resultado no puede ser otro que un elenco absolutamente extraordinario (no pun intended). 

La prosa de Schwab sigue siendo excepcional. Con apenas unas pocas frases, es capaz de dibujar completamente una ambientación, de definir magistralmente a un personaje. El tono es, simplemente, perfecto. Oscuro, retorcido, por momentos hasta vicioso, como demandan los personajes y las situaciones. La narración, además, fluye de maravilla. En muchos momentos me sorprendí a mí mismo asintiendo con la cabeza mientras escuchaba el audiolibro, porque, sí, esa era precisamente la frase necesaria en ese momento, la que mejor podía encajar con diferencia.       

La trama se resiente ligeramente de la importancia dada al tratamiento de los personajes y tarda un poco más en arrancar que en Vicious. Además, en la parte dedicada da Victor y Sydney, los continuos cambios de situación en el tiempo pueden llegar a confundir un tanto al lector. Sin embargo, esto constituyen sólo problemas menores en la novela, puesto que una vez que Schwab sitúa convenientemente todas la piezas en el tablero, las tramas empiezan a confluir y todo funciona de manera mucho más dinámica. Además, la ciudad de Merit se convierte en epicentro de toda la acción, una decisión muy acertada, puesto que poco a poco va cobrando una personalidad propia, al estilo de otras famosas ciudades del mundo de los superhéroes. Finalmente, y aunque algunas subtramas se resuelven, la historia queda de nuevo en un to be continued, esta vez incluso más pronunciado que en Vicious, por lo que espero que pasen mucho menos de cinco años antes de que se publique la siguiente entrega si es que quiero que mis uñas sobrevivan hasta entonces.

En resumen, Vengeful es una novela que me ha encantado, como creo que ha quedado de manifiesto. Si ya habéis leído Vicious, no os la podéis perder. Si no, esta nueva novela es una razón más para ponerse al día con esta serie cuanto antes. Además, tendréis una oportunidad inmejorable en marzo del año próximo, puesto que para entonces se ha anunciado la edición de Vicious en castellano con el título de Una obsesión perversa y de la mano de Ediciones Urano.  

lunes, 8 de octubre de 2018

Vídeo: Encuentro literario con Dan Abnett (Celsius 2018)

Hoy tengo el placer de ofreceros la grabación del encuentro literario con Dan Abnett en el que tuve el placer de participar, junto con Diego García Cruz, en el pasado festival Celsius 232. 

¡Espero que os guste!


lunes, 1 de octubre de 2018

Pablo Bueno reseña Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha

Pablo Bueno hoy nos trae la reseña de todo un clásico de la ciencia ficción en español: Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha (tristemente fallecido este año). Espero que os guste y os animéis a buscar esta divertidísima novela, si es que aún no la habéis leído.

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Hoy comamos y bebamos, de Juan del Enzina, en la versión de Jordi Savall (YouTube, Spotify).

La expresión rara avis se utiliza cuando una persona o cosa se considera poco común o tiene alguna característica que la diferencia de las demás de su misma especie. Y, si bien es cierto que se usa con cierta frecuencia, creo que este es uno de esos casos en los que define perfectamente lo que tenemos entre manos.

Comencemos poniendo en contexto la obra: Memorias de un merodeador estelar se publicó en 1995. Hace cuatro días para los que éramos adolescentes en aquellas fechas; hace varias eras de los hombres para los más jóvenes que nos estén leyendo. Hablamos, por tanto, de una época en la que el fandom español ya estaba formado tras dejar atrás unas primeras etapas complicadas, como ya ilustramos aquí.

En aquellos tiempos, el recientemente fallecido Carlos Saiz Cidoncha ya llevaba publicadas un buen puñado de obras (su primera novela data del 78) y se lo consideraba uno de los grandes representantes de la ciencia ficción patria. No solo eso, puesto que fue uno de los creadores de las hispacones, mantuvo durante toda su vida una intensa labor divulgativa sobre el género y la cultura en general y llegó a ser una persona extremadamente culta y formada en muchos y muy diversos ámbitos. Recomiendo encarecidamente echarle un vistazo a su página en la Wikipedia, pues esconde más de una sorpresa.

Pero centremos la mirada en la obra que hoy nos ocupa, puesto que hablar sobre la figura de su autor podría llevarnos horas y, sin duda, no terminaríamos. Repitamos, por tanto, que estamos ante una propuesta realmente sorprendente. La primera descripción que nos viene a la cabeza, y he de decir que en esto no he sido nada original, puesto que es algo que luego he visto escrito por más de uno, es la de que estamos ante una especie de Lazarillo de Tormes llevado al plano espacial de la ciencia ficción.

Esto sucede no solo por las cuestiones profundas que cimentan la narración, como veremos, sino porque Cidoncha realiza un extraordinario trabajo con el lenguaje. Permitan que me detenga un instante más aquí: es de agradecer y, aún más, de quitarse el sombrero, lo que el autor consigue “solo” con el modo de elegir y colocar las palabras, puesto que desde el primer momento dota a su novela de una pátina de antigüedad, de óxido, de vieja gloria que contrasta de un modo delicioso con el lejano futuro en que se ubica y que, como supongo que era su deseo, nos hace inevitable el recuerdo de la novela picaresca clásica española.

Con tal osadía, Cidoncha nos arroja a un futuro lejano en la que una pasada hecatombe acabó con el glorioso imperio galáctico humano del que en esos momentos no quedan sino restos disgregados y en gran medida incomunicados que luchan por sobrevivir o medrar, en algunos casos aupándose unos sobre las cabezas de los otros. Para colmo de males, existen algunas razas alienígenas muy agresivas que complican aún más la situación.

Una de estas ataca el planeta de nuestro protagonista, un todavía muy joven Gabriel Luján que salva la vida solo gracias al coraje de su madre. Esta mujer, además, pronto consigue que admitan a su hijo como novicio del culto imperante en aquel planeta, cuyo panteón parece ser un calco fiel del clásico grecolatino.

Será el propio Luján el que nos vaya desgranando sus memorias desde la primera página. De este modo, conoceremos de primera mano a un granuja cobarde y aprovechado que, sin embargo, alberga un buen corazón y algo de orgullo, cóctel que, en ocasiones, lo lleva por los peores caminos posibles. 
Y es aquí, en los primeros compases de la obra, cuando resulta ineludible la comparación con la famosa novela picaresca que mencionábamos antes. El joven Luján, ingenuo tanto por años como por sus escasas y restringidas vivencias, se encuentra de pronto ante un mundo nuevo de posibilidades y lujos. Y es al calor de estos últimos, y de las promesas de los que vendrán si finalmente es ordenado sacerdote, donde su carácter pícaro, embaucador, inteligente y amante de los trapicheos y los atajos comenzará a desvelarse en todo su esplendor. 

Sin embargo, estas son solo las primeras páginas de la historia, puesto que sus andanzas lo llevarán por muy variados escenarios que no solo nos mostrarán una buena porción del mundo que Cidoncha creó para alojar sus historias, sino que cambiarán el destino y la posición del propio Gabriel de formas sorprendentes.

Y es que, a medida que el libro avanza, las influencias pulp del autor serán más y más evidentes, mostrándonos mundos exuberantes, pasajes llenos de acción y el consabido erotismo seudoamoroso que, quizá, es el elemento que peor ha sumado años en esta obra. Con creces.

Por otra parte, las reflexiones que el protagonista comparte con sus lectores son a menudo deliciosas y lo que, personalmente, más he disfrutado de la novela. Gabriel Luján hace gala de un escepticismo y un humor que más de una vez nos hacen lanzar la carcajada no solo por lo inventivas y agudas que son dichas reflexiones, sino por lo acertado de las mismas. Ante su mirada, los defectos universales del ser humano aparecen cristalinos, tanto da que se observen en planetas poco desarrollados o en otros supuestamente muy avanzados. De este modo, nuestro entrañable héroe atiza por igual al clero, a los poderosos, a los supuestamente píos e incluso al propio egoísmo del que el hombre hace gala, eso sí, a menudo cuando se encuentra en momentos de peligro o privaciones.

Una cuestión menor dentro de la obra, pero que me ha divertido muchísimo, es la multitud de guiños que aparecen en el discurso cuando se rememoran hechos o personajes importantes del pasado remoto de la tierra. Pondré un ejemplo: seguro que todos tenemos en la cabeza el nombre de aquel famoso ladrón de la campiña inglesa que robaba a los ricos para dar a los pobres, ¿verdad? Exacto: Atila.

En conclusión, creo que estamos ante una de esas obras importantes dentro de la historia de la ciencia ficción en castellano. Más de una vez he comentado ya que no debemos dejar caer en el olvido nuestros grandes nombres y las obras que nos legaron y creo que esta merece sin ninguna duda permanecer en la memoria de todos los que amamos la literatura de género; más aún: de todos los que aprecien un personaje capaz de reflexionar y dejar desnuda la naturaleza del hombre de un modo tan divertido como incontestable. No me cabe la menor duda de que un ejemplo similar en lengua inglesa sería habitual en charlas y referencias. Tampoco de que se atesoraría con el mimo y el reconocimiento que merece. Puede que ya sea momento de que nosotros hagamos lo mismo con nuestras pequeñas o grandes joyas patrias.