jueves, 17 de octubre de 2013

Los nombres muertos, de Jesús Cañadas


Banda sonora de la reseña: Sugiero leer esta reseña escuchando The Call of Ktulu de Metallica y la San Francisco Symphony Orchestra (Spotify, Youtube).

Tengo que confesar que al escribir esta reseña de Los nombres muertos de Jesús Cañadas me enfrento a sentimientos encontrados. ¿Os acordáis de aquella escena de El club de los poetas muertos en la que un profesor de literatura explicaba que las obras literarias se podían valorar en dos ejes según criterios complementarios? Pues nunca creí que me fuera a pasar, pero me siento un poco así.


Por un lado, la prosa de Cañadas en esta novela me ha fascinado. Me ha encantado su estilo, tanto en la voz del narrador omnisciente como en los diálogos de los distintos personajes (que son unos cuantos), perfectamente distinguibles cada uno de ellos por su forma de expresarse (algo que, por desgracia, no es nada habitual). Tanto me ha gustado la forma de escribir del autor que muchas veces esperaba ansiosamente que se interrumpiera la narración con la siguiente descripción, algo que no recuerdo que me haya pasado antes con ningún libro.

Como muestra de lo que digo, valga el siguiente fragmento:
El estudio en el que se encontraban no era antiguo. No había muebles victorianos en las esquinas acumulando polvo y anécdotas. No había un escritorio de dimensiones mastodónticas junto a la ventana, ni una calavera sobre él, ni una vela sobre la calavera. No se había cometido ningún asesinato allí dentro. No había quinqués mohosos, ni una biblioteca enorme y desordenada. No había perchero que soportase el peso de innumerables gabardinas anacrónicas, que quizá jamás habían sido usadas ni desde luego volverían a usarse. En aquel despacho no había sitio para mayordomos de patillas como muslos de cebra, ni para mesitas de té de tres patas cubiertas de arabescos. No había ni habría nunca pasadizos detrás de las estanterías. Sin embargo, todo aquello estaba de algún modo presente en aquella anodina habitación de la casa en la calle Barnes. El estudio que su amigo se merecía estaba ahí, invisible pero superpuesto a lo que veían sus ojos. Era como si su sola presencia contaminase con el fantasma de otro tiempo la despiadada realidad de un despacho de clase media. Le acompañaba la sombra de la época a la que había decidido pertenecer. 
Con párrafos como este, Jesús Cañadas me ha enamorado totalmente de su prosa. En ese "eje" no puedo menos que ponerle un sobresaliente con todas las letras. Lamentablemente, un libro (y, sobre todo, un libro de este tipo) no es sólo cómo se cuenta, sino también qué se cuenta. Y en ese apartado tengo que decir que no he quedado, ni mucho menos, tan satisfecho. 

Los nombres muertos ha sido descrito por su autor como una novela de aventuras. Partimos ya en desventaja, porque a mí no me suelen gustar las novelas de aventuras. Es más, yo casi clasificaría esta novela como un "thriller de conspiraciones". Una obra, para entendernos, casi más emparentada con El ocho de Katherine Neville (sólo en cuanto a la idea general de la trama; las diferencias en lo demás son abismales a favor de Cañadas) que con una novela de género fantástico. Y ese tipo de obras me suelen interesar más bien poco.

Ese ha sido, pues, mi problema principal con Los nombres muertos y lo que me ha impedido disfrutarlo durante gran parte de la lectura: la historia que cuenta (muy bien) Cañadas nunca ha conseguido interesarme. Como decía más arriba, esperaba con más ganas el siguiente párrafo descriptivo que una nueva escena en la que avanzara la trama. Decía en cierto momento, sólo medio en broma, que esta novela me parecía "El club Dumas escrito por Félix J. Palma después de un chute de gas de la risa" (no blurb intended). La parte en la que se menciona a Palma (y la del gas de la risa) es un halago sincero. La referencia al libro de Reverte, viniendo de mí, no puede serlo por mucho que Cañadas me había predispuesto, con el inicio de la novela, a que me encantara.

En resumen, Los nombres muertos ha supuesto para mí descubrir a un autor con un gran talento y un mayor aún potencial. Un libro que me alegro de haber leído, pero que me ha dejado un claro sabor agridulce. Espero con ganas la siguiente obra de Cañadas, porque me ha parecido una lástima que la historia que cuenta en esta novela no haya conseguido convencerme tanto como su prosa.

Nota: Para una visión más optimista de esta novela recomiendo leer la reseña de Miquel Codony en La Biblioteca de Ilium.

12 comentarios:

  1. A todos nos pasa que a veces nos gusta más el continente que el contenido. En el fondo somos unos superficiales, :-)
    Yo creo que a mí el argumento me convenza (que alguien me ponga una barrita negra sobre los ojos para reconocer que 'El Club Dumas' me gustó). Me interesa Lovecraft como personaje y la ambientación que propone Cañadas me parece sugerente.
    Tengo en el Kindle el 'Baile de los secretos' y la forma de escribir no parecía tan depurada como lo que he visto de 'Los nombres...', además que para mí esa novela tenía el fallo de ser un poco popurrí de demasiadas cosas. La trama se diluía y parecía un elemento secundario (un poco como con 'La corte de los espejos' de Perea), lo que complicaba mucho engancharse al libro. Con esta novela, en cambio, parece que el trabajo de planificación y de documentación han dado sus frutos.

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  2. Si te atrae el tipo de novela en la que hay un objeto misterioso que amenaza al mundo y conspiraciones para hacerse con su poder, creo que Los nombres muertos te gustará, porque es de las buenas en ese apartado. Pero es que a mí es un tipo de trama que no me dice nada :(

    Ahora, Cañadas escribe de maravilla y me interesa mucho seguir su trayectoria, porque tiene un enorme potencial.

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  3. Me quedo con esa sensación "dulce" que te ha quedado. Esperaba vuestros comentarios, aunque algunos habéis ido comentando en privado, y veo que compartís el que Jesús puede ir mucho más allá, por su potencial.

    Veremos ;)

    Fer

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    1. Desde luego, a mi me ha dejado con ganas de leer ese Anochece.

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  4. Es cierto lo que dice Carlos en otro sitio, Elías, que venimos a decir lo mismo pero con grados distintos de entusiasmo. Es lo del pie del que cojea cada uno que he dicho muchas veces y aquello de que no se trata de tener o no razón, si no de dar tus razones. ¡Me gusta!

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    1. Ostrás, a ver si va a ser que la crítica objetiva y perfecta existe en el mundo de las ideas y, nosotros, humildes comentadores, tenemos a veces acceso a su sombra proyectada en la pared de una caverna...

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    2. Yo he pensado eso y casi explota mi cabeza con la radicalidad del concepto.

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    3. ¿Carlos? ¿Razón? Sería la primera vez que ese Hitler frustrado y cagón dice algo con sentido.

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    4. Eso dijo Chamberlain después de la invasión de Polonia. ¿Y qué pasó luego? ¿Eh? Que no se diga que no avisó nadie.

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  5. Tras leer "El baile de los secretos" de Jesús Cañadas me hice jurar que no volvería a leer al mismo autor en la vida. Aquella novela era excesiva en adjetivos, de trama liosa, y muy pesada. El caso es que tenías buenas críticas y piqué.

    Esta vez no. Y reseñas como las de este blog me ratifican. Casi hay que pedir perdón por contar los defectos de un libro patrio, pero es así como se cuida nuestra literatura, depúrándola y recomendando sólo lo bueno.

    Gracias por este blog tan bueno. me encantan sus reseñas.

    Un saludo muy cordial

    MIGUEL ANGEL

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    1. Bueno, mi percepción es muy diferente. La mejoría de la prosa entre El Baile de los Secretos y Los Nombres Muertos es enorme. Este es de los que yo recomiendo sin dudar.

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