lunes, 22 de octubre de 2018

Reseña de The Particle Zoo, de Gavin Hesketh

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando Particle Storm, de Lights & Motion (Spotify, YouTube)

En los últimos meses he retomado con muchas ganas la lectura de libros científicos y de divulgación. Sin embargo, un problema con el que me suelo enfrentar es el de encontrar obras que tengan el nivel adecuado. Los libros de texto puros y duros suelen ser, obviamente, demasiado avanzados, y, por el contrario, los de divulgación más clásica tienden a simplificar excesivamente las cosas, prescindiendo de cualquier tipo de formalismo o expresión matemática y utilizando las mismas manidas metáforas una y otra y otra vez. 

Afortunadamente, The Particle Zoo, de Gavin Hesketh, es una muy agradable excepción a esta última tendencia. Se trata de un libro de divulgación que no rehuye los elementos formales, sino que los presenta de forma simplificada pero completamente rigurosa, sin miedo de dejar caer una fórmula matemática aquí y allá. Además, reduce las alegorías y comparaciones al mínimo, llamando a las cosas por su nombre e identificando claramente lo que son descripciones aproximadas y lo que son conceptos científicos precisos.

El objetivo de The Particle Zoo es servir de introducción al modelo estándar de la física de partículas, la teoría científica que estudia las partículas subatómicas, y lo consigue con creces. El mejor halago que le puedo hacer a esta obra es que con ella he aprendido muchísimo y, aunque evidentemente no he convertido un experto en física de partículas en la semana que he tardado en leerlo, ahora tengo muchísimo más clara la imagen global de ese zoológico de fermiones y bosones que constituye la base de nuestro mundo físico. 

Hesketh mantiene, durante todo el libro, un perfecto equilibrio entre la introducción de conceptos físicos, la explicación de los conceptos históricos en los que se produjeron los avances y descubrimientos principales y la realización práctica de los experimentos que se utilizan para confirmar (o refutar) las predicciones teóricas. Así, tras un breve prólogo que motiva el resto de capítulos, el autor comienza exponiendo el uso de los diagramas de Feynman para la representación de las interacciones entre partículas, un elemento que será fundamental a lo largo de toda la obra.

Poco a poco, se van explorando las tres fuerzas fundamentales que estudia el modelo estándar (la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil) y las distintas partículas asociadas a ellas: quarks, fotones, neutrinos... hasta llegar, por supuesto, al bosón de Higgs. En todos los casos, las explicaciones de Hesketh están estupendamente medidas; el lenguaje es conciso, pero sumamente preciso y muy clarificador. Además, cada nuevo concepto se va apoyando y asentando sobre los anteriores, con lo que el resultado final es tremendamente sólido y está perfectamente cohesionado. En especial, los capítulos dedicados a la fuerza nuclear débil son, sin duda, los mejores que he leído sobre el tema. Confieso que nunca había entendido muy bien su acción y la función de los bosones W, y ahora me ha quedado bastante más claro. 

La única pega que le puedo poner a The Particle Zoo es que en los capítulos finales se traiciona un poco a sí mismo. Si hasta llegar a los neutrinos la tónica predominante había sido la de explicar cada pequeño detalle de forma concisa pero completa, en el último tramo Hesketh comienza a tener un poco más de prisa y opta por ofrecer un panorama a vista de pájaro. El libro pierde entonces un poco de su personalidad y se asemeja a otras muchas obras de divulgación al uso. Es cierto que los temas tratados son mucho más especulativos (la materia oscura o la búsqueda de la super-simetría, por ejemplo), pero la falta de esos detalles que hacían que los conceptos encajaran tan bien unos con otros se nota en demasía. No es que los conceptos estén mal explicados, pero les falta la profundidad de los primeros capítulos.

Aún así, The Particle Zoo es un libro que he disfrutado enormemente y con el que, como decía arriba, he aprendido muchas cosas nuevas. Lo recomiendo a cualquier persona interesada en conocer cómo funciona el mundo subatómico y que no tenga miedo a encontrarse de vez en cuando alguna fórmula matemática y a pararse un ratito a pensar sobre algún concepto un poco más abstracto de lo habitual.       

lunes, 15 de octubre de 2018

Reseña de Vengeful, de V.E. Schwab

Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando The Vengeful One, de Disturbed (Spotify, YouTube)

Parece increíble, pero ya han pasado más de cinco años de la publicación de Vicious, de V.E. Schwab, una de las mejores novelas de superhéroes que he leído. Y aunque el final de la historia deja los acontecimientos claramente preparados para una continuación, durante este tiempo nunca tuve demasiada esperanza de poder llegar a verla, sobre todo porque su autora se embarcó en otros varios proyectos distintos. Por ello, me llevé una sorpresa muy agradable cuando vi anunciado en Twitter que el lanzamiento de Vengeful era inminente. Sorpresa que, por supuesto, pronto dio paso a la incertidumbre: ¿sería esta segunda parte tan buena como la primera?

Me alegra mucho poder decir que Vengeful no sólo es tan buena como Vicious, sino que incluso la supera en varios aspectos. Schwab ha sabido mantener los mejores elementos de la primera novela de la serie, potenciándolos aún más en esta continuación. El resultado es una de las novelas que más he disfrutados en los últimos meses y, muy posiblemente, una de las imprescindibles del año. 

El primer aspecto en el que destaca Vengeful, como ya lo hiciera Vicious, es en los personajes. Unos personajes que se alejan de los clásicos superhéroes del cómic y nos muestran un lado infinitamente más oscuro de la (dudosa) fortuna de poseer poderes sobrehumanos. Schwab sabe presentarlos a todos con admirable profundidad, consiguiendo que resulten tan fascinantes como creíbles y profundizando especialmente en su psicología (que en algunos casos es de lo más retorcida). 

Si en Vicious teníamos a Victor y Eli como principales referentes, en Vengeful la autora incorpora, muy acertadamente, dos nuevas protagonistas que dan muchísimo juego: June y Marcella. De hecho, la novela empieza con un maravilloso capítulo de presentación de esta última y gran parte de la trama gira en torno a ambas. Esto supone un perfecto contrapunto para los capítulos dedicados a Eli y Victor, que además nos presentan aspectos de su personalidad que no pudimos ver en la primera novela y que son de lo más interesante (mención especial para los flashbacks a la infancia de Eli, que son extraordinarios). Si a esto le unimos un buen puñado de personajes secundarios muy bien escogidos, el resultado no puede ser otro que un elenco absolutamente extraordinario (no pun intended). 

La prosa de Schwab sigue siendo excepcional. Con apenas unas pocas frases, es capaz de dibujar completamente una ambientación, de definir magistralmente a un personaje. El tono es, simplemente, perfecto. Oscuro, retorcido, por momentos hasta vicioso, como demandan los personajes y las situaciones. La narración, además, fluye de maravilla. En muchos momentos me sorprendí a mí mismo asintiendo con la cabeza mientras escuchaba el audiolibro, porque, sí, esa era precisamente la frase necesaria en ese momento, la que mejor podía encajar con diferencia.       

La trama se resiente ligeramente de la importancia dada al tratamiento de los personajes y tarda un poco más en arrancar que en Vicious. Además, en la parte dedicada da Victor y Sydney, los continuos cambios de situación en el tiempo pueden llegar a confundir un tanto al lector. Sin embargo, esto constituyen sólo problemas menores en la novela, puesto que una vez que Schwab sitúa convenientemente todas la piezas en el tablero, las tramas empiezan a confluir y todo funciona de manera mucho más dinámica. Además, la ciudad de Merit se convierte en epicentro de toda la acción, una decisión muy acertada, puesto que poco a poco va cobrando una personalidad propia, al estilo de otras famosas ciudades del mundo de los superhéroes. Finalmente, y aunque algunas subtramas se resuelven, la historia queda de nuevo en un to be continued, esta vez incluso más pronunciado que en Vicious, por lo que espero que pasen mucho menos de cinco años antes de que se publique la siguiente entrega si es que quiero que mis uñas sobrevivan hasta entonces.

En resumen, Vengeful es una novela que me ha encantado, como creo que ha quedado de manifiesto. Si ya habéis leído Vicious, no os la podéis perder. Si no, esta nueva novela es una razón más para ponerse al día con esta serie cuanto antes. Además, tendréis una oportunidad inmejorable en marzo del año próximo, puesto que para entonces se ha anunciado la edición de Vicious en castellano con el título de Una obsesión perversa y de la mano de Ediciones Urano.  

lunes, 8 de octubre de 2018

Vídeo: Encuentro literario con Dan Abnett (Celsius 2018)

Hoy tengo el placer de ofreceros la grabación del encuentro literario con Dan Abnett en el que tuve el placer de participar, junto con Diego García Cruz, en el pasado festival Celsius 232. 

¡Espero que os guste!


lunes, 1 de octubre de 2018

Pablo Bueno reseña Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha

Pablo Bueno hoy nos trae la reseña de todo un clásico de la ciencia ficción en español: Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha (tristemente fallecido este año). Espero que os guste y os animéis a buscar esta divertidísima novela, si es que aún no la habéis leído.

Banda sonora de la reseña: Pablo sugiere leer esta reseña escuchando Hoy comamos y bebamos, de Juan del Enzina, en la versión de Jordi Savall (YouTube, Spotify).

La expresión rara avis se utiliza cuando una persona o cosa se considera poco común o tiene alguna característica que la diferencia de las demás de su misma especie. Y, si bien es cierto que se usa con cierta frecuencia, creo que este es uno de esos casos en los que define perfectamente lo que tenemos entre manos.

Comencemos poniendo en contexto la obra: Memorias de un merodeador estelar se publicó en 1995. Hace cuatro días para los que éramos adolescentes en aquellas fechas; hace varias eras de los hombres para los más jóvenes que nos estén leyendo. Hablamos, por tanto, de una época en la que el fandom español ya estaba formado tras dejar atrás unas primeras etapas complicadas, como ya ilustramos aquí.

En aquellos tiempos, el recientemente fallecido Carlos Saiz Cidoncha ya llevaba publicadas un buen puñado de obras (su primera novela data del 78) y se lo consideraba uno de los grandes representantes de la ciencia ficción patria. No solo eso, puesto que fue uno de los creadores de las hispacones, mantuvo durante toda su vida una intensa labor divulgativa sobre el género y la cultura en general y llegó a ser una persona extremadamente culta y formada en muchos y muy diversos ámbitos. Recomiendo encarecidamente echarle un vistazo a su página en la Wikipedia, pues esconde más de una sorpresa.

Pero centremos la mirada en la obra que hoy nos ocupa, puesto que hablar sobre la figura de su autor podría llevarnos horas y, sin duda, no terminaríamos. Repitamos, por tanto, que estamos ante una propuesta realmente sorprendente. La primera descripción que nos viene a la cabeza, y he de decir que en esto no he sido nada original, puesto que es algo que luego he visto escrito por más de uno, es la de que estamos ante una especie de Lazarillo de Tormes llevado al plano espacial de la ciencia ficción.

Esto sucede no solo por las cuestiones profundas que cimentan la narración, como veremos, sino porque Cidoncha realiza un extraordinario trabajo con el lenguaje. Permitan que me detenga un instante más aquí: es de agradecer y, aún más, de quitarse el sombrero, lo que el autor consigue “solo” con el modo de elegir y colocar las palabras, puesto que desde el primer momento dota a su novela de una pátina de antigüedad, de óxido, de vieja gloria que contrasta de un modo delicioso con el lejano futuro en que se ubica y que, como supongo que era su deseo, nos hace inevitable el recuerdo de la novela picaresca clásica española.

Con tal osadía, Cidoncha nos arroja a un futuro lejano en la que una pasada hecatombe acabó con el glorioso imperio galáctico humano del que en esos momentos no quedan sino restos disgregados y en gran medida incomunicados que luchan por sobrevivir o medrar, en algunos casos aupándose unos sobre las cabezas de los otros. Para colmo de males, existen algunas razas alienígenas muy agresivas que complican aún más la situación.

Una de estas ataca el planeta de nuestro protagonista, un todavía muy joven Gabriel Luján que salva la vida solo gracias al coraje de su madre. Esta mujer, además, pronto consigue que admitan a su hijo como novicio del culto imperante en aquel planeta, cuyo panteón parece ser un calco fiel del clásico grecolatino.

Será el propio Luján el que nos vaya desgranando sus memorias desde la primera página. De este modo, conoceremos de primera mano a un granuja cobarde y aprovechado que, sin embargo, alberga un buen corazón y algo de orgullo, cóctel que, en ocasiones, lo lleva por los peores caminos posibles. 
Y es aquí, en los primeros compases de la obra, cuando resulta ineludible la comparación con la famosa novela picaresca que mencionábamos antes. El joven Luján, ingenuo tanto por años como por sus escasas y restringidas vivencias, se encuentra de pronto ante un mundo nuevo de posibilidades y lujos. Y es al calor de estos últimos, y de las promesas de los que vendrán si finalmente es ordenado sacerdote, donde su carácter pícaro, embaucador, inteligente y amante de los trapicheos y los atajos comenzará a desvelarse en todo su esplendor. 

Sin embargo, estas son solo las primeras páginas de la historia, puesto que sus andanzas lo llevarán por muy variados escenarios que no solo nos mostrarán una buena porción del mundo que Cidoncha creó para alojar sus historias, sino que cambiarán el destino y la posición del propio Gabriel de formas sorprendentes.

Y es que, a medida que el libro avanza, las influencias pulp del autor serán más y más evidentes, mostrándonos mundos exuberantes, pasajes llenos de acción y el consabido erotismo seudoamoroso que, quizá, es el elemento que peor ha sumado años en esta obra. Con creces.

Por otra parte, las reflexiones que el protagonista comparte con sus lectores son a menudo deliciosas y lo que, personalmente, más he disfrutado de la novela. Gabriel Luján hace gala de un escepticismo y un humor que más de una vez nos hacen lanzar la carcajada no solo por lo inventivas y agudas que son dichas reflexiones, sino por lo acertado de las mismas. Ante su mirada, los defectos universales del ser humano aparecen cristalinos, tanto da que se observen en planetas poco desarrollados o en otros supuestamente muy avanzados. De este modo, nuestro entrañable héroe atiza por igual al clero, a los poderosos, a los supuestamente píos e incluso al propio egoísmo del que el hombre hace gala, eso sí, a menudo cuando se encuentra en momentos de peligro o privaciones.

Una cuestión menor dentro de la obra, pero que me ha divertido muchísimo, es la multitud de guiños que aparecen en el discurso cuando se rememoran hechos o personajes importantes del pasado remoto de la tierra. Pondré un ejemplo: seguro que todos tenemos en la cabeza el nombre de aquel famoso ladrón de la campiña inglesa que robaba a los ricos para dar a los pobres, ¿verdad? Exacto: Atila.

En conclusión, creo que estamos ante una de esas obras importantes dentro de la historia de la ciencia ficción en castellano. Más de una vez he comentado ya que no debemos dejar caer en el olvido nuestros grandes nombres y las obras que nos legaron y creo que esta merece sin ninguna duda permanecer en la memoria de todos los que amamos la literatura de género; más aún: de todos los que aprecien un personaje capaz de reflexionar y dejar desnuda la naturaleza del hombre de un modo tan divertido como incontestable. No me cabe la menor duda de que un ejemplo similar en lengua inglesa sería habitual en charlas y referencias. Tampoco de que se atesoraría con el mimo y el reconocimiento que merece. Puede que ya sea momento de que nosotros hagamos lo mismo con nuestras pequeñas o grandes joyas patrias.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Antonio Díaz reseña Record of a Spaceborn Few, de Becky Chambers



No cabe duda de que Antonio Díaz es uno de los mayores expertos mundiales en la obra de Becky Chambers, así que quién mejor que él para reseñar la más reciente novela de la autora estadounidense: Record of a Spaceborn Few. ¡Espero que os guste!

Banda sonora de la reseña: Becky Chambers (¡sí, ella misma!) sugiere leer esta reseña escuchando Ghostwriter, de Rjd2 (Spotify, YouTube) 

La más reciente novela de Becky Chambers es Record of a Spaceborn Few. Es, a su vez, la tercera entrega de la serie Wayfarers, a pesar de cuyo título (que recuerda al nombre de la nave de los protagonistas de la primera entrega), no está directamente conectado con los otros libros, de los que no es precuela, intercuela ni secuela. En este caso, ningún personaje de las novelas anteriores hace su aparición, con lo que la separación puede ser incluso más radical.

Record of a Spaceborn Few está situado en la Exodus Fleet, una flota de naves espaciales, residencia de gran parte de la Humanidad, que orbita alrededor de una estrella que las otras potencias alienígenas les han entregado. Los seres humanos somos una especie menor en el juego galáctico, el equivalente a esos emigrantes sin patria que vagan sin rumbo, a los que estados más poderosos han entregado un trocito de espacio, que nadie realmente quiere, en el que vivir.

Chambers se aleja de la estructura más habitual de la space opera para pintar un lienzo con estos Exodans (los humanos espaciales). Ya han pasado varias generaciones desde que tuvieron el primer contacto con los Aeluon, que les cedieron parte de su tecnología y les permitieron sobrevivir y muchas más desde que salimos de la Tierra (un planeta que convirtieron en inhabitable). La gente sigue viviendo en esas enormes naves generacionales, en una estructura social con fuerte influencia socialista: el Estado te proporciona comida, ropa, casa y un trabajo y el dinero no existe. Sin embargo, a pesar del relativo éxito de este sistema (Chambers no se adentra demasiado en el funcionamiento de una sociedad con estas características, aunque sí que insinúa que su pervivencia se debe, en cierto modo, al apego cultural más que a la eficiencia económica) es una vida muy dura (punto que Chambers deja muy claro en el propio prólogo) y no todo el mundo se enfrenta a ella igual.

En Record of a Spaceborn Few tenemos descendientes de humanos de la Exodan Fleet que vuelven a su hogar ancestral con el objetivo de encontrar “su lugar”; jóvenes que desean salir de la flota a cualquier coste; gente incapaz de adaptarse a vivir en el espacio, constantemente al borde de una catástrofe que acabe con ellos; custodios de la cultura ancestral humana cuestionando su objeto e incluso una antropóloga alienígena viviendo entre estos “indígenas”.

Lo que no tenemos es una trama central propiamente dicha, ni aventura, ni nada de acción. Record of a Spaceborn Few es una novela pausada, que no lenta, y que intercala capítulos para mostrarnos diferentes puntos de vista de lo que supone residir en la Exodus Fleet. Un tapiz de impresiones que describe una cultura humana inexistente (en definitiva, no hemos tenido que huir de la Tierra todavía) y, a la vez, muy cercana. Creo que éste es el libro más autobiográfico de Chambers (y diría que el más intimista, pero posiblemente A Closed and Common Orbit gane en este respecto).

Ese estilo tan propio que la caracteriza sigue ahí, directo pero vibrante. Los personajes están magníficamente esbozados y empatizar con ellos resulta inevitable. Éste es, al fin y al cabo, el punto fuerte de Chambers. Sin recurrir al drama barato ni a vaivenes argumentales genera unos maravillosos momentos de comprensión, donde el lector se introduce en la piel de un personaje muy distinto a él, que vive en un entorno imposible y con el que, a pesar de ello, comparte emociones y vivencias.

Me resulta inevitable admitir que la experiencia de leer Record of a Spaceborn Few resulta distinta tras haber tenido la oportunidad de charlar con la propia Chambers (magnifica escritora, mejor persona) durante este pasado Celsius 2018. Dicho esto, me atrevo a afirmar que no es mi libro favorito (de los tres que tiene), posiblemente por esa carencia de motor central. Sin embargo, si al que lea estas líneas le gustó A Closed and Common Orbit, es muy posible que también disfrute éste, con el que comparte bastantes cosas.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Vídeo: Encuentro con Becky Chambers (Celsius 232)

El vídeo de hoy corresponde al encuentro con Becky Chambers que tuvo lugar en el pasado Festival Celsius 232. Participaron en él, además de la autora, nuestro querido colaborador Antonio Díaz y Diego García Cruz. 

¡Que lo disfrutéis!



jueves, 13 de septiembre de 2018

Vídeo: Encuentro con Kim Lakin-Smith (Celsius 2018)

Esta semana os traigo el vídeo del encuentro con la autora Kim Lakin-Smith que tuvo lugar en el pasado Festival Celsius 232. Además de la autora, participan Germán Menéndez y Diego García Cruz.

¡Que lo disfrutéis!